New Year




For the new man everything is new. Even the old is transfigured in the Holy Spirit and is always new. There is nothing to cling to, there is nothing to be hoped for in what is already past-it is nothing. The new man is he who can find reality where it cannot be seen by the eyes of the flesh-where it is not yet- where it comes into being the moment he sees it. And would not be (at least for him) if he did not see it. The new man lives in a world that is always being created and renewed. He lives in this realm of renewal and creation. He lives in Life.



Thomas Merton, A Search for Solitude, Journals, Volume 3. Lawrence S. Cunningham, ed. San Francisco, Harper SanFrancisco, 1997, p. 269

Ilustration: Hieronymus Bosch, Triptych of Garden of Earthly Delights (detail) c. 1500, Oil on panel, Museo del Prado (Madrid).

Solemnidad de Santa Maria Madre de Dios

Quién combate tanto como tú, Santa María, a favor de los pecadores? Tú, que gozas de una autoridad maternal en relación con Dios, obtienes la gracia de un generoso perdón, incluso para quienes han pecado muy gravemente. No es posible, en efecto, que tú no seas escuchada, puesto que Dios, en todo y por todo, te obedece, como a su verdadera e inmaculada Madre. Por todo ello, el afligido confiadamente se refugia junto a ti, débil se apoya en ti y el que es combatido prevalece, por medio de ti, contra sus enemigos. Tú transformas «la cólera», el enojo, la tribulación, la expedición de ángeles malos[1]; tú apartas las justas amenazas y cambias la sentencia de una merecida condena, porque tienes gran amor al pueblo que lleva el nombre de tu Hijo. Por eso, a su vez, el pueblo cristiano, que es posesión tuya, valorando su propia condición, confiadamente te encomienda sus plegarias, a fin de que tú las presentes a Dios.

¿Quién por tanto, no te proclamará bienaventurada? Tú eres el objeto de la contemplación de los ángeles; tú la dicha más extraordinaria de los hombres, tú el amparo del pueblo cristiano; tú el refugio al que acuden sin cesar los pecadores; tú, la invocada constantemente por los cristianos.

Único alivio mío, divino solio, refrigerio de mi sequedad, lluvia que desciende de Dios sobre mi árido corazón, lámpara resplandeciente en la oscuridad de mi alma, guía de mi camino, sostén de mi debilidad, vestido de mi desnudez, riqueza de mi extrema miseria, remedio de mis incurables heridas, término de mis lágrimas y de mis gemidos, liberación de toda desgracia, alivio de mis dolores, liberación de mi esclavitud, esperanza de mi salvación...

Que así sea, Señora mía. Que así sea, refugio mío, vida mía, ayuda mía, mi protección y mi gloria, esperanza mía y mi fortaleza. Concédeme disfrutar de los inenarrables e incomprensibles bienes de tu Hijo...[2]

[1] Cfr Sal 78
[2] Este texto es una parte de una de las más célebres homilías de san Germán de de Consantinopla, que nacio en ésta ciudad alrededor del 634. Hacia el 705 fue nombrado obispo de Cicico, metrópoli de la provincia eclesiástica del Helesponto. En el 715 fue nombrado Patriarca de Constantinopla, donde permaneció hasta el 729. Durante la crisis iconoclasta se opuso a la política de León lIl el Isáurico. El emperador intentó obligar a Germán a firmar un decreto contra el culto de las imágenes. Pero el anciano patriarca, repitiendo las razones que anteriormente había expuesto y su profesión de fe, se negó a obedecer las órdenes imperiales. Luego, despojándose de las insignias de su dignidad patriarcal, pronunció una frase que estaba destinada a gozar de fama imperecedera en la tradición oriental: «si yo soy Jonás, arrójame al mar; pero sin un concilio ecuménico, oh soberano mío, no me es posible establecer una nueva doctrina». Presionado fuertemente por el emperador renunció a su sede y se recluyó en Platanión, donde transcurrieron los últimos años de su vida. Murió en el año 733, siendo casi centenario. El conocimiento actual de la producción literaria de San Germán permite afirmar que abarca casi todos los campos de la literatura religiosa: teológico, histórico, litúrgico, homilético y epistolar. Entre sus homilías destacan las siete que predicó con ocasión de las principales fiestas de la Santísima Virgen. Los sermones rebosan de la sublimidad y la grandeza del mundo divino. Sin embargo, a
pesar de su perfección y de su extrema superioridad, el Cielo no se encuentra distante de la tierra: Dios, a través de María, se abaja hasta el hombre para atraerlo a si. Por eso, se comprende bien que el punto central de la teología mariana de San Germán sea la Maternidad divina de la Santísima Virgen. En estrecha relación con él, aparecen las demás prerrogativas, entre las cuales las más importantes son la inmunidad de Maria frente al pecado original, su Asunción al Cielo y su misión de Medianera de la gracia.


Ilustración: Juan Correa, La Virgen entregando el niño a San Antonio, óleo sobre tela (106 X 80.5 cms) s. XVIII, colección particular. Se establece fecha de nacimiento de éste gran artista en 1646 en la ciudad de México. Aunque otros estudiosos fijan que trabajó de 1676 a 1739. Intervino como maestro en valuaciones de obras como las Pedro de la Sierra, los de Juan Isidro, los de Mateo Martínez de la Colina, los del capitán Antonio Xiraldo, y los de Juan Millán de Poblete. Fue maestro de José de Ibarra. Mucha de su obra, sobre todo las de tema Guadalupano, llegaron a España. En 1669 pintó para la capilla de los Santos Españoles, de la ciudad de Roma, una Virgen de Guadalupe con las cuatro apariciones y San Juan Evangelista. Tiene obras de tema religioso y profano, con asuntos humanísticos e históricos, que son dos biombos de cama. Dos de sus obras decoran, junto con los de Cristóbal deVillalpando, la sacristía de la Catedral de la Ciudad de México, y representan la Asunción de la Virgen y la Entrada de Jesús a Jerusalén. Firma en 1700 un San Sebastián que se guarda en el templo de Analco en Puebla; en 1703 una Virgen de Guadalupe de propiedad particular; en 1704 un Animas; en 1710, el Retrato del Príncipe Luis Fernando. En la sacristía del templo de San Diego en Aguascalientes, se ve su obra más antigua; San Francisco a quien se le aparece el Niño Jesús fechada en 1675, así como Escenas de la vida de San Francisco, de 1681, que muestra todo el empuje de un pintor del siglo XVII. Otras obras se encuentran en la Iglesia de la Profesa, un Santo Domingo y San Lucas retratando a la Virgen; en el templo dominicano de Oaxtepec, Mor., una Santa Rosalía; en el antiguo seminario de San Martín, en Tepotzotlán, Adán y Eva arrojados del Paraíso, La Mujer del Apocalipsis y San Nicolás Obispo de Mira; en el ex-convento del Carmen en San Angel, una Santa Teresa. El Museo de Arte de Filadelfia tiene dos arcángeles de Correa, San Gabriel y San Miguel de 1739. Algunas otras obras de Correa se han localizado en Antigua, Guatemala.

Solemnity of the Blessed Virgin Mary, the Mother of God

Today we celebrate the Solemnity of Mary, Mother of God. All proper devotion to Mary leads to a greater understanding of Jesus, her Son. This feast, one of the oldest in the Church, goes back to the first centuries, when the Church was trying to express in words the reality of who Jesus is. Through debates with all sorts of heretics who denied either the divinity or humanity of Jesus, theological questions were formed: Is Jesus God, is he man, is he partly both or is he totally both? It appeared clear in the New Testament that he was totally both, but how can this be expressed in a manner that end all heresy within the Church?

The solution came by distinguishing who Jesus is and what he is. The who refers to his person. Who is Jesus? He is the eternal son of the Father, existing for all ages, the Second Person of the Blessed Trinity. Then what is Jesus? Is he by nature God, man or both? The Council of Chalcedon clarified that once he became man, the second Person of the Trinity was both human and divine[1]. Totally both. Jesus is one person, divine, with two natures, human and divine. Mary is the mother of the human nature, she did not create the divine nature. However, in reality, the total person of who Jesus is can not be separated from what he is. Therefore Mary is Mother of God. That is our feast for today.

Now all this is the theological view of today's feast. It is important for us to be aware of the dogma of our faith. We have been entrusted with a rich tradition. We should understand the basic elements of that tradition. However, what does this feast say to us, right here and now, as individuals struggling to serve God throughout our lives, not as theologians speculating on ways to formulate dogma. To answer this we should look at today's second reading from Paul's letter to the Galatians. God's plan was that his Son should be born of a woman so that we might become his adopted sons and daughters. The Eternal Word became man so he could become our brother. Jesus instilled his Holy Spirit in us so we could have the status, the ability to address God as Abba, Father.

Jesus came as one of us. We are now sons and daughters of God. Our prayers have weight. When we are troubled with the struggles of life, when our faith feels weak, when we wonder if God really hears our prayers, we have to remember the status we have received through Mary's participation in God's plan. She is the Mother of God. He has made us his adopted children. At Christmastime we celebrate God's presence among his people. He is Emmanuel, God With Us, not as an unapproachable ruler, but as our Father who cares about us. Today we pray for the faith to call upon him.

[1] The Council of Chalcedon was an ecumenical council that took place from October 8 to November 1, 451, at Chalcedon (a city of Bithynia in Asia Minor), today part of the city of Istanbul on the Asian side of the Bosphorus and known as the district of Kadıköy. It is the fourth of the first seven Ecumenical Councils in Christianity, and is therefore recognized as infallible in its dogmatic definitions by the Roman Catholic and Eastern Orthodox churches. It repudiated the Eutychian doctrine of monophysitism, and set forth the Chalcedonian Creed, which describes the "full humanity and full divinity" of Jesus, the second person of the Holy Trinity. This action thus set aside the findings of the Second Council of Ephesus in 449.

Ilustration: Several versions of this picture are known, all attributed to Gerard David, whose style and painting technique they display. The presentation of the Virgin in the foreground, half turned toward the viewer, allows us to enter the intimacy of this domestic interior, with its window opened onto a contemporary townscape. A basket and a prayer-book taken out of its cover are lying on a console against the wall. To the left, a cupboard carries an earthenware jug and a small bunch of flowers. As an attentive mother, the Virgin delicately takes the soup for her Son whom she is holding seated on her knees. He is dressed in a light linen shirt and is also playing at holding a wooden spoon. This highly realistic representation of a spoon-fed meal is a variation of the theme, more common at the time, of the Virgin nursing the Child. The Child fed by the Virgin is a metaphor of the believer nourished by his mother the Church and by Christ himself. The bread at the front of the scene and the jug on the cupboard are the eucharistic symbols of his body and his blood. The very idea of Christ's incarnation through which humanity has been saved is evoked here. The picture, intended for private devotion, is conceived in a manner typical of the late Middle Ages. By handling the subject as a contemporary scene, the painter abolishes the frontier between the spiritual and the material worlds, calling on the believer to live his faith directly and individually. Conceived for private use, the Virgin and Child with the Milk Soup was probably painted many times over, as testified by other extant versions. The Brussels painting has been produced using a pattern containing the entire composition, which was also applied for another version conserved at Genoa. A variation of this pattern was used for two other versions conserved in New York and San Diego. It would appear that the painter had a basic layout which could be adapted according to his clients' wishes. This phenomenon illustrates the development of the art of the Flemish Primitives, who at the end of the 15th century were faced with growing demand from their bourgeois clients. The various versions coming from Gerard David's workshop suggests that a part of work must have been undertaken by his assistants.

Gerard Davis, Madonna and Child with the Milk Soup (c. 1520), Oil on oak (35 x 29 cm) Musées Royaux des Beaux-Arts (Brussels).

Fiesta de la Sagrada Familia

Una de las cosas más valoradas en nuestra sociedad es la familia. Así lo dicen las estadísticas. Luego resulta que esta valoración no es coherente ni en la vida privada ni en la pública. Así somos de frívolos y contradictorios. Nos dicen con frecuencia que la fe cristiana y la Iglesia están alejadas de la vida. Pero lo cierto es que nuestra fe es la gran aliada y el mejor apoyo de la familia[1].

Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre, nació, creció y vivió como hijo, en una verdadera familia. Creemos en el nacimiento virginal de Jesús, pero esto no es obstáculo para que imaginemos sus relaciones filiales con José y María. Jesús vivió y creció en el clima de amor y confianza de una familia como Dios manda.

La Iglesia nos invita a considerar esta familia de Jesús como una familia santa, la Sagrada Familia, santificada por la santidad de María y de José, santificada sobre todo por la presencia de Jesús, el Hijo de Dios.

Esta fiesta de la Familia de Belén y de Nazaret puede sugerimos muchas consideraciones. Y la primera podría ser ésta: la vida humana no es completa si no la vivimos en el seno de una familia unida por un amor firme y verdadero. Si los hombres estamos hechos a imagen y semejanza de Dios[2], esta semejanza no se cumple en un individuo aislado, o en una vida dominada por el egoísmo, sino que se cumple sólo en la vida familiar, donde varias personas viven unidas en una comunión de amor que sostiene, enriquece y alegra su vida.

Dios es así, una familia de Personas unidas en un amor inefable que es el Espíritu Santo. Y esa familia divina es la fuente y el modelo de nuestra vida y de todo lo que existe. La comunión en el amor es el caldo de cultivo de la vida. Del amor nacemos, en el amor encontramos la posibilidad de vivir y de crecer, el amor nos ayuda a descubrir la profundidad de la realidad, el amor nos impulsa a trabajar y a luchar por los demás. El amor nos llama constantemente a metas más altas, el amor es la mayor riqueza de nuestra vida personal, es ¡lo que hace girar al mundo!

Este amor que da vida nos tiene que venir de Dios. El Amor primero es el Espíritu Santo, y de este Amor nos viene la gracia de Dios en la que vivimos arraigados y de la cual recibimos la fuerza y el vigor de nuestra vida.

Uno de los objetivos más importantes de los cristianos en el siglo XXI será defender la familia como refugio y garantía de la humanidad del hombre, amenazada por manipulaciones, explotaciones e ideas científicas camufladas con las apariencias de un falso progresismo.

La defensa de la humanidad del hombre tiene que comenzar en la defensa de la familia verdadera, fundada en el matrimonio estable y fiel, construida sobre la base de un amor pleno y definitivo, entendida como la cuna y el clima indispensable para el nacimiento y el desarrollo verdaderamente humano de nuevas personas, engendradas y acogidas en el amor, instaladas en una experiencia amorosa de la realidad, donde se pueda vivir libremente, sin amenazas, con el gozo de poder abrirse a los demás y convivir con ellos en nuevos círculos de amor que se amplían sin fin hasta la vida eterna.


El final de un año civil y el inicio de otro puede ser una buena oportunidad para hacer una revisión serena sobre estos puntos tan importantes de nuestra vida cristiana y humana. Volver a Dios y volver a interpretar la vida humana a imagen del Dios trinitario, nos ayudará a descubrir y vivir la familia como un proceso de amor generoso y fiel que nos purifica, nos humaniza y nos personaliza y nos ayuda a descubrir los grandes horizontes la salvación en la comunión amorosa con Dios. La idolatría y el consumismo nos aparta de Dios y nos aparta también de nosotros mismos para llevamos hasta el abismo de la inseguridad radical que termina en el nihilismo y en la desesperanza[3].

[1] Homilía pronunciada el 30.XII.2007 Fiesta de la Sagrada Familia, en la parroquia de St. Matthew, en San Antonio, Texas.
[2] Gen 1. 26.
[3] Vale la pena echarle un vistazo a la célebre Carta a las familias, que en 1994 escribió SS Juan Pablo II. El texto completo en castellano puede consultarse en línea vistando www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_02021994_families_sp.html
Ilistración: ZURBARÁN, Francisco de Zurbarán, La Sagrada Familia (1659), óleo sobre tela, 121,4x97, Museo de las Bellas Artes, Budapest.

Feast of the Holy Family of Jesus, Mary and Joseph

How can any family consider realistically model themselves on the Holy Family?” That’s a good question, and perhaps one that has come to your minds. I think it would help if we consider what the word, “Holy” means. To be holy means to be separate for the Lord. Our families can be separate for the Lord, our families can be holy. How? Here are three suggestions for our families to be holy. Actually there are just three words[1].

The first word is JOY. Families need to play together, goof around, laugh together and not take each member too seriously. Families need to find ways to laugh together, whether it’s the beach, a board game, a pillow fight, what have you. Joy is not a part time business for a Holy Family. The famous author C. S. Lewis put it this way: “Joy is the serious business of heaven.” We are called to be joyful because the one who brought joy to the world is present in our homes.

The second word is TIME. If a little child could spell love, he or she would spell it this way, t-i-m-e. Jesus only spent the last three of his thirty-three years serving people. The first thirty were focused entirely on his family. Based on their culture, Mary and Joseph started sharing scripture with Jesus when he was five, the Mishna or oral tradition at age ten, and the commandments and law at age thirteen, Joseph would have taught Jesus his trade, that of a carpenter. Jesus would have had to learn how to use an axe, hammer, chissel and saw. Joseph also taught him the difference between various woods, acacia, cedar, cypress, pine, and sycamore. This all took time. Mary and Joseph would have spent time with their child out of love for him.

Our families need to do this to be holy families. We have to stop crowding our day with tasks that take us outside of the home. We have to limit the number of activities we let the kids be involved in. The greatest need a child has is to spend time with his or her parents.

The third word is PRAYER. The ancient Jewish family would recite the prayer of Eighteen Benedictions three times each day. The lesson was that the family must always look to the God the Father, praising Him. Our families need to be families of prayer. Grace before meals and bed-time prayers are a minimum. Even better than the bed-time prayers are prayers together as a family every evening.

None of our families are ideal families, but all of our families can be Holy Families.

The readings for this Sunday present some aspects of a Christian home. The first reading from Sirach says that children need to respect their parents. At first it refers to young children as it notes that mothers and fathers have their authority from God. Then it refers to older children when it says that children should take care of their parents when they age. Little children learn respect for their parents from the respect they see their parents giving their grandparents. I have always believed that the way you treat your parents will be the way your children will treat you. If your relations with your parents are motivated by respect and love, and are evident in your kindness to them, your children will have learned this aspect of Christianity and will treat you the same way as your years mount.

The second reading deals with the interrelationships of the family. Paul tells the Colossians and us to deal with each other out of kindness, to be patient with each other, to forgive each other continually, not to let out pride determine what we say and do to each other. If we strive to live this way, than as a family we can pray together not just in Church, but in every aspect of our lives. "Whatever you do, whether in speech or in action, do it in the name of the Lord." Paul goes on to mention the roles of a family in his epoch. At that time the equality of women was not recognized. In the Roman empire women were seen as property that needed to be protected by their fathers and their husbands. It would be rare that a woman would be given the respect due to every individual. That's why we have the phrase, wives be submissive to your husbands. Closely followed by husbands love your wives. In our society, with the recognition that most roles in a family have nothing to do with gender, the real meaning of this part of Colossians us that husbands and wives must respect each other. This same line of thought continues with children being told to respect their parents, and parents being told not to nag, to continually find fault, with their children.

It used to be fashionable for the American media to claim that the family is no longer a viable unit. Now, it claims, their has been a resurgence of family and family values. This is all hogwash. The family has and will remain strong as long as there are people of faith, people like you people here, who are doing their best to make the love of God real in their homes. Today we pray for all our families.

May your home be a little church, displaying your reverence for the presence of the Lord in the way you care for each other. May your families be Holy Families.


[1] Sunday 30th December, 2007 Holy Family. Ecclesiasticus 3:2-6, 12-14. Happy are those who fear the Lord and walk in his ways-Ps 127(128):1-5. Colossians 3:12-21. Matthew 2:13-15, 19-23.


Ilustration: The Holy Family and other representations of the childhood of Christ occur frequently in Rembrandt's art during the 1640s. Domestic happiness and intimacy are their dominate mood.
This representation at the Hermitage glows with human warmth; small details contribute to this effect. A burst of divine light accompanies the angels who invade the chamber to witness the scene from the everyday life of the Holy Family. The tenderness of the young mother's movement accords with the deep, warm colours, among which the cherry-red of her skirt is the strongest accent.


Rembrandt Harmenszoon van Rijn, The Holy Family with Angels (1645), Oil on canvas, 117 x 91 cm, The Hermitage (St. Petersburg).




Natividad del Señor

A adorar al niño, corramos pastoresque está en el portal,
llevémosle flores,que está en el portal, llevémosle flores.
Una palomita anunció a Maríaque en su seno santo El encarnaría,
que en su seno santo El encarnaría.
Adoro el misterio de la Trinidadque son tres personas y es un Dios no más,
que son tres personas y es un Dios no más.

Celebramos la Natividad de nuestro Señor [es decir] es la alegre fiesta de la presencia del Hombre Dios entre los hombres. Una fiesta que invita con todos sus elementos –bíblicos, litúrgicos, artísticos- a la adoración[1].

¿Y qué es adorar? Adorar es entregar a Dios, con el cuerpo y con el alma, nuestra propia inteligencia y todo nuestro amor. Y es que el amor solamente tiene sentido en Él, en Dios. La adoración es un acto que nos desprende de la cadena más profunda que nos ata: nuestro propio yo. Por eso la adoración significa también una gran y profunda liberación[2].

La adoración es una gracia, un regalo del que nosotros no podemos adueñarnos ni tampoco podemos planificar demasiado. Hemos de amar a Dios…[pues] por ser Quien es: porque es bueno y porque todas sus obras, incluso las que no entendemos o no nos gustan, están selladas por Su sabiduría y Su compasión. Aún cuando no lo entendamos quiere lo mejor para nosotros. En cada uno está el descubrirlo, o en vivir una vida llena de amargura sin el deseo sincero de luchar por comprender.

Humanos al fin, somos distraídos, justo por eso, para empezar a adorar a Dios es bueno centrar la atención en aquellas cosas que Dios ha hecho en nuestra vida: los bienes que nos ha dado y los males de los que nos ha librado; las intervenciones que ha tenido y que quedan grabadas en el alma para siempre.

Adorar es presentarnos delante de nuestro Señor como somos: con nuestras luces y nuestras sombras, nuestros triunfos y nuestras desgracias. Dios mismo hizo nuestro corazón ¡no vamos a aparentar delante de Él!

Adorar es decirle muchas veces: Jesús, líbrame de la perfección que yo mismo quiero darme y ábreme a la santidad que tú quieres concederme.
Adorar es asistir puntualmente a la eucaristía y decirle interiormente: Jesús, gracias, perdóname, ayúdame más; te quiero.

Adorar es pensar cómo puedo crecer más en mi fe, cómo puedo ser mejor cristiano, mejor esposo, mejor esposa, mejor estudiante, ¡mejor todo! Nuestra fe católica no es una de de mínimos, sino de máximos. Siempre más. Más. Y para esto es indispensable salir de nosotros mismos. Y para esto el mejor camino es el de la adoración.

Vieja y entrañable es la leyenda que resume ésta necesidad que todos tenemos de salir de nosotros mismos y de dedicar un tiempo a la adoración.

Entre los pastores que acudieron la noche de Navidad a adorar al Niño había uno tan pobre que no tenía nada que ofrecer y la verdad es que se avergonzaba mucho. Llegados a la gruta, todos peleaban para ofrecer sus regalos. María [pues] no sabía muy bien cómo hacer para recibirlos todos, al tener en brazos al Niño. Entonces, viendo al pastor aquel que había llegado sin nada, y que estaba con las manos libres, le confió a él, por un momento, a Jesús. Tener las manos vacías fue su fortuna.

Esto es lo mejor que puede sucedernos a cada uno. Dejarnos encontrar en esta Navidad con el corazón tan pobre, tan vacío y silencioso que María, al vernos, pueda confiarnos también a nosotros a su Hijo.

[1] La palabra Adoración proviene del latín que significa dar un homenaje, Ad a -, boca, (trayendo la boca), los romanos la utilizaban llevándose una mano a la boca, y aventando un beso al objeto de su adoración, ya fuera un ídolo o una estatua, o un rey, o el ser amado. El adorador usualmente llevaba la cabeza tapada, y después de ese acto, se daba media vuelta del lado izquierdo al derecho, así pues se inclinaban y besaban los pies de sus dioses. La adoración comúnmente llevaba consigo, la Devoción, el honor y la Alabanza hacia la deidad indicada, llámesele dios o diosa. La palabra Anglosajona de adoración es worthscripe, worship (inglés), digno de respeto.
[2] Homilía pronunciada el 25.XII.2007 en la parroquia de St. Matthew, en San Antonio (Texas), Solemnidad de la Natividad del Señor.
Ilustración: Miniaturista holandés, Página del Libro de las Horas del Duque de Berry (1400), Museo Civico d'Arte Antica, Palazzo Madama (Turin).

The Nativity of the Lord

So long the silence
lay unbroken,
the word
unheard until
he came,
both Word
and word
and on
the same



This is a beautiful time of the year. It is a time to celebrate family and friends, it is a time of warmth, a time of peace. We are people of light, but we are also people who find light in a world of darkness[1].
Jesus Christ, the Light of the World has come, but the world is still in darkness. We should be people of Starlight. Starlight in every one of our actions and feelings. Also, we need to adjust our eyes to the Lord’s starlight.
This is all poetic, yes, but how do we attain the focus we need in a world of chaos, confusion, in a world of darkness? The answer is Jesus. For a Christian, the answer to all questions about life is Jesus.
We look at his life: Born in poverty. Hunted as an infant. Mocked as an adult and crucified for loving others, he brought kindness and peace to those who allowed him into their lives. He would not allow darkness to overcome him. He would not let selfishness guides his choices. He lived to love! His love turned the darkness of the Good Thief crucified next to him… into light.
During this season we have a golden opportunity to be people plenty of gentleness and peace with those around us. We can turn the typical Christmas phoniness into an experience of the Lord if we make the determination right now to love them, to be kind to them and not to be concerned with whether or not we will be hurt once more.
In fact, the greatest compliment that anyone could ever say to any of us is “When I am with you, I know what Jesus must be like.”
When we try to be like the Lord, we will see the Divine starlight in the middle of the darkness. When we are like the Lord, we will be the Divine starlight in the middle of a dark world.



[1] Monday 24th December, 2007, Birth of the Lord. Midnight Mass. Isaiah 9:1-7. Today is born our Saviour, Christ the Lord-Ps 95(96):1-3, 11-13. Titus 2:11-14. Luke 2:1-14.
Ilustration: The picture shows a detail of the Puerta del Nacimiento of the Cathedral, Seville. The relief was made by Lorenzo Mercadante of Brittany, who appeared in Seville in 1451, and was an important figure in the area of pure sculpture. He executed a number of free-standing statues for the two doors of the cathedral known as the Puerta del Nacimiento and the Puerta del Bautismo, working in terra cotta, a material he handled with remarkable virtuosity, allied with great depth of feeling and tender humanity. His art exerted a natural influence on the religious sculptors of Andalusia, especially on Pedro Millán, who worked in Seville between 1487 and 1507.
Spanish Gothic Sculptor, The Nativity (1460), Terracotta, Cathedral, Seville (Spain)

Fourth Sunday of Advent

The readings for this Sunday are an immediate preparation for Christmas. Instead of hearing about the Second Coming of the Lord as we did the First Sunday of Advent and instead of hearing about the instructions and the mission of John the Baptist, as we did the Second and Third Sundays of Advent, we are brought to the events that take place within nine months of Jesus’ birth[1].

We come upon Joseph. A very disappointed Joseph. The beautiful young girl he would soon take into his home was pregnant. His life was falling apart around him. We don’t know the exact time that Joseph was aware of the problem, but obviously Mary was showing. What was Joseph thinking? Would he have forgiven Mary a supposed indiscretion if she were not pregnant? But she was pregnant. The child was ruining everything.

And then the angel came in the dream and told him that the child will make all things wonderful. He is the Savior. Mary has remained virtuous. And Joseph was given the opportunity to take the Messiah into his family. Basically, Joseph was told to celebrate this unexpected birth.

It seems that just about every Sunday I notice another one of our ladies is going to have a baby. As a man I have no clue at what it is like to have a baby inside you. As a priest, I have no experience of the excitement a husband must feel when his wife tells him that they are expecting. Those first few months, when it is their secret, must be wonderful. Then when they are ready to share their secret, family and friends celebrate the coming child. And every child has a right to have his or her coming celebrated.

That right extends also to those children whose coming, like the Lord’s, is not expected, whether their parents thought they were done have children or whether their parents did not even consider that their actions could would lead to their conception. It makes not difference. Once the coming of a child is learned, the child should be celebrated.

On Monday evening and on Tuesday we will sing sweet carols about the Babe of Bethlehem. Although we know that this is the Second Person of the Trinity, the All Powerful One, we also know that he chose to become one of us, totally one of us, even being conceived and carried in a womb and being an infant, toddler, child, teen and young adult before revealing himself to the world at his Baptism by John the Baptist. And so we focus on his infancy. We tell him in song to "sleep in heavenly peace." We sing of the unexpected joy.

Every child has a right to be celebrated with love. Every child has a right to be carried inside and outside the Mom with deep love. Every child is a joy, whether a planned joy or an unexpected joy.

We have a responsibility as Christians to celebrate the pregnancy of our girls and the arrival of our babies. They are all our babies. They are part of our family. They are made in the image and likeness of God. They will receive the indelible imprint of God at their baptism. They will radiate his presence in a way the world never experienced before. They will be capable of being saviors, saviors to their parents, saving them from selfishness, saviors to those whom they will love in their lives.

It is clear from the scripture that Joseph provided for more than Jesus’s external needs. He loved the child. He took him into his family. He named him. And, I feel certain, he held him and rocked him to sleep when Mary was exhausted. He celebrated this unexpected child and in doing so celebrated the presence of God’s love on earth.

We pray to St. Joseph today to help us to do what he did. We need to care for, to love and to celebrate our babies. In doing so we are celebrating the arrival of yet another reflection of the presence of God on earth.

[1] Sunday 23rd December, 2007; 4th Sunday of Advent. St John of Kenty. Isaiah 7:10-14. Let the Lord enter; he is king of glory-Ps 23(24):1-6. Romans 1:1-7. Matthew 1:18-24.
Ilustration: La Tour's mature pictures form a close-knit group which must date from the years immediately before and after 1640. None of them is documented, although some of them are signed. The most typical and one of the best preserved of them is the so-called Dream of Joseph at Nantes, which in many respects forms a microcosm of La Tour's art and the problems which surround it, in terms of both history and the interpretation of the subject. As recently as 1913 it was attributed to Rembrandt, although the picture was clearly signed La Tour in the top right-hand corner. It is interesting that an illustrious name should have been sought for so magical a picture, and the subject, even now, is as elusive as was the former difficulty of attribution. A youth in biblical costume is making a beckoning or announcing gesture before an old man who has fallen asleep reading a book. The traditional interpretation is that it is a Dream of Joseph, even though Joseph is normally shown as a carpenter (as he is in La Tour's Louvre picture). The youth is hardly the angel Gabriel either, coming to warn Joseph to flee to Egypt in order to escape the impending massacre of all children in Bethlehem by Herod's soldiers. A possible explanation for this enigmatic picture is that it depicts the moment when the young Samuel, having been, he thinks, summoned by the elderly priest Eli, finds him asleep. This surprises Samuel, who at that instant realizes that it is God's voice calling him. If this interpretation of the subject is correct, La Tour has with characteristic subtlety and understatement shown the exact moment when the youth Samuel arrives before the sleeping old man, with a 'here I am' gesture. Samuel's pose is unforgettable. All attempts at the naturalism with which La Tour is so wrongly credited have been abandoned, leaving a Mannerist twisting of the fingers and the caprice of shielding most of the candle flame. Above all, there is an exquisite stillness, which pervades not only this picture but also the other all-too-few masterpieces from this period.
Georges La Tour, The Dream of St Joseph (1640), Oil on canvas, 93 x 81 cm, Musée des Beaux-Arts (Nantes).

IV Domingo de Adviento

(continuación del III Domingo de Adviento)
El joven se acercó al mar. Había adquirido un buen cimiento y una orientación recta; estaba en buena postura. ¿Qué le faltaba? ¿Qué podía enseñarle el chapoteo de las olas?. El viento se levantó. El flujo y reflujo del mar se hizo más profundo y eso despertó en él el recuerdo del océano. En efecto, el viejo monje le había aconsejado meditar “como el océano” y no como el mar. Como había adivinado que el joven había pasado largas horas al borde del Atlántico, sobre todo de noche, y que conocía ya el arte de poner de acuerdo su respiración con la gran respiración de las olas. Inspiro, expiro...

Aprendió igualmente que aunque hubiese olas en la superficie, el fondo del océano seguía estando tranquilo. Los pensamientos van y vienen, nos llenan de espuma, pero el fondo del ser permanece inmóvil. Meditar a partir de las olas que somos para perder pie y echar raíces en el fondo del océano. Todo esto se hacía cada día un poco más vivo en él y se acordaba de las palabras de un poeta que le habían impresionado en su adolescencia: la existencia es un mar lleno de olas que no cesan. De este mar la gente normal sólo percibe las olas. Mira cómo de las profundidades del mar aparecen en la superficie innumerables olas mientras que el mar queda oculto en ellas.

Hoy el mar le parecía menos "oculto en la olas", la unidad de las cosas parecía más evidente sin que esto aboliera la multiplicidad. Tenía menos necesidad de oponer el fondo y la forma, lo visible y lo invisible. Todo constituía el océano único de su vida.

En el fondo de su alma, ¿no estaba el ruah, el pneuma, el gran soplo de Dios?[1].

"El que escucha atentamente su respiración, le dijo entonces el monje Serafín, no está lejos de Dios. Escucha quién esta ahí, al final de tu expiración, quién está en el origen de tu inspiración". En efecto, había momentos de silencio más profundos entre el flujo y reflujo de las olas, había allí algo que parecía llevar en sí el océano.

Estar sobre un buen cimiento, estar orientado hacia la luz, respirar como un océano no es todavía la meditación hesicasta, le dijo el padre Serafín; ahora debes aprender a meditar como un pájaro. Y le llevó a una pequeña celda cercana a su eremitorio donde vivían dos tórtolas. El arrullo de los dos animalitos le pareció de momento encantador pero no tardó en ponerle nervioso. Parece que escogían el momento en que caía dormido para arrullarse con las palabras más tiernas. Preguntó al viejo monje que significaba todo aquello y si esa comedia iba a durar mucho. La montaña, la amapola, el océano, podían pasar (aunque uno pueda preguntarse qué hay de cristiano en todo ello), pero proponerle ahora este pájaro lánguido como maestro de meditación era demasiado.

El padre Serafín le explico que en el Antiguo Testamento la meditación se expresa con la raíz traducida en general al griego por m‚l‚t‚ -meletan- y en latín por meditari-meditatio. En su forma primitiva la raíz significa "murmurar a media voz". Igualmente se emplea para designar gritos de animales, por ejemplo el rugido del león[2], el piar de la golondrina y el canto de la paloma[3], pero también el gruñido del oso.

En el monte Athos no hay osos. Por eso te he traído junto a una tórtola, pero la enseñanza es la misma. Hay que meditar con la garganta, no sólo para acoger el aliento, sino para murmurar el nombre de Dios día y noche... Cuando eres feliz, casi sin darte cuenta canturreas, murmuras a veces palabras sin significado y ese murmullo hace vibrar todo tu cuerpo con una alegría sencilla y serena. Meditar es murmurar como una tórtola, dejar subir ese canto que viene del corazón, como tú has aprendido a dejar que suba a ti el perfume de la flor... Meditar es respirar cantando. Sin quedarnos mucho en su significado, te propongo que repitas, murmures, canturrees lo que está en el corazón de todos los monjes del monte Athos: Kyrie eleison, Kyrie eleison...

Esto no le gustaba mucho al joven filósofo. En algunas bodas o entierros lo había oído traducido por: Señor, ten piedad.

El monje se puso a sonreír: Sí, es uno de los significados de esta invocación, pero hay otros muchos. Quiere decir también Señor, envía tu Espíritu", que tu ternura esté sobre mi y sobre todos, que tu nombre sea bendito, etc., pero no busques demasiado el sentido de la invocación. Ella se te revelar por sí misma. De momento sé sensible y estate atento a la vibración que despierta en tu cuerpo y en tu corazón. Procura armonizarla apaciblemente con el ritmo de tu respiración. Cuando te atormenten tus pensamientos recurre suavemente a esta invocación, respira más profundamente, mantente erguido y conocerás el comienzo de la hesiquia, la paz que da Dios sin engaño a los que le aman.

Al cabo de algunos días el Kyrie eleison se le hizo más familiar. Le acompañaba como el zumbido acompaña a la abeja cuando hace la miel. No lo repetía siempre con los labios. El zumbido se hacía entonces más interior y su vibración más profunda.

El Kyrie eleison cuyo sentido había renunciado a "pensar" le conducía a veces al silencio desconocido y se encontraba en la actitud del apóstol Tomás cuando descubrió a Cristo resucitado: Kyrie eleison, mi Señor es mi Dios[4].

La invocación le llevaba poco a poco a un clima de intenso respeto por todo lo que existe. Pero también de adoración por lo que está oculto en la raíz de toda existencia.

El padre Serafín le dijo entonces: Ya no estás lejos de meditar como un hombre. Tengo que enseñarte la meditación de Abraham.

(continuará)

[1] Cfr Gen 1, 1
[2] Is 31,4
[3] Id 38,14
[4] Cfr Jn 20, 19-31.

Visperas de la Navidad

(continuación del IV Domingo de Adviento)
Hasta aquí la enseñanza del viejo era de orden natural y terapéutico. Según el testimonio de Filón de Alejandría, los antiguos monjes eran terapeutas[1]. Más que conducir a la iluminación, su papel consistía en curar la naturaleza; ponerla en las mejores condiciones para que pudiera recibir la gracia, que no contradecía la naturaleza sino que la restauraba y cumplía. Es lo que hacía el monje con el joven filósofo enseñándole un método de meditación que algunos podrían llamar puramente natural. La montaña, la amapola, el océano, el pájaro, eran otros tantos elementos de la naturaleza que recuerdan al hombre que debe ir más lejos, recapitular, los diferentes niveles del ser o incluso los diferentes reinos que componen el macrocosmos: el reino mineral, el reino vegetal, el reino animal...

A menudo el hombre ha perdido el contacto con el cosmos, con la roca, con los animales y esto ha provocado en él desazones, enfermedades, inseguridades, ansiedad. La persona humana se siente extranjera en el mundo. Meditar era comenzar a entrar en la meditación y la alabanza del universo porque, como dicen los Padres, "todas las cosas saben rezar entes que nosotros".

El hombre es el lugar en que la oración del mundo toma consciencia de ella misma; está para nombrar lo que balbucean las criaturas. Con la meditación de Abraham entramos en una consciencia nueva y más alta que se llama fe, es decir, la adhesión de la inteligencia y del corazón en ese tú que se transparenta en el tuteo múltiple de todos los seres.

Esa es la experiencia de Abraham: detrás del titilar de las estrellas hay algo más que estrellas, una presencia difícil de nombrar, que nada puede nombrar y que sin embargo posee todos los nombres[2].

Es algo más que el universo y que sin embargo no puede ser aprehendido fuera del universo. La diferencia que hay entre el azul del cielo y el azul de una mirada, más allá de todos los azules. Abraham iba a la búsqueda de esa mirada.

Después de haber aprendido el cimiento, el enraizamiento, la orientación positiva hacia la luz, la respiración apacible de los océanos, el canto interior, el joven estaba invitado a despertar el corazón. "He aquí que de repente tú eres alguien". Lo propio del corazón es, en efecto, personalizarlo todo y en este caso, personalizar al Absoluto, la fuente de todo lo que es y respira, nombrarlo, llamarle "mi Dios, mi Creador" e ir en su Presencia. Para Abraham meditar es mantener bajo las apariencias más variadas el contacto con esta Presencia. Esta forma de meditación entra en los detalles concretos de la vida cotidiana. El episodio de la encina de Mambre nos muestra a Abraham "sentado a la entrada de la tienda, en lo más cálido del día"; allí acoger a tres extranjeros que van a revelarse como enviados de Dios. Meditar como Abraham, decía el padre Serafín, es practicar la hospitalidad: el vaso de agua que das al que tiene sed, no te aleja del silencio son que te acerca a la fuente. Meditar como Abraham, ya lo entiendes, no sólo despierta en ti paz y luz sino también el amor por todos los hombres.

Meditar como Abraham es interceder por la vida de los hombres, no ignorar su corrupción pero sin embargo no desesperar jamás de la misericordia de Dios[3].

Este estilo de meditación libera el corazón de cualquier juicio y condena, en todo tiempo y lugar. Aunque sean muchos los horrores que pueda contemplar, llama al perdón y a la bendición.

Meditar como Abraham lleva aún más lejos. Las palabras pugnaban por salir de la garganta del padre Serafín, como si quisiera ahorrar al joven una experiencia por la que él mismo había debido pasar y que despertaba en su memoria un temblor casi sutil... esto puede llevar hasta el sacrificio... y le habló del pasaje del Génesis en que Abraham se muestra dispuesto a sacrificar a su propio hijo Isaac: Todo es de Dios, murmuró el padre Serafín, Todo es de El, por El y para El. Meditar como Abraham te lleva a una total desposesión de ti mismo y de lo que te es más querido... Busca lo que valoras más, lo que identifica tu yo... para Abraham era su hijo único. Si eres capaz de esta donación, de ese abandono moral, de esa confianza infinita en lo que trasciende toda razón y todo sentido común, todo te será devuelto centuplicado. Dios proveerá. Meditar como Abraham es adherirse por la fe a lo que trasciende el universo, es practicar la hospitalidad, interceder por la salvación de todos los hombres. Es olvidarse de uno mismo y romper los lazos más legítimos para descubrirnos a nosotros mismos, a nuestros prójimos y al universo habitado por la infinita presencia del Unico que es.

El padre Serafín se mostraba cada vez más discreto. Notaba los progresos que hacía el joven en su meditación y oración. Varias veces le había sorprendido con el rostro bañado en lágrimas, meditando como Abraham e intercediendo por los hombres: Dios mío, misericordia. ¿Que será de los pecadores?.

Una mañana el joven fue hacia él y le preguntó: padre ¿por qué no me hablas nunca de Jesús? ¿Cómo era su oración, su forma de meditar?. En la liturgia y en los sermones sólo se habla de él. En la oración del corazón, tal como se describe en la filocalia, hay que invocar su nombre. ¿Por qué no me dices nada de eso?.

El padre Serafín pareció turbarse; como si el joven le preguntara algo indecente, como si tuviera que revelar su propio secreto. Cuanto más grande es la revelación recibida, más grande debe ser nuestra humildad para transmitirla. Sin duda no se sentía tan humilde: Eso sólo el Espíritu Santo te lo puede enseñar, respondió. Quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre, lo sabe sólo el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar[4]. Tienes que hacerte hijo para rezar como el Hijo y tener con quién él llama su Padre, las mismas relaciones de intimidad que él y esto es obra del Espíritu Santo. El te recordará todo lo que Jesús ha dicho. El evangelio se hará vivo en ti y te enseñará a rezar como hay que hacerlo.

El joven insistió: Pero dime algo más. El viejo sonrió: Ahora, lo que mejor podría hacer sería gemir, pero tú lo tomarías como un signo de santidad; por lo tanto mejor ser decirte las cosas con sencillez. Meditar como Jesús recapitula todas las formas de meditación que te he transmitido hasta ahora. Jesús es la plenitud de todo... sabía meditar como la montaña, como la amapola, como el océano, como la paloma. Sabía meditar como Abraham. Su corazón no tenía límites, amando hasta a sus enemigos, sus verdugos: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Practicando la hospitalidad con los que se llamaban enfermos y pecadores, los paralíticos, las prostitutas, los publicanos… Por la noche se retiraba a orar en secreto y allí murmuraba como un niño Abba, que quiere decir papá... Esto puede parecer insignificante, llamar papá al Dios trascendente, infinito, innombrable, más allá de todo. El cielo y la tierra se acercan terriblemente. Dios y el hombre se hacen una sola cosa... quizás hace falta que alguien te haya llamado papá en la oscuridad para comprenderlo... Pero tal vez hoy estas relaciones íntimas de un padre y una madre con su hijo ya no signifiquen nada. Quizás sea una mala imagen. Por eso yo prefería no decirte nada, no usar imágenes y esperar a que el Espíritu Santo pusiera en ti los sentimientos y el conocimiento de Jesucristo para que ese Abbá no saliera de la punta de los labios sino del fondo de tu corazón. Ese día empezar s a comprender lo que es la oración, la meditación de los hesicastas.

Ahora vete

El joven se quedó algunos días más en el monte Athos. La oración de Jesús le llevaba a los abismos, a veces al borde de una cierta locura. Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí, podía decir con san Pablo[5]. Delirio de humildad, de intercesión, de deseo de que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad[6]. Se hacía amor, se hacía fuego. La zarza ardiente ya no era para él una metéfora sino una realidad: Ardía pero sin consumirse[7]. Fenómenos extraños de luz visitaban su cuerpo. Algunos decía que le había visto andar sobre el agua o estar inmóvil a treinta centímetros del suelo...

Esta vez el padre Serafín se puso a gemir: ­Ya está bien! Ahora vete. Y le pidió que dejara Athos, que volviera a su casa y que viese allí lo que quedaba de esas bellas meditaciones hesicastas

El joven se fue. Volvió a su país. Lo encontraron más delgado y no vieron nada espiritual en su barba más bien sucia ni en su aspecto más bien descuidado... Pero la vista de su ciudad no le hizo olvidar la enseñanza de su staretz[8].

Cuando estaba muy agobiado, sin nada de tiempo, se sentaba como una montaña en la terraza del café. Cuando sentía en él orgullo o vanidad, se acordaba de la amapola y de nuevo su corazón se volvía hacia la luz que no pasa nunca. Cuando la tristeza, la cólera, el disgusto, invadía su alma, respiraba profundamente, como un océano, volvía a tomar aliento en el soplo de Dios, invocaba su nombre y murmuraba: Kyrie Eleison.

Cuando veía el sufrimiento de los seres humanos, su maldad y su impotencia para cambiar nada, se acordaba de la meditación de Abraham. Cuando le calumniaban, cuando decían de él todo tipo de infamias, era feliz meditando con Cristo...Exteriormente era un hombre como los demás. No intentaba tener aire de santo...

Había olvidado incluso que practicaba el método de oración hesicasta; simplemente intentaba amar a Dios cada momento y caminar en su presencia.




[1] Se sabe poco sobre la vida de Filón y, en general, la mayoría de los datos biográficos proceden de su propia obra, en especial de su libro autobiográfico Legatio ad Caium (Embajada a Cayo), así como del libro Antigüedades judías, de Flavio Josefo (XVIII. 8, § 1; comp. ib. XIX. 5, § 1; XX. 5, § 2). El único dato de su biografía que puede fecharse con seguridad es su intervención en la embajada que los judíos alejandrinos enviaron al emperador romano Calígula para solicitar su protección contra los ataques de los griegos de la ciudad. Esto tuvo lugar en el año 40. No se conocen las fechas exactas de su nacimiento ni de su muerte. El pensamiento de Filón concilia la filosofía griega y el judaísmo, que intenta armonizar mediante el método alegórico, que toma tanto de la tradición exegética judía como de la filosofía estoica. Su obra no tuvo gran aceptación ni entre los judíos ni entre los griegos. Sin embargo, fue recibida con entusiasmo por los primeros cristianos, que llegaron a tenerle por uno de los suyos. Eusebio de Cesarea llegó a creer que los Therapeutae, un grupo de ermitaños judíos de vida ascética que habitaban en el desierto egipcio que Filón describe en De vita contemplativa, eran en realidad una secta cristiana.
[2] Gen 15:5-6. 5
[3] Gen 18,16
[4] Lc 10, 22
[5] Gal 2, 20.
[6] 1 Tim 2, 24.
[7] Ex 3, 14.
[8] En la espiritualidad ortodoxa un staretz es un consejero espiritual que no necesariamente es un sacerdote. Se le reconoce por su piedad y le toma como guía en la vida espiritual.

Ilustración: Giovanni Battista Tiépolo, Abraham y los tres Angeles, óleo sobre tela, 197 x 151 cm, Museo del Prado (Madrid)

Natividad del Señor (Vigilia)

En la misa de la vigilia el Evangelio nos muestra con los pastores que dejan sin demora su rebaño, interrumpen su descanso y acuden a ver al Salvador que ha nacido. Por su parte la Virgen personifica la actitud contemplativa y profunda de quien, en silencio, contempla y adora el misterio guardando todas aquellas cosas y meditándolas en su corazón[1].

Existen verdades y acontecimientos que se pueden acoger mejor con el canto que con las palabras, y uno de ellos es precisamente la Navidad. Muchos villancicos cantan la pobreza en la que nació Jesús Con palabras sencillísimas, casi infantiles, se expresa el significado de la Navidad que el apóstol Pablo escribía a los cristianos de Corinto: Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza[2].

Hay infinitas formas de pobreza que, al menos una vez al año, vale la pena recordar, para no quedarnos siempre en la pobreza de los bienes materiales. Existe la pobreza de afectos, la pobreza de educación, la pobreza de quien ha sido privado de lo que le era más querido en el mundo, la pobreza de la esposa rechazada por el marido o del marido rechazado por la esposa; la pobreza de los esposos que no han podido tener hijos, de quien debe depender físicamente de otros. La pobreza de esperanza, de alegría. Finalmente la peor pobreza de todas, que es la pobreza de Dios.

Existen pobrezas, propias y ajenas, contra las cuales hay que luchar con todas las fuerzas, porque son pobrezas malas, deshumanizadoras, no queridas por Dios, fruto de la injusticia de los hombres; pero hay muchas formas de pobreza que no dependen de nosotros. Con estas últimas debemos reconciliarnos, no dejarnos aplastar por ellas, sino llevarlas con dignidad. Jesucristo eligió la pobreza; hay en ella un valor y una esperanza.

Otro canto navideño, quizá uno de los más conocidos alrededor del mundo es Noche de Paz. En su texto original, el autor escribió

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor.
Entre sus astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niñito Jesús.
Brilla la estrella de paz,
Brilla la estrella de paz.


El mensaje de este canto no está en las ideas que comunica (casi ausentes), sino en la atmósfera que crea: una atmósfera de silencio, de reverencia, de expectación. Nosotros tenemos una necesidad vital de silencio. La humanidad –la idea es de Kierkegaard, está enferma de estruendo.[3] La Navidad podría ser para alguno la ocasión de redescubrir la belleza de momentos de silencio, de calma, de diálogo consigo mismo o con las personas. Un texto de la liturgia navideña: Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía, tu Palabra omnipotente, oh Señor, saltó del cielo, desde el trono real[4], y san Ignacio de Antioquia llama a Jesucristo la Palabra salida del silencio[5]. También hoy, la palabra de Dios desciende allí donde encuentra un poco de silencio.

La Santísima Virgen es el modelo insuperable de este silencio adorador. Se nota una diferencia entre su actitud y la de los pastores. Los pastores se ponen en rápidamente en camino: Vayamos hasta Belén y veamos lo que ha sucedido, y vuelven glorificando a Dios y relatando a todos aquello que habían visto y oído. La Virgen calla. Ella, en realidad, no tiene palabras. Su silencio no es un sencillo callar; es silencio, es reverencia, es expectación ¡adoración!, es un silencio religioso, un estar dominada por la grandeza de la realidad.

Vieja y entrañable es la leyenda que resume éstos dos aspectos sobre los que hemos querido reflexionar esta tarde: pobreza y silencio. Entre los pastores que acudieron la noche de Navidad a adorar al Niño había uno tan pobrecito que no tenía nada que ofrecer y se avergonzaba mucho. Llegados a la gruta, todos rivalizaban para ofrecer sus regalos. María no sabía cómo hacer para recibirlos todos, al tener en brazos al Niño. Entonces, viendo al pastorcillo con las manos libres, le confió a él, por un momento, a Jesús. Tener las manos vacías fue su fortuna. Es la suerte más bella que podría sucedernos también a nosotros. Dejarnos encontrar en esta Navidad con el corazón tan pobre, tan vacío y silencioso que María, al vernos, pueda confiarnos también a nosotros su Niño.

[1] Cfr Lc 2, 8-19.
[2] 2 Co 8,9
[3] Los temas principales de la obra de Kierkegaard giran en torno al miedo existencial. Para él, "el ser humano es una síntesis de lo temporal y lo eterno, de lo finito y lo infinito, tal encuentro de antinomias en un solo ente (el ser humano) genera en tal ente la angustia". Según Kierkegaard, el hecho de que el deseo de inmortalidad que comúnmente tiene el ser humano contraste ante su finitud "no es la enfermedad mortal", ya que la angustia, si es 'reflexionada' resulta liberadora, pues hace notar al humano su situación. Lo grave y mortal —opina— es la desesperación. La solución es —en esto mantiene destellos de luteranismo— la fe, aunque de ningún modo una fe pasiva; se debe ser un "caballero de la fe", lo cual significa afrontar directamente la existencia, modificarla positivamente aunque "todo esté perdido".
[4] Sabiduría (18,14-15)
[5] Magn. 8,2

Ilustración: Francisco de Herrera, La Sagrada Familia (1636-1637), óleo sobre tela, 194 x 177 cm, Museo de Bellas Artes (Bilbao)

III Domingo de Adviento

Para más de alguno el color de la casulla que usamos hoy los sacerdotes será el motivo perfecto para hacer un chiste. Y los sacerdotes lo sabemos, y sabiéndolo obedecemos lo que nos indica la liturgia y subimos al altar a celebrar la Eucaristía vestidos… de rosa.

El color de la casulla significa muchas cosas: alegría, esperanza; un alto en el camino del adviento para volvernos a recordar que la llegada del Salvador ésta cerca. En realidad el color rosa es como el color de la aurora –es decir, del amanecer- que prepara la tierra para la llegada del Sol[1].

La liturgia de la Iglesia –y digo esto principalmente para todos aquellos que de vez en cuando vierten alguna crítica de esas amargas hacia ella, hacia la Iglesia- quiere que a través de los sentidos –el gusto, el tacto, la vista, el oído y el olfato- nos acerquemos a las cosas de Dios. Por eso la liturgia utiliza distintos olores y colores en cada uno de sus tiempos. La Iglesia sabe que somos humanos, y que las cosas las asimilamos más sencillamente si las podemos ver, tocar, oler.

El incienso –por ejemplo- que utilizamos en las celebraciones es un signo, el humo es como las oraciones que suben a la presencia de Dios[2].

Cuando el sacerdote se lava las manos antes de empezar la plegaria eucarística es otro signo, lo mismo cuando levanta las manos e invita a la asamblea a levantar el corazón al Señor.

La liturgia está llena de símbolos ¿sabemos descubrirlos? ¿Sabemos verlos con atención? Sorprende el esfuerzo y el ingenio que ponemos muchas veces para las cosas del mundo, y el poquito empeño que ponemos a veces para las cosas de Dios, cuando tendría que ser exactamente al revés, o por lo menos en la misma medida. Las cosas del mundo –la música, los deportes, el arte, etc.- no son malas, porque salen de la mente del hombre y el hombre fue hecho por Dios, sin embargo no son lo más importante en nuestra vida.

Si la liturgia de la Iglesia se preocupa por darnos lo mejor, lo óptimo, lo que más nos ayude a elevar nuestro corazón a Dios ¿cómo hemos de corresponder nosotros? Con un silencio reverente, con una actitud de respeto y de atención. Ojala que entendamos de una vez y para siempre que la parroquia, y concretamente la celebración de la Eucaristía no es lo mismo que ir al cine, o a los toros, o a un partido de fútbol o a echar un café con los amigos. Son realidades completamente distintas, que requieren actitudes distintas, y en saberlas diferenciarlas está nuestra madurez como católicos.

Vienen días –el tiempo de Navidad- en que habrá muchos signos. El morado de los ornamentos se cambiará por blanco. Volveremos a cantar el Gloria, el uso del incienso será más frecuente, etc. habrá muchos más elementos litúrgicos que nos ayudarán a entender que es un tiempo de alegría, de júbilo, de adoración, de acción de gracias.

Que la liturgia de la Iglesia encuentre nuestro corazón dispuesto, nuestro corazón abierto, nuestros sentidos expectantes, dispuestos a recibir aquello que nos quiere dar y a hacerlo vida en nuestro interior, para nuestro provecho espiritual pero sobre todo para honor y gloria de la Trinidad Santísima, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo por quienes somos, nos movemos y existimos[3].

[1] De dedos de rosa -rhododáctylos Eós- dice poéticamente homero en la Iliada.
[2] Suba mi oración delante de ti como el incienso (Sal 141, 2)
[3] Hech 17, 28a.

III Domingo de Adviento

Celebra la liturgia de la Iglesia el domingo Gaudete –el tercero del tiempo de Adviento- llamado así por la palabra latino del Introito que quiere decir Regocíjense[1].

En nuestra reflexión de la semana pasada, contábamos el comienzo de la historia de Samuel, el joven filósofo que visita el célebre monasterio del Monthe Athos con el deseo de conocer a los hesicastas y cómo el viejo padre Serafín le recomendaba aprender a meditar como la montaña. Así fue como el joven aprendió a florecer.

La meditación es ante todo un cimiento y eso es lo que le había enseñado la montaña. Pero la meditación es también una "orientación" y es lo que ahora le enseñaba la amapola: volverse hacia el sol, volverse desde lo más profundo de sí mismo hacia la luz. Hacer de ello la aspiración de toda su sangre, de toda su savia.

Esta orientación hacia lo Bello, hacia la Luz, le hacía a veces enrojecer como una amapola. Aprendió también que para permanecer bien orientada, la flor debía tener el tallo erguido. Comenzó, pues, a enderezar su columna vertebral. Esto le planteaba algunas dificultades porque había leído en ciertos textos de la Filocalia que el monje debía estar ligeramente curvado, con la mirada vuelta al corazón y las entrañas[2].

Cuando pidió una explicación al padre Serafín, los ojos del viejo le miraron con malicia. "Eso era para los forzudos de otros tiempos –le dijo- estaban llenos de energía y había que recordarles la humildad de la condición humana. Doblarse un poco el tiempo de la meditación no les hacía ningún daño... pero tú más bien tienes necesidad de energía y por tanto, en el tiempo de la meditación, enderézate, estate vigilante, ponte derecho vuelto hacia la luz, pero sin orgullo... además, si observas bien la amapola, te enseñará no sólo el enderezamiento del tallo sino además una cierta flexibilidad bajo las inspiraciones del viento y también una gran humildad".

En efecto la enseñanza de la amapola consistía también en su fugacidad, en su fragilidad. Había que aprender a florecer pero también a marchitarse. El joven comprendía así las palabras del profeta: Toda carne es como la hierba y su delicadeza es la de la flor de los campos. La hierba se seca, la flor se marchita... Las naciones son como una gota de agua de rocío en el borde de un cubo... Los jueces de la tierra apenas plantados, apenas arraigados..., se secan y la tempestad se los lleva como paja[3].

La montaña le había enseñado el sentido de la eternidad, la amapola le enseñaba la fragilidad del tiempo: meditar es conocer lo Eterno en la fragilidad del instante, un instante recto, bien orientado. Es florecer el tiempo en que se nos ha dado florecer, amar en el tiempo en que se nos ha dado amar, gratuitamente, sin por qué; puesto que ¿por qué florecen las amapolas?

Aprendía así a meditar sin objeto ni beneficio, por el placer de ser y de amar la luz. El amor tiene en sí mismo su propia recompensa, decía San Bernardo. La rosa florece porque florece, sin por qué, decía también Angelus Silesius[4].

La montaña florece en la amapola, pensaba el joven, todo el universo medita en mí. “Ojala pueda enrojecer de alegría todo el tiempo que dure mi vida". Este pensamiento era sin duda excesivo. El padre Serafín comenzó a sacudir a nuestro filósofo y de nuevo le cogió por el brazo. Lo llevó por un camino abrupto hasta el borde del mar, a una pequeña cala desierta. "Deja ya de rumiar como una vaca el sentido de las amapolas. Adquiere también el corazón marino. Aprende ahora a meditar como el océano".

(continuará).
[1] De las estaciones que se mantienen en Roma para representar los cuatro domingos de Adviento, la correspondiente a la basílica Vaticana se le asigna al Gaudete, ya que es el más importante de los cuatro domingos. Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos permitidos para ese día, como una expresión de alegría. La alegría de la espera se enfatiza por las constantes Aleluyas tanto en el Oficio como en la Misa a través de todo el Tiempo de Adviento. La Epístola nos incita a regocijarnos y nos urge a prepararnos para encontrarnos con el Salvador a través de oraciones y súplicas y de acciones de gracia, mientras que el Evangelio nos advierte que el Cordero de Dios está ahora entre nosotros, aunque parezca que no Le conocemos. El espíritu del Oficio y de la Liturgia a través de todo el Adviento es uno de espera y de preparación para la fiesta de Navidad así como para la segunda venida de Cristo.
[2] Filocalia o filokalia (en griego Φιλοκαλια, de φιλíα = afición, amor y de καλóς = bello, belleza ), es el nombre que recibe una colección ya clásica de textos dedicados a la mística y ascesis en la Iglesia Ortodoxa, uno de sus principales temas es el hesicasmo, es decir una forma de vida contemplativa en la que se busca la comunión con Dios por medio de la soledad, en la hesychía, es decir, en la tranquilidad interna y externa y en la oración continua. La hesiquía en los autores espirituales indica al mismo tiempo recogimiento, silencio, soledad exterior e interior unión con Dios.
[3] Cfr Is 40
[4] Angelus Silesius (25 de diciembre de 1624 – 9 de julio de 1677), fue un poeta religioso germano-polaco nacido en Breslau, en la antigua región alemana de Silesia (ahora parte de Polonia) en el seno de una familia luterana. Su verdadero nombre era Johann Scheffler pero es más conocido por su seudónimo, que eligió en honor de su región de nacimiento y con el cual firmaría todos sus poemas. En 1653 se convirtió al catolicismo, en 1661 fue ordenado sacerdote, convirtiéndose en asistente del obispo de Breslau. Después de una temporada en la Colegiata de San Matías de Breslau, sumido en la pobreza total, dado al ayuno y las prácticas ascéticas, muere a los 53 años de edad. Angelus SilesiusLa más importante y conocida de sus obras lleva el título de "Rimas espirituales: gnómicas y epigramáticas que conducen a la divina contemplación" (Geistreiche Sinn-und Schluss-reime, 1657) que después fue llamada El peregrino Querubínico" (Cherubinischer Wandersmann) considerada la obra más importante del misticismo europeo de la época. Esta obra es básicamente una colección de aforismos rimados imbuidos de una extraño panteísmo. Sus versos recorren los grandes temas y sutiles paradojas del misticismo cristiano desde esta perspectiva: la eternidad en el tiempo, la dependencia entre Dios y el hombre, el abismo insondable de Dios, el desprendimiento o la vacuidad y la pobreza espirituales, para lo cual Silesius se inspiró en obras de autores como Jakob Böhme, Meister Eckhart, Tauler, Blois, y San Juan de la Cruz. La belleza de su obra ha sido admirada por poetas tan importantes como Goethe y, más tardíamente, Jorge Luis Borges y su influencia se extiende a la obra de Schopenhauer, Wittgenstein o Heidegger.
Ilustración: Campo con amapolas. Arvhivo personal del father

Third Sunday of Advent

Some priest in some parish once received a package in the mail. When he opened it, it contained a book. The title surprised him: A Complaint Free World. The subtitle said, How to Stop Complaining and Start Enjoying the Life You Always Wanted. He asked himself: Is someone trying to tell me something?[1].

The book had a good point: we waste a lot of time and energy complaining. Usually our criticizing does no good. Instead of doing something positive, we complain to the wrong person about the wrong thing at the wrong time. And our complaints almost always involve a negative judgment on someone else –or some group of people. No wonder St. James tells us today: Do not complain, brothers and sisters, about one another, that you may not be judged.

Imagine how beautiful our lives would be if we could learn from John's example, just as we heard in our gospel today:

The blind regain their sight,
the lame walk,
lepers are cleansed,
the deaf hear,
the dead are raised and -most important of all- the poor have the good news proclaimed to them.


No matter what our present suffering, no matter what trial we are going through, no matter what disappointment has come upon us, we have cause for joy. We can replace complaining with rejoicing; St. John shows us how. He focused on Jesus. He saw everything in relation to him.

This is especially important in our families. Parents have to do their best to protect their children from negativity. I want to say this direct: We have to protect our children from negativity regarding the Mass. We can start complaining about the music or the homily or –God forgive us- about fellow parishioners. In the process we miss the incredible gift Jesus wants to give us: His Word, His own Body and Blood and Divinity. It is like sitting down to Christmas dinner and instead of appreciating the ham and sweet potatoes, we are upset because the salad isn't crisp. We get distracted by the minor stuff and miss what really matters.

Like John the Baptist we need to focus on Jesus. The hardships of prison, everything else that was wrong, he brushed it away like a fly. John shows us how we can replace negativity with joy. Today we lit the third candle of our Advent. It has a pink color that signifies rejoicing[2]. Our deliverance is very near. May we be among the poor who rejoice at this good news.

[1] Sunday 16th December, 2007: 3rd Sunday of Advent. Readings: Isaiah 35:1-6, 10. Lord, come and save us-Ps 145(146):6-10. James 5:7-10. Matthew 11:2-11.

[2] Gaudete Sunday is the third Sunday of Advent in the Christian calendar. It can fall on any date from 11 December to 17 December. The term Gaudete is broadly translated from Latin as Rejoice, a word that appears in the entrance antiphon (introit) of Masses held on this day: Rejoice in the Lord always; again I say, rejoice! The Lord is near. (Catholic Mass years A, B and C). On Gaudete Sunday rose coloured vestments may be worn instead of violet which is prescribed for every day in the season of Advent. In churches which have an Advent wreath, the rose coloured candle is lit in addition to two of the violet coloured candles which represent the first two Sundays of Advent. During the otherwise penitential season of Advent, the readings on the third Sunday emphasize the joyous anticipation of the Lord's coming.
Ilustration: Smiling angel Sourire de Reims at Cathedrale Notre Dame de Reims. The church took over 200 years to build in the 13th century. Reims

Nuestra Señora de Guadalupe

Celebramos ésta tarde, a la hora en que la Iglesia enciende sus lámparas en señal de recogimiento, de silencio, de expectación, a Santa María de Guadalupe[1]. Y lo hacemos precisamente dentro de la Eucaristía, como para resaltar –subrayar- que la devoción a la santísima Virgen María debe tener siempre a Cristo como inicio y fin. Él es el Alfa y el Omega.

La devoción a la Virgen no consiste solo en afirmaciones doctrinales o reflexiones, es una parte importante, pero no la única. Acudimos también a ella como acude un hijo a su madre: a pedir, a dar gracias, a hablar de lo que ha pasado a lo largo del día. Sin más.

La Virgen no es un mito fabricado por el espíritu humano, necesitado de la figura cálida de la mujer o del encanto de los valores femeninos. La Virgen María es una realidad.

Cuando la Iglesia promueve la devoción mariana, lo hace por obediencia al plan de Dios, quién determinó el hecho y los modos concretos de su Alianza con los hombres. El hombre podrá optar por el rechazo o la aceptación libre de esa Alianza, pero no podrá cambiar las modalidades de la misma. Y la Alianza tiene una modalidad mariana. Por tanto la Virgen no es una figura secundaria en la Historia de la salvación.

Desde luego nadie está obligado a un culto peculiar a un santo determinado, pero en la Iglesia Católica nadie está exento de la veneración a María. Ella es la Madre de Dios[2].

La Virgen no tiene ni puede tener un ciclo propio dentro del año cristiano. No obstante lo dicho hay un tiempo litúrgico en el cual la presencia de María es muy clara: en Adviento y Navidad. El Adviento es un tiempo especialmente mariano: se celebra la solemnidad de la Inmaculada y la solemnidad de la María, Madre de Dios en enero. La última semana del Adviento es toda una eclosión de María que se refleja en las lecturas y un momento especialmente apto para celebrar el culto a la Madre de Dios. La Cuaresma y el tiempo pascual tienen en la liturgia actual escaso color mariano. Sin embargo, en Semana Santa la presencia de la Virgen al pie de la cruz se hace patente así como en Pentecostés cuando los Apóstoles, presididos por la Virgen, reciben el Espíritu[3].

En fin, el contacto y la relación con la Virgen son posibles porque María es una persona real con quién se puede anudar vínculos personales hondos; ella es alguien que ofrece su amor e invita a la Alianza.

Quienes se aman, tienden espontáneamente a estar juntos, a conocerse con detenimiento, a confiarse la intimidad, a compartir dolores y alegrías, no se conforman con un contacto lejano, de vez en cuando.

Como el verdadero amor asemeja con la persona amada, el amor a nuestra Madre del Cielo nos conduce a imitar sus virtudes y sus valores. Su forma de ser, por decirlo en una palabra. La auténtica devoción mariana hace hombres con conciencia de misión y familias misioneras. Quién se vincula a María, experimenta -con ella y como ella- la urgencia de comunicar la Vida y la Verdad del Evangelio a los demás. Una devoción mariana pasiva y que no se intenta contagiar a otros es una caricatura de lo mariano.

La Virgen nos quiere ver comprometidos en la misma causa que dio sentido a su vida y esa causa exige generosidad, audacia, capacidad de iniciativa y de decisión, amor total. La Virgen necesita nuestras manos para que Cristo enamore a todos los corazones con los que vayamos conviviendo a lo largo de nuestra vida.
[1] La Virgen de Guadalupe es un icono religioso en México. Se la venera como una pintura en una tilma o ayate. Su origen se remonta a las apariciones —más de un siglo atrás, en 1531— de la Virgen María (madre de Jesucristo) al indígena mexicano san Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Antonio Valeriano (1520-1605) escribio en Nahuatl el relato de Juan Diego. Fue su amanuense, su condiscipulo, y su amigo en el Colegio de Santiago Tlaltelolco. Antonio Valeriano era sobrino carnal de Moctezuma, hijo de una hermana del Emperador que se llamo Papatzin. Papatzin fue celebre, porque fue la primera persona que se convirtio al Catolicismo en America. Fue la primera bautizada del continente. y tomó el nombre de Maria. Las apariciones fueron aceptadas como milagrosas por la Iglesia católica, yposteriormente se dio aceptación al culto de la Virgen de Guadalupe, otorgándole varios títulos y distinciones: patrona de la Ciudad de México (1737) , patrona de México (1895), patrona de América Latina (1945), patrona de los estudiantes del Perú (1951) por el papa Pío XII, reina de México y emperatriz de América (papa Juan Pablo II, en el año 2000). La basílica Nuestra Señora de Guadalupe es el segundo santuario cristiano más visitado del mundo (después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano), con más de 14 millones de visitantes todo el año en innumerables peregrinaciones desde todas las partes del país (corrección del texto de mi queridísimo amigo el Ing. Francisco Bricio Ochoa)
[2] En cualquier caso es fundamental siempre tener en cuenta que el único culto que la Iglesia tributa a Dios es el culto cristiano queriéndose decir con esto que el culto a la Virgen y el debido a los Santos está siempre supeditado y en subordinación al culto que se tributa a Cristo que es su punto necesario e imprescindible de referencia. Sin el culto a Cristo lo demás no tiene sentido. Los cristianos adoramos a un solo Dios, un solo Señor y reconocemos un solo bautismo.
[3] En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la BIENAVENTURADA MADRE DE DIOS, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y contempla, como en la más purísima imagen, lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser (SC, n. 103).

Ilustración: Francisco Martínez, Virgen de Guadalupe (pintada entre 1718 y 1757). Óleo sobre cobre. En la cartela inferior "Retrato de santa Maria Virgen de Guadalupe Patrona principal de nueva España. Jurada en México en / 27 de abril a".

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris