Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, ¿te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados,
y los agora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube, envidiosa
aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

Fray Luis de León, Oda XVIII en la Solemnidad de la Ascención 



Solemnidad de la Ascención del Señor

Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a que os llama, cuál la riqueza de la gloria y cuál la riqueza del poder con el que resucitó y sentó a su derecha a Cristo[1].

Este texto de San Pablo a los cristianos de Éfeso puede servirnos para nuestra oración éste domingo en el que la Iglesia celebra la Ascensión del Señor, y es que sólo con el deseo de que nos ilumine podremos acercarnos un poco al misterio que celebramos.

Nuestros ojos que ven tantas cosas, nuestro corazón, que tan fácilmente queda prendido de lo terreno e insustancial, y nuestras preocupaciones y desvelos por los afanes temporales y cotidianos, apenas si dejan un resquicio por donde entre un rayo de luz del cielo. A los que vivimos en la ciudad nos sucede que perdemos la noción de la naturaleza, metidos en el asfalto y en la altura de los grandes edificios, y nos olvidamos de gozar de la contemplación de la belleza serena de una luna llena y espléndida en una noche cubierta con un manto de brillantes estrellas, o del verde del campo.

Este domingo pedimos al Padre que ilumine con las luces poderosas de su Espíritu, nuestra mente adormecida, nuestra sensibilidad espiritual, para que quede maravillada ante el esplendor de Cristo resucitado que sube al cielo. Si Dios Padre nos concede esto que pedimos, saldremos de ésta celebración litúrgica llenos de alegría, con el espíritu renovado y con mayores ganas de trabajar y de testificar que Jesús es el Hijo de Dios que se quedó en cada sagrario del mundo; Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo[2].

Hoy por hoy los cristianos incluso llegamos a pensar que lo que no vemos y tocamos no existe, es la gran tragedia del materialismo y del empirismo, en el cual vivimos sumergidos. Sólo la fe, que nos representa la acción del misterio de la presencia del espíritu en nuestras vidas, en el mundo y en la historia, puede devolvernos la alegría, el estímulo para practicar la virtud, aunque no sea agradecida ni recompensada, y el coraje para enfrentarnos a todas las dificultades y pruebas, incluso la muerte.

El Señor no se ha ido porque estuviera desengañado de nuestra infidelidad, ni porque se hubiera cansado de nuestra torpeza, sino porque su tiempo terreno se había cumplido, y porque ahora ha comenzado nuestro tiempo, el tiempo de la Iglesia. San Lucas narra lo que los dos hombres, con vestidos blancos, han dicho a los apóstoles: ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?[3], como diciendo: "Manos a la obra, muchachos. Yo estoy con vosotros, pero vosotros habéis de estar conmigo. Trabajad y haced el trabajo bien hecho. Aunque, aunque no oigáis mi voz, estad seguros de que yo oigo la vuestra y os respondo sin palabras, y os doy la inspiración en el momento oportuno, la palabra suave y amable cuando os asalte la cólera, la paciencia para seguir atendiendo a ese enfermo, la fortaleza en el aciago momento de la tentación, el discernimiento, para decidiros por lo que vale, y la fortaleza para seguir cargando con vuestra cruz. Después estaréis contentos, gozaréis de la victoria sin acordaros del sudor de la lucha, y experimentaréis que, aún viviendo en la tierra, os participo ya los bienes del cielo. ¿Qué otra cosa, sino voy a hacer ahora, al partir el pan resucitado, que es mi cuerpo glorioso, y al daros a beber mi sangre derramada, que haceros partícipes de mi cielo, que yo os compré con mi muerte cruel, humillante y amarga y con la resurrección con que el Padre me ha glorificado, sentándome a Su derecha?”.

Éste domingo pues, solemnidad de la Asunción, repitamos con alegría y unamos nuestro corazón al del salmista: Dios asciende entre aclamaciones; pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo[4]. Pidamos a Dios que nos conceda el deseo vivo de estar junto a Cristo y para siempre ■


[1] Cfr Efe 1,3
[2] Cfr Mt 28,20
[3] Cfr Hch 1,1
[4] Cfr Sal 46

New-old-ideas

El hombre debe acostumbrarse a no buscar ni desear lo suyo en nada sino que [ha de] encontrar y aprehender a Dios en todas las cosas. Porque Dios no otorga ningún don —y nunca lo otorgó— para que uno posea el don y descanse en él. Antes bien, todos los dones que Él otorgó alguna vez en el cielo y en la tierra, los dio solamente con la finalidad de poder dar un solo don: éste es Él mismo. Con todos esos dones sólo quiere prepararnos para [recibir] el don que es Él mismo; y todas las obras que Dios haya hecho alguna vez en el cielo y en la tierra, las hizo únicamente para poder hacer una sola obra, es decir, para que Él se haga feliz a fin de poder hacernos felices a nosotros. 

Por lo tanto digo: Debemos aprender a contemplar a Dios en todos los dones y obras, y no hemos de contentarnos con nada ni detenernos en nada. Para nosotros no existe en esta vida ningún detenerse en modo alguno de ser, y nunca lo hubo para hombre alguno por más lejos que hubiera llegado. Antes que nada, el hombre debe mantenerse orientado, en todo momento, hacia los dones divinos y [esto] cada vez de nuevo Meister Eckhart [1].


[1] Eckhart de Hochheim O.P. (Turingia, c. 1260 – c. 1328), más conocido como Maestro Eckhart (en alemán: Meister Eckhart). Dominico alemán, conocido por su obra como teólogo y filósofo y por sus visiones místicas. Meister en reconocimiento a los títulos académicos obtenidos durante su estancia en la Universidad de París. Fue el primero de los místicos renanos. Estudió teología en Erfurt, luego en Colonia y en París. Enseñó en esa última universidad, y administró la Provincia Teutónica de los dominicos y luego fue prior en Erfurt.

VISUAL THEOLOGY


Double-Arm Reliquary Cross, The Cleveland Museum of Art, purchase from the J. H. Wade Fund ■ Mounted on a small globe and decorated on its front and back with strips of twisted wire molding, this elegant double-arm gold cross shares a number of decorative features with a group of silver crosses that can be attributed to a leading goldsmith workshop in the Latin Kingdom of Jerusalem during the twelfth century. Robbed of its relic content, the front of this cross now reveals a double-cruciform cavity in the center and three round openings at the bottom end of the vertical and the terminal ends of the larger horizontal cross arm, respectively. These cavities once contained fragments of four of the most important relics of Christ's Passion, namely, a portion of the True Cross, a piece of Christ's sudarium (the cloth that wrapped his head at the Crucifixion [John 20:6–7]), and fragments of the reed staff and sponge used by Christ's tormentors to mock him and give him vinegar for his thirst during the Crucifixion. The identity and the placement of these relics in the cross are confirmed by accompanying inscriptions on the reverse, a practice that can be observed in both East and West from the sixth century onward. While the distribution of relics of the True Cross and other Holy Land relics is attested for the Latin kings and patriarchs of Jerusalem on various occasions during the twelfth century, the presence of relics of the Holy Sponge, reed, and sudarium is somewhat unusual, as these relics of Christ's Passion are known to have been kept among the relic treasures of the Pharos Church, located inside the imperial palace at Constantinople. If the Cleveland reliquary cross was indeed created before 1204, as art historical evidence indicates, and if its inscription and relic content were not added later, the cross's original owner must have been among the most powerful and influential figures in the Latin Kingdom of Jerusalem. Such an assumption is further supported by the artist's choice of gold as the material for this reliquary cross. Inscribed: on the reverse: EC(C)E · LIGNVM : VIVI : FIC(A)E CRVCIS; at base: SVDARIVM DEI; at the ends of main cross arm: ARVNDO DEI; SPONGIA D(E)I. (Behold the Wood of the life-giving Cross: sudarium of the Lord: staff of the Lord: sponge of the Lord) ■

Solemnity of the Ascension of the Lord

Today’s Gospel is the conclusion of the Gospel of Matthew, my favorite passage in scripture. I love the last line which is really the theme of the entire Gospel, Know that I am with you always.

The Gospel takes place on a mountain. The eleven disciples are there, Judas replacement, Matthias, had not yet been chosen. So just eleven disciples were there, and Our Lord. Jesus was there, but some still doubted. I find it strangely comforting that some of the disciples doubted. They were with Jesus when He told them He would suffer, die and rise again. They experienced His presence after the resurrection. Yet, some still doubted. I find that strangely comforting because if these people could doubt after all their experiences of the Lord, then there is nothing wrong with me or my faith when I have questions and doubts. I am only acting like a human being.

Every year on the Sunday after Easter, we have the Gospel of Doubting Thomas, and every year I use this as an opportunity to tackle the quandary of doubting, whether it be questioning the statement of beliefs, or the very presence of God in times of trial in our lives. Today I want to focus briefly in on what we do with our doubts.

Many people simply give up. In fact, we are all inclined to do that. We have doubts, and then we are confronted with a choice: do I just give up on God or the Church or do I use this as an occasion to delve deeper into my faith? Let me give you some practical examples: Many times Catholics will hear the anti-Catholic elements of the media, or the pseudo intellectuals say that the Church has some position or other which is difficult to comprehend. Usually the people making these statements do not know what they are talking about or what Catholics are called to believe. For example, you will hear them say that the Church is against gays. That is not true. The Catholic Church is not against gays. Nor is it against the rights of people in loving and caring relationships to care for their loved ones in hospitals, etc.  The Church is against gay marriage when marriage is seen as a relationship that includes a sexual dimension. There are many chase homosexual men and women caring for others as true Christians. Now, my point is this: A person hears the report in the media, or hears some classmate, teacher or professor say that Catholics are against gays, and then, rightly so, the Catholic has questions or even doubts regarding the faith. How does he or she handle these questions? Sometimes people just give up and dismiss the faith or leave it rather than delve deeper into the answers the particular question presents. But those people who use their doubts to plunge into the depths of the faith actually grow in their faith. They read and study and learn that when the Church speaks about marriage it speaks about the union of body and soul. Therefore the Church would not foster the concept of marriage between homosexuals. But it would encourage gay Catholics to practice their faith and grow in their faith by being loving and supporting to each other. That is quite a bit different than what the pseudo intellectual is saying. If we just dismiss the Church without learning what the teachings really are, we would not come to the deeper meaning of the faith.

In the areas of respect life, most Catholics recognize the right of a baby to be born, not killed inside the mother. Catholics know that the mother does not have a choice to end the unique life within her, regardless of how that life was conceived or her own present condition in life, for example, being a teenager. But some Catholics will drop the faith when they hear that the Church is against capital punishment. Others will drop the faith if they hear that Catholics are against using embryonic stem cells for research. Both are missing an opportunity to grow in the faith. Our firm determination to support life, to respect life, has to be, as the great Cardinal Joseph Bernardin wrote, a seamless garment applied to life at all stages of existence[1]. Therefore, we cannot say that we respect all life, but support putting someone to death. That doesn’t make any sense. We are not saying that the child killer should ever be free to terrorize society again, but we are saying that a Christian does not reduce himself or herself to the level of the killer by murdering the criminal under the sanitary term capital punishment. So also, we are not against stem cell research or even using stem cells, provided that a life is not eliminated to harvest the stem cells. The Church is not just in favor of this, it encourages this. It wants us to donate blood, bone marrow, even organs, as acts of charity. What the Church is against is killing a life to harvest its cells in the case of embryonic stem cell research or its organs in the case of human cloning. This is what I mean when I say that doubts can lead to a deeper understanding of the faith.

Catholicism is a deep, yet practical faith. It is such a shame that so many people’s knowledge of their faith is that of the second grader making first Holy Communion, or even that of the high school freshman making confirmation. We need to learn about our faith, and then take that knowledge to others.

Men and women of Galilee, why are you looking up? The angel said in the first reading.  Don’t look in the sky. And stop contemplating your navel. No, get to work. Others need to know about the heights and depths of God’s working in our lives.

We need to take God to the schools, to the work places, to our families. The world has questions. Some of these questions are profound. Yes, ultimately, Jesus is the answer. But to understand Jesus means that we have to learn our faith and bring our knowledge to others.

Know that I am with you always. The Solemnity of the Ascension is a call for us to tell the world that Jesus is still with us. His presence can be found in the answers to our questions. We are called today to Tell the World that Jesus Lives[2]


[1] Joseph Louis Bernardin (originally Bernardini) (April 2, 1928–November 14, 1996) was an American Cardinal of the Catholic Church. He served as Archbishop of Chicago from 1982 until his death, and was elevated to the cardinalate in 1983.
[2] Hillsong United, © 2011 CCLI Inc.# 2368115 All rights reserved


El amor es más fuerte que la muerte
y tu cuerpo viviente lo proclama;
tú traspasas, Señor, lo que fenece,
desde siempre y por siempre tú nos amas.

Por tu amor, oh Jesús, eternos somos,
del amor increado das tu gracia;
convocados por ti, por ti vivimos,
del amor que te sacia tú nos sacias.

Oh Jesús Nazareno y peregrino
de la humana y doliente caravana,
del dolor te levantas y nos muestras,
cual trofeo de amor, tus santas llagas.

Oh pasión amorosa que es saeta,
oh sediento deseo que no calla,
reposad en el cuerpo sacrosanto
del que ofrece el abrazo de llegada.

Es más grande que el tiempo y el espacio
el amor que en Jesús es nuestra alianza;
por tu amor se crearon cielo y tierra,
por amor del que es Hijo en carne humana.

Esta ofrenda de amor recibe, oh Cristo,
de la Iglesia, tu esposa bienamada;
para ti nuestro gozo y alabanza
en la espera de verte cara a cara. Amén  

R. M. Grández, capuchino, Barcelona 1990. 

VI Domingo de Pascua (A)

Para comprender o, mejor dicho, para cuidadosamente a las palabras del Señor en el evangelio de éste domingo es necesario entender bien el término mandamientos. No se trata solamente de normas, leyes, prescripciones, prohibiciones. Es necesario superar una visión meramente legalista y jurídica y dar a la palabra mandamientos el sentido más amplio de enseñanzas. Se trata, en efecto, de la enseñanza de Jesús en su conjunto. No es una lista de rígidas disposiciones legalistas sino un mensaje. No es un código sino un evangelio. Y es precisamente este evangelio el que es acogido como palabra de Dios, y observado para convertirlo luego en conducta[1].

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama. Al que me ama, lo amará mi Padre. De estas frases justamente brota la figura del cristiano. No estamos obligados a llevar pesos y a someternos a un yugo opresor, sino que recibimos la invitación para unirnos a una comunión de vida en una lógica de amor. Cristiano es, sobre todo, alguien que sabe que es amado por Dios. Así, sin más. Él ama porque su naturaleza es amor, y basta. Este es el motivo en que se inspira Jesús cuando busca a los que están perdidos, frecuenta a los publicanos y pecadores; una conducta inexplicable e injustificada desde el punto de vista de la ley[2].

En la actitud del Señor –en toda su vida- podemos ver un amor que no se deja determinar por el valor de su objeto, sino solamente por la propia naturaleza divina. Un amor motivado es un amor humano. Un amor sin motivo es divino. Dios ama al pecador no a causa del pecado, sino a pesar del pecado. Poco a poco hemos de comprender que el amor de Dios no se mide por los límites del comportamiento: Él hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos[3].

Nos podemos engañar pensando que amamos a Dios, viviendo en lo abstracto, en la zona vaga del sentimiento, o también nos podemos contentar con las palabras, con un “te encomiendo”. Ciertamente no existe un instrumento capaz de medir la intensidad de nuestro amor a Dios, sin embargo la verificación más segura, y más comprometida se cumple mediante la caridad hacia el prójimo: aquí no existe incertidumbre. Este es el campo en que no sólo nosotros, sino también los demás, pueden controlar si amamos de verdad a Dios, de otra manera, nuestra vida estaría bajo la enseña de la mentira. Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso[4].

Jesús vive y está activo en los sacramentos: ¿Cómo los recibimos? ¿Somos conscientes, al administrarlos, que Jesús actúa en nuestras acciones? ¿Nos sentimos tocados por la gracia de Dios?

Jesús vive y habla en su palabra: ¿Cómo escuchamos el evangelio? ¿Cómo hubiéramos escuchado a Jesús en aquel tiempo...? ¿Leemos con asiduidad el evangelio? ¿Qué hacemos para que se trasluzca en nuestra vida y obras?

Jesús vive y está en la comunidad: ¿Somos comunidad? ¿Qué es lo que tenemos en común? ¿Nos sentimos unidos en la fe, en la esperanza y en el amor? ¿Estamos disponibles para trabajar por nuestra comunidad? ¿O tenemos tantas obligaciones que no nos queda tiempo para convivir y compartir con los hermanos de la parroquia?

Jesús vive y está en los pobres y en los enfermos: ¿Lo atendemos? ¿Nos olvidamos? ¿Lo esquivamos? Muchas preguntas, pues, para éste domingo en el que la Iglesia se comienza ya a preparar a la fiesta del Espíritu Santo ■


[1] A. Pronzato, El pan del Domingo, ciclo A, Edit. Sígueme, Salamanca 1986, p. 93 ss.
[2] Cfr Mt 9, 10-12.
[3] Id 5, 45.
[4] 1Jn 4, 19

New-old-ideas

Los capítulos 11 a 23 del libro de La Vida de Santa Teresa de Jesús son un tratado de oración clásico y único, donde compara los niveles de oración con cuatro formas de regar un huerto. Las flores que este dará son las virtudes:

1.- Riego acarreando el agua con cubos desde un pozo. Corresponde con la oración mental, interior o meditativa, que es un discurso intelectual sin repetición de oraciones aprendidas. Se trata de recoger el pensamiento en el silencio, y evitar las continuas distracciones. La definición de Teresa de oración mental está recogida en el Catecismo de la Iglesia católica: “…que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.” (Vida, 8, 5). Es la etapa que más esfuerzo personal requiere para tomar la decisión de iniciar este camino.

2.- Riego trasegándola con una noria. Oración de quietud: también llamada contemplativa. La memoria, la imaginación y razón experimentan un recogimiento grande, aunque persisten las distracciones ahonda la concentración y la serenidad. El esfuerzo sigue siendo personal, se comienza a gustar de los frutos de la oración, lo que nos anima a perseverar.

3.- Riego con canales desde una acequia. Oración de unión: El esfuerzo personal del orante es ya muy pequeño: memoria, imaginación y razón son absorbidas por un intenso sentimiento de amor y sosiego: “El gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado.” (Vida 16,1)

4.- Riego con la lluvia que viene del cielo. Éxtasis o arrobamiento: Se pierde el contacto con el mundo por los sentimientos. “Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza“ (Vida 18, 1), se pierde incluso la sensación de estar en el cuerpo y cualquier posible control sobre lo que nos acontece. Corresponden con las descripciones de levitación.

En el libro Camino de Perfección (también llamado el Castillo Interior o Las Moradas) detalla las etapas de la oración en 7 pasos. Describiendo el alma como un castillo de cristal o diamante al que se entra por medio de la oración y en el que se van recorriendo diversas moradas. Teresa insiste en perseverar en la oración con humildad frente a Dios sin exigir o buscar experiencias sobrenaturales: “…importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo está más alto…” (Camino de Perfección 27,2). O dicho de otra forma: “El verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le llevare el Señor" (Camino de Perfección 15, 2).

VISUAL THEOLOGY


Madonna and Child, Bernardino dei Conti (Italian, Milanese, 1496–1522), Oil on wood Overall, with additions, (40.3 x 30.5 cm); Metropolitan Museum of Art (new York) ■ The Jack and Belle Linsky Collection, 1982 (1982.60.7)The panel, which has a slight concave warp, is backed with Masonite. It has probably been thinned and cut down. There are a number of minor losses, and the drawing has been reinforced in places. However, the most serious factor is the general lack of crispness and loss of such details as the veil over the Virgin's right hand, which is attributable to a combination of abrasion and solvent action. [from Ref. Christiansen 1984]. Franco Moro, in "Sembrare e non essere: i falsi nell'arte e nella civiltà," eds. Mark Jones and Mario Spanol (Milan, 1993), pp. 218–21, does not specifically mention the MMA picture, but identifies the author of the group of paintings to which it belongs as a forger of the early nineteenth century. 

Sixth Sunday of Easter (A)


Draw much attention or at least to me it is noteworthy that contemporary art is dark and gloomy. When I leave a museum I usually have the feeling that I didn’t just kill and hour, I bludgeoned it to death. So many of the exhibits are black, dismal, and hopeless. I leave the museum asking myself, “Why are these people so negative? How is it that they cannot see anything worthwhile in the world around them?”[1].

I have to ask myself similar questions when I come upon people mired in the Goth culture or even some of those into Heavy Metal. Why do they exalt the macabre? Why do they see life as dark and morbid? Is it simply to be different from everyone else? Probably. But they also may be externalizing a fear that so many people have, the fear that life is too difficult to imagine. All this negativity, including that expressed by so many contemporary artists, is not all that new at all. The negativity expresses the reality of those who live without hope. For them life is frustrating. For them, the best that can be hoped for is here and now. “Life is imperfect. We are all imperfect, “they would point out. Their basic attitude is paraphrased by that nasty saying, “Life is difficult, and then we die.”

This is not the attitude of the Christian. Even when faced with the most horrible challenges the world can offer, the Christian is not hopeless. In the second reading for this Sunday, the first pope, St. Peter, speaks about the reason for our hope. Christians, then and now are counter cultural. We do not embrace the malaise of a meaningless life. St. Peter tells us that we should not be afraid to give anyone who asks the reason for our hope. Our hope is in Jesus Christ who cares for each of us personally, who understands our struggles better than we understand them, and who brings joy and peace to our lives even when life becomes difficult.

Today’s readings speak about joy. There is the joy that new Christians in Samaria had after they were baptized by Philip. There is the joy that St. Peter tells us is the reason for our hope. There is the joy that Jesus says comes from the Love of the Father.

We Christians are truly eternal optimists. We may be dying of cancer, we may be in difficult family situations, strained relationships, financially hurting, what have you, but no matter what the situation, we know that if we are true to Christ, He will always be the source of our joy.

We live for the Lord.  We die for the Lord.

That is authentic Christian life ■


[1] Sunday 29th May, 2011, 6th Sunday of Easter. W. Acts 8:5‑8, 14-17. Let all the earth cry out to God with joy—Ps 65(66):1-7, 16, 20. 1 Peter 3:15-18. John 14:15-21.

No se apagó tu recuerdo
perdido en la sepultura,
no te fuiste sin retorno,
muerto, por la senda oscura.

El manto de muchos siglos
no ha velado tu figura,
el olvido de los hombres
no ha olvidado tu hermosura.

Eres con ojos eternos
vida y sol desde la altura;
tu rostro cubre la tierra,
es paz en la guerra dura.

Eres presencia y banquete,
amor que por siempre dura,
eres lo que el hombre ansía,
Jesús de mi raza pura.

Oh Viviente de los mundos,
métenos por la hendidura
de la casa de tu pecho,
cielo de tus criaturas.

Oh Cristo, Flor de la tierra,
rocío, gracia, ternura,
con cantos te bendecimos,
danos la gloria futura. Amén
R. M. Grández , capuchino. 

V Domingo de Pascua (A)

Eugène Ionesco declaraba hace no mucho tiempo: “El mundo ha perdido su rumbo, no porque falten ideologías orientadoras, sino porque no conducen a ninguna parte. En la jaula de su planeta los hombres se mueven en círculo porque han olvidado que se puede mirar al cielo... Como solamente queremos vivir, se nos ha hecho imposible vivir. ¡Miren Vds. a su alrededor!”[1] Y el Arnold J. Toynbee confesaba: "Estoy convencido de que ni la ciencia ni la técnica pueden satisfacer las necesidades espirituales a las que todas las grandes religiones quieren atender. La ciencia no ha suplido nunca a la religión, y confío que no la suplirá nunca. ¿Cómo podemos llegar a una paz duradera y verdadera? Estoy seguro de que para la paz verdadera y permanente es condición imprescindible una revolución religiosa. Tengo para mí que ésta es la única clave para la paz. Hasta que lo consigamos, la supervivencia del género humano seguirá puesta en duda”[2].

Es decir, que en este mundo tan tecnificado y consumista, tan racional y seguro, quedan todavía por llenar las grandes cavernas del corazón humano donde habita la necesidad de la paz, de la bondad, del amor y la justicia, de la felicidad verdadera, aumenta sí, la ciencia y la racionalidad, la técnica y los bienes, las riquezas..., pero disminuye cada vez más el sentido y la felicidad de los hombres. La necesidad de Dios, de algo que esté más allá de los bienes y de las cosas, de los trabajos y del placer, sigue viva en el hombre del s. XX con idéntica o mayor fuerza que en el hombre primitivo e inculto de las cavernas.

Muchos ateos convencidos y militantes, no han logrado nunca sacudirse de encima el problema de Dios. Feuerbach y Nietzsche, quienes por la proclamación pública de su ateísmo se creyeron más liberados que nadie, permanecieron hasta el final de sus días anclados en el problema de la religión. La utopía que Marx anunciara de la total "extinción" de la religión tras el proceso revolucionario ha sido desmentida por la misma evolución de los estados socialistas.

La religión no es una ética, una moral, una teoría, una costumbre, un conjunto de ritos o prácticas religiosas, o de normas. Lo religioso es una dimensión del hombre. La religión es la dimensión de profundidad del hombre, ese último reducto donde se debaten las opciones profundas ante la vida y la existencia.

Todos nos preguntamos: ¿Por qué la vida? ¿Por qué la muerte? ¿Por qué el amor y el egoísmo, la paz y el odio, la calma y la violencia, el hambre, la injusticia, la opresión, el dolor, el tiempo, la enfermedad, la vejez, la soledad, la frustración...? ¿Por qué? Sin embargo, hace dos mil años, un hombre nació en un lugar oscuro de Palestina y murió a los 33 años clavado en una cruz. Se llamaba Jesús. Muchos han dicho que era un iluso o un impostor. Sin embargo, mil millones de hombres creemos en él. Creemos que fue un hombre nacido de mujer, pero creemos también que era Dios, el Hijo de Dios, que apareció entre nosotros suscitado por Dios para revelarnos su misterio, que es el nuestro. Murió, pero resucitó. Por eso, no sólo vivió, sino que sigue vivo, en un modo de existencia que nosotros también tendremos más allá de la muerte y de este cuerpo frágil. Muchos creemos en él porque en él hemos encontrado personalmente el Camino, la Verdad, la Vida[3]. En él hallamos una respuesta a las preguntas esenciales del hombre, que nos satisface más que cualquier otra respuesta balbuciente que se haya aventurado en la historia de todos los pueblos.

Millones de hombres preguntan. Jesucristo es la respuesta. Haberla hallado personalmente -y no otra cosa-, eso es ser cristiano. Transmitir esa noticia a todos los hombres -lejanos y cercanos- eso es la Misión. Y la Misión comienza por nosotros mismos, en la medida en que nuestra propia vida nos manifiesta que en Jesucristo hemos encontrado realmente la solución de nuestras preguntas y un sentido nuevo y gozoso para nuestra existencia ■


[1] Eugène Ionesco (en rumano Eugen Ionescu) 1909-1994), fue dramaturgo y escritor francés de origen rumano, elegido miembro de la Academia francesa el 22 de enero de 1970 y uno de los principales dramaturgos del teatro del absurdo.
[2] Historiador británico que escribió una ingente cantidad de obras. Su obra más reconocida e influyente es, sin duda, Estudio de la Historia (A Study of History, doce volúmenes escritos entre 1934 y 1961) donde describe y aplica su concepto de desarrollo de las civilizaciones, otra obra en la que también se aplica su concepto es en "La civilización puesta a prueba".
[3] Jn 14, 6.

New-old-ideas


En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.[1]  
San Juan de la Cruz (1542-1591)



[1] Con el paso de los siglos, los cristianos habíamos olvidado nuestra riquísima tradición contemplativa. Desde Moisés hasta el evangelista san Juan, desde san Pablo hasta Santa Teresa, desde el Maestro Eckhart hasta Charles de Foucauld, el Judeo-cristianismo ha suscitado grandes místicos, que nutren su oración en la contemplación de la Palabra.Sí, Dios no sólo ha pronunciado su Palabra para crearnos, sino que también la envío a la tierra, para comunicársenos El mismo. Y en su Palabra hecha carne, logra unir, en la persona de Jesucristo, la naturaleza divina y la humana. Y esta conjunción maravillosa de lo humano y lo divino, es un símbolo de lo que buscamos por medio de la oración contemplativa.En efecto, la contemplación -especialmente cuando es infusa o mística- nos permite imitar a nivel ontológico a Jesucristo. Ya no intentamos repetir tal o cual rasgo de su comportamiento. Ni siquiera nos limitamos a identificarnos afectivamente con él.  Más bien, con la contemplación, que Dios nos regala gratuitamente, buscamos cambiar nuestro ser, mediante la unión más estrecha posible con el Padre, por Cristo y en el Espíritu Santo. De esa manera nos integramos, también al máximo, con la Comunidad de amor, de la que procede toda familia, los grupos, las sociedades y la humanidad entera. Mediante la contemplación nos acercamos al Dios que quiere salvar y santificara¡ hombre en grupo y formando un pueblo. Es así como tenemos probabilidades mayores de lograr el éxito en la imitación de Cristo. En especial, si nos proponemos crecer como personas en el seno de una comunidad. Más aún, si deseamos aprovechar la mediación de¡ grupo para unirnos con el Dios, que es una comunidad de tres Personas en la unidad del amor.Pero, aparte de que la contemplación y la dinámica de grupo se complementan mutuamente, conviene tener presente que, cada una por su lado, representan una riqueza enorme.Tal como hemos visto previamente, el grupo posee una capacidad terapéutica natural. Basta con mantener un clima de libertad y de comunicación abierta entre los participantes.Por otro lado, también la oración contemplativa se va demostrando -de acuerdo a las investigaciones contemporáneas-, no sólo terapéutica a nivel psicológico, sino también en la dimensión corporal de los seres humanos.Así pues, la conclusión de este ensayo la puede sacar el lector en el terreno de la praxis. Sólo practicando la oración contemplativa, en el seno de una comunidad, llegará a terminar el proceso interno que el Señor, mucho antes de que yo escribiera estas páginas, ha suscitado en el corazón de cada hombre a partir de su mismo nacimiento. Desde entonces nos invita a cada uno a aprender el contacto contemplativo con El y el compromiso amoroso con el prójimo.Y es seguro que hoy día, cuando su Iglesia va al núcleo de su misión con la nueva evangelización, intensifique esa invitación. Pues El sabe que necesitamos vivir y profundizar cada día más lo que predicamos. Sobre todo, si queremos evangelizar la cultura o culturas de nuestro tiempo 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris