¡Viva Cristo Rey!


Tú reinarás, este es el grito
que ardiente exhalan nuestra fe
Tú reinarás, oh Rey Bendito
pues tú dijiste ¡Reinaré!

Reine Jesús por siempre
Reine su corazón
en nuestra patria,
en nuestro suelo
que es de María
la nación

Tu reinarás, dulce esperanza,
que el alma llena de placer;
habrá por fin paz y bonanza,
felicidad habrá doquier

Tu reinarás en este suelo,
te prometemos nuestro amor,
Oh buen Jesús, danos consuelo
en este valle de dolor

Tú reinarás, Reina y ahora,
en esta casa y población
ten compasión del que implora
y acude a ti en la aflicción.

Tú reinarás toda la vida
trabajaremos con gran fe
en realizar y ver cumplida

la gran promesa: ¡Reinaré! •

¡Gracias!


Dice el libro del Eclesiastés que

hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para
cada suceso bajo el cielo:
tiempo de nacer, y tiempo de morir;
tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar, y tiempo de curar;
tiempo de derribar, y tiempo de edificar;
tiempo de llorar, y tiempo de reír;
tiempo de lamentarse, y tiempo de bailar;
tiempo de buscar, y tiempo de dar por perdido;
tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
tiempo de rasgar, y tiempo de coser;
tiempo de callar, y tiempo de hablar;
tiempo de amar, y tiempo de odiar;
tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Con éste envío del último domingo del tiempo ordinario termina un ciclo y llega el tiempo de guardar silencio y meditar, un tiempo de volver sobre la Palabra de Dios, pero en silencio. Estos sencillos envíos semanales empezaron allá por Agosto del año 2007 y terminan hoy con el que nos prepara para la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo el año del Señor del 2015. Fueron ocho años de caminar juntos domingo a domingo, de acercarnos juntos a la Palabra de Dios, a la Tradición de la Iglesia, al arte cristiano y a los maestros de espiritualidad.  Mina de Olloqui es la primera que aparece en la lista, y Alex Altamirano el último (¡y porque cambió de correo!), entre ellos dos están todos ustedes: con cada uno y sus familias tengo una historia, una amistad y muchos recuerdos. A todos les agradezco su paciencia y su oración en éstos años ¡el Señor sabe cuánto nos sostiene a los sacerdotes la oración de los amigos! El blog (http://ideasueltas-father.blogspot.com) seguirá activo un tiempo más, quizá dé paso a otro proyecto, quizá no, quizá, como todo en esta vida, desaparezca; en realidad el único que permanece –y esto es lo que verdaderamente importa-  es el Señor, a Él toda la gloria y todo el honor por los siglos de los siglos.  Un abrazo muy fuerte y muy cariñoso para todos,

Fader

Sí, así con d. Fue hace muchos años (dieciséis más menos) que mi tío Ismael (q.e.p.d) me empezó a llamar así –father- y luego fue Claudia, la esposa de mi gran amigo Roberto, quien le puso la d, y así, fader, hasta el sol de hoy •

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo (2015)

Finaliza el ciclo litúrgico y el siguiente domingo –el primero de Adviento- vuelve a comenzar un ciclo nuevo. De la mano de la liturgia hemos hecho un largo recorrido que inició en el Adviento del año pasado (30 de Noviembre, 2014), y nos puso en una actitud expectante ante un Cristo que venía y viene nuevamente a cumplir nuestras esperanzas. En la solemnidad de la Navidad la liturgia nos llevó a ver al Señor hecho niño, para que surgiera de nuestro corazón la fibra más sensible y le diéramos acogida tanto a Él como al hermano necesitado. Durante el llamado Tiempo Ordinario –que empezó el 11 de Enero con la fiesta del Bautismo del Señor- a través de la lectura del evangelio dominical fuimos testigos de los hechos y palabras más relevantes de la vida pública del Señor. Éste año litúrgico, a través de los ojos y las palabras de san Marcos[1] vimos y oímos la vida de Jesús a quien el mismo autor sagrado presenta así al comienzo de su evangelio: Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios[2].  

La liturgia del Triduo Pascual, que celebramos en la primera semana de Abril, nos invitó a meditar en la pasión muerte y resurrección del Señor, y en la cincuentena pascual a vibrar con la certeza de que su vida de resucitado se nos ha entregado sacramentalmente para que, también en nosotros, ni la muerte ni el pecado tengan la última palabra, ¡qué gran maestra es la liturgia, qué agradecidos deberíamos estarle y cuán necesario se hace el silencio para entenderle!

Uno de los signos más importantes de la liturgia cristiana es el silencio. No se trata de un silencio cualquiera, sino de un silencio sagrado. Romano Guardini lo describió así: «Si alguien me preguntase dónde comienza la vida litúrgica, yo respondería: con el aprendizaje del silencio. Sin él, todo carece de seriedad y es vano…; este silencio… es condición primera de toda acción sagrada»[3].

El silencio no se puede entender sin su polo opuesto, el hablar. El silencio sólo se puede dar en aquél que puede hablar. Los animales emiten sonidos pero no hablan, por eso en ellos no puede haber silencio. Esto indica que el silencio no es ausencia de sonidos sino una “no palabra”. «Sólo puede hablar con pleno sentido quien también puede callar; si no, desbarra. Callar adecuadamente sólo puede hacerlo quien también es capaz de hablar. De otro modo es mudo». Es necesario recuperar el silencio para recuperar la palabra, porque de la tensión entre ambos se engendra la verdad, esa misma verdad sobre la que pregunta Pilatos a Jesús[4].

De la liturgia esperamos precisamente esto, que nos ofrezca el silencio activo en el que encontremos a Dios y nos encontremos a nosotros mismos. Por eso el silencio no es un gesto sino un signo. El silencio en la liturgia lo envuelve todo, lo tamiza todo. Aun así, dentro de este ambiente de “silencio” que lo envuelve todo, en la liturgia hay dos breves momentos de silencio importantes: el que sigue a la homilía (cuántas veces el sacerdote termina la homilía y comienza a rezar el Credo de camino a la sede…) y el que sigue a la Comunión. Éste es el más significativo y útil ya que es un momento privilegiado de adoración íntima, de encuentro con el Cristo que se nos da en la Palabra y en su Cuerpo. En este momento de la celebración está todo dicho, ya no hay más palabras: Cristo se nos ha dado y se ha obrado el milagro de su consagración, aquí sólo cabe la actitud que expresa santo Tomás de Aquino en el Pange lingua: «Que la lengua humana cante este misterio… Dudan los sentidos y el entendimiento, que la fe lo supla con asentimiento… Himnos de alabanza, bendición y obsequio…»[5]



[1] La Sagrada Escritura ha sido dividida, desde el Concilio Vaticano II, en tres ciclos completos de lecturas, de tal manera que quien asistiera a Misa todos los días, durante tres años seguidos, conseguiría escuchar casi toda la Palabra de Dios.
[2] 1, 1.
[3] Romano Guardini (1885- 1968) fue un autor, académico, sacerdote católico y teólogo italiano.
[4] A. L. Martínez, Semanario Iglesia en camino, Archidiócesis de Mérida-Badajoz, n. 231, año V, 23 de noviembre de 1997.
[5] Pange Lingua es un himno eucarístico escrito por santo Tomás de Aquino (1225-1274) para la festividad de Corpus Christi (Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo). Este himno también es cantado el día del Jueves Santo, durante la procesión desde el altar hasta el monumento donde la reserva queda custodiada hasta el día siguiente, (Viernes Santo); también es el habitual en todas las procesiones eucarísticas. Las dos últimas estrofas de este himno, el Tantum Ergo, son cantadas como antífona antes de la bendición solemne con el Santísimo, efectuada al finalizar las adoraciones eucarísticas.

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Manera de vivir? Siempre nos interrogamos por los "modos". Ahora nos hemos de atrever a señalar un grande, muy grande amor. Es claro que nos convertimos en aquello que amamos y el "modo" de vivir se sigue, siempre, de ese grande amor que acaba por raptarnos. Pero el "amor" más grande es aquél que se recibe, que es don, que nos es dado y participado. El Amor que se nos da es el mismo Espíritu Santo. Lo que se sigue es inefable. La ausencia sensible del Señor es y comporta la apertura a su Presencia... Esto es Vida y Vida verdadera. No es un "modo" de vida, es la misma Vida. Así, pues, la apertura del corazón no conoce fronteras • Alberto E. Justo: http://flordelyermo.blogspot.com.ar 

VISUAL THEOLOGY


What is Truth? stylized inscription in Catalan at entrance to Sagrada Família Basilica, Barcelona.

The Solemnity Our Lord Jesus Christ, King of the Universe (2015)

The question is often asked: Does absolute truth exist?  Some would claim that it does not.  They state that truth is whatever a person makes it to be.  Relativism is the only truth promoted by many if not most of our institutions for higher, or in their case, lower learning. Sadly this includes many of our Catholic colleges and universities.

Absolute truth does exist.  But where can it be found?  Truth can be found in Jesus Christ.  Often at the beginning of Mass, I like to say, “Yours is the truth that gives meaning to the very concept, Truth.” In today’s Gospel we hear Jesus saying to Pilate, “For this I was born and for this I came into the world, to testify to the truth. Everyone who belongs to the truth listens to my voice." Jesus was proclaiming that the spiritual is infinitely more valuable than the physical, that the Kingdom of God was infinitely superior to anything man could create, and that those who were committed to God would recognize the voice of truth.  Jesus is our King not just in a figurative sense, something we say but don’t really mean,  but in the very reality that the Truth of God with all its ramification is the only truth that can be found in the world.  Nothing in the world matters other than that which comes from God and that which leads to him. We are committed to the Truth.  We are committed to Jesus Christ. His is the Truth that gives meaning to the very concept, Truth.

Earlier in the Gospel of John, the Gospel of this Sunday’s reading, Jesus said, “If you remain in my word, you will truly be my disciples, and you will know the truth, and the truth will set you free.” (John 8:31-32) Set us free from what?  Set us free from a life of deceit, where people routinely lie to others and even more frequently lie to themselves.  For example, a person has serious moral problems.  You can fill in the blank about whatever these problem may be. He routinely lies to others by creating the persona of a moral person. He also lies to himself saying that he is not all that bad.  He is very much a slave to his own immorality.  But then, through the grace of God,  the person commits to Christ.  He is no longer satisfied with claiming to be a Christian but is  determined to live as a Christian. Now he faces up to his life, puts the truth before all else, and is finally freed from his immorality. The truth of Christ has set him free.

It is easy for me and for you to decry the lies of other people, or of our society.  It is far harder to recognize the times that we are the liars.  But, again by the Grace of God, when we do come to the realization that there are many times that we are living a lie, we can find freedom in Jesus Christ. When we have the courage to live as He called us to live, we can be people of integrity, people of the Truth.

Jesus Christ is our King.  He frees us from lies.  He gives us his truth. The Church year concludes by summarizing Jesus’ life on earth in one simple statement: “For this I was born and for this I came into the world: to testify to the truth.  Everyone who belongs to the truth listens to my voice.”


May we have the courage to live the Truth of Christ, our King •

Lacrimosa dies illa
Qua resurget ex favilla
Judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus:
Pie Jesu Domine,
Dona eis requiem. Amen.
 ...

Lleno de lágrimas será aquel día
En que resurgirá de sus cenizas
El hombre culpable para ser juzgado;
Por lo tanto, ¡Oh Dios!, ten misericordia de él.
Piadoso Señor Jesús,
Concédeles el descanso eterno. Amén

• W.A. Mozart, Lacrimosa

  de la Misa de Réquiem en re menor (K. 626), 

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (B)

Cada mañana el sol sale y el mundo se da cuenta de que una vez más la noche ha sido vencida. Cada otoño la vida se adormece, sí, pero para despertar más adelante, pasado ya el invierno, en ese ciclo nuevo que nos trae la primavera. Es el empuje de la vida. Es el milagro diario del día que renace, de la hierba que brota, del hombre que tiene una oportunidad más para ordenar su vida. Lo malo es que nos hemos acostumbrado; la rutina nos ha hecho perder la capacidad del asombro. Y, para volver a descubrir –y agradecer- tantas maravillas, hay que detenerse, y pensar.

Justo a eso –a pensar- nos invita hoy toda la liturgia de la Palabra de este domingo, el penúltimo del tiempo ordinario, al decirnos que llegará un día en que no habrá más leña que echar en la hoguera del tiempo: La luz del sol se apagará, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá[1]. Será el último atardecer. No habrá ya más amanecer, ni más cosechas, ni más reverdecer de primaveras. Todo habrá acabado. ¿Todo? Eso parecía. Pero, de entre tanta destrucción y tanta muerte, como brotando de la entraña misma de tanto dolor, emerge una figura para muchos inesperada: Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad[2]. No eran, pues, dolores de muerte, sino de parto. Esa noche, que seguirá al último atardecer, no quedará instalada para siempre como señora universal de la historia sino que deberá dar paso a un nuevo Día, diferente y definitivo, ¿habrán pensando esto Pedro y Magdalena en la mañana de la resurrección?

Hoy podemos preguntarnos en nuestra oración qué cosas –de todo lo que vemos, de todo lo que existe- permanecerán ese último día, y cuáles serán, por el contrario, arrastradas por el tiempo en su caída… ¿Qué habrá sido de aquellos que crucificaron a Jesús? ¿Dónde estará en aquel día el poder del dinero que hoy parece llevar las riendas del mundo? ¿Dónde el ejército de los violentos que hoy dominan, imponen, esclavizan? No quedará de ellos –dice el texto sagrado- ni rama, ni raíz[3]. En cambio, aquel Hijo del hombre que no tenía dónde reclinar la cabeza[4], indefenso ante quienes lo mataron, partidario del amor y del perdón, aparecerá sentado a la derecha de Dios. Y esta luz nueva va dando a las cosas, a la gente, a la vida un sentido diferente; lo va colocando todo en su sitio.

Es bueno que nos dejemos bañar por esa luz. Es importante que nos detengamos un momento a pensar dónde está anclada nuestra esperanza, o en qué punto de apoyo estamos haciendo descansar nuestro corazón. Es importante que pesemos en esa balanza los esfuerzos que hacemos, las preocupaciones que nos asaltan, la amargura que, tantas veces nos paraliza. Sería triste que, el día menos pensado nos encontráramos con que hemos vivido aferrados a cosas que se van a ir también en ese último atardecer[5], que no olvidemos, pues que el cielo y la tierra pasarán[6], pero el Señor y su amor permanecerán para siempre




[1] Cfr. Mc 13, 24-32.
[2] Idem.
[3] Cfr Mal 4, 1.
[4] Cfr. Mt 8,20.
[5] Cfr. J. Guillén García, Al hilo de la Palabra. Comentario a las lecturas de domingos y fiestas. Ciclo B. Granada 1993, p. 178 ss.
[6] Mt 24, 35.

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No somos más nuestros de lo que es nuestro lo que poseemos. No nos hicimos a nosotros mismos, no podemos ser superiores de nosotros mismos. No somos nuestros propios dueños. Somos propiedad de Dios. ¿No consiste nuestra felicidad en ver así las cosas? ¿Existe alguna felicidad o algún consuelo en creer que somos nuestros? Es posible que los jóvenes y los prósperos piensen así, es decir, es posible que éstos piensen que es una gran cosa hacerlo según su voluntad, como ellos suponen, no depender de nadie, no tener que pensar en nada invisible, ahorrarse el fastidio de tener que reconocer continuamente, de tener que rezar continuamente, de tener que referir continuamente todo lo que hacen a la voluntad de otro. Pero a medida que pase el tiempo, éstos, como todos los hombres, descubrirán que la independencia no fue hecha para el hombre que es un estado antinatural, que puede sostenerse por un momento, pero no puede llevarnos a salvo hasta el fin • Aldous Huxley, Brave New World, Cap. 17. Se encuentra en: www.huxley.net/bnw/seventeen.html

VISUAL THEOLOGY


The Last Judgment is a triptych attributed to German painter Hans Memling and painted between 1467 and 1471. It is now in the National Museum in Gdańsk in Poland. It was commissioned by Angelo Tani, an agent of the Medici at Bruges, but was captured at sea by Paul Beneke, a privateer from Danzig. (A lengthy lawsuit against the Hanseatic League demanded its return to Italy.) It was placed in the Basilica of the Assumption but in the 20th century it was moved to its present location. The central panel shows Jesus sitting in judgment on the world, while St Michael the Archangel is weighing souls and driving the damned towards Hell. The figure of St Michael stands on the earth directly below Christ, on the dividing line between the green soil to the left and the barren brown plain to the right. He wears a suit of armour in the same gleaming golden material as the globe on which Christ's feet rest. A red brocade cope hangs from his shoulders. His wings end in peacock feathers. Holding the scales in his right hand, he uses the crosier in his left to prick the flesh of the damned soul, as if to prod him towards the mouth of hell. Around him, as far as the eye can see, the dead rise up from their graves. The care and planning expended not only on the composition, but also on the representation of natural phenomena like foreshortening, light and reflection, are striking, as in the rest of Memling's oeuvre. St Michael's curved breastplate and the globe reflect the unfolding events with hallucinatory precision (only here do we see clearly how the Romanesque towers loom up behind the Gothic heavenly gates). The size of the figures reduces dizzyingly depending on how close or distant they are. The colours of the rainbow are accurately reproduced •

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris