III Domingo de Adviento

Celebra la liturgia de la Iglesia el domingo Gaudete –el tercero del tiempo de Adviento- llamado así por la palabra latino del Introito que quiere decir Regocíjense[1].

En nuestra reflexión de la semana pasada, contábamos el comienzo de la historia de Samuel, el joven filósofo que visita el célebre monasterio del Monthe Athos con el deseo de conocer a los hesicastas y cómo el viejo padre Serafín le recomendaba aprender a meditar como la montaña. Así fue como el joven aprendió a florecer.

La meditación es ante todo un cimiento y eso es lo que le había enseñado la montaña. Pero la meditación es también una "orientación" y es lo que ahora le enseñaba la amapola: volverse hacia el sol, volverse desde lo más profundo de sí mismo hacia la luz. Hacer de ello la aspiración de toda su sangre, de toda su savia.

Esta orientación hacia lo Bello, hacia la Luz, le hacía a veces enrojecer como una amapola. Aprendió también que para permanecer bien orientada, la flor debía tener el tallo erguido. Comenzó, pues, a enderezar su columna vertebral. Esto le planteaba algunas dificultades porque había leído en ciertos textos de la Filocalia que el monje debía estar ligeramente curvado, con la mirada vuelta al corazón y las entrañas[2].

Cuando pidió una explicación al padre Serafín, los ojos del viejo le miraron con malicia. "Eso era para los forzudos de otros tiempos –le dijo- estaban llenos de energía y había que recordarles la humildad de la condición humana. Doblarse un poco el tiempo de la meditación no les hacía ningún daño... pero tú más bien tienes necesidad de energía y por tanto, en el tiempo de la meditación, enderézate, estate vigilante, ponte derecho vuelto hacia la luz, pero sin orgullo... además, si observas bien la amapola, te enseñará no sólo el enderezamiento del tallo sino además una cierta flexibilidad bajo las inspiraciones del viento y también una gran humildad".

En efecto la enseñanza de la amapola consistía también en su fugacidad, en su fragilidad. Había que aprender a florecer pero también a marchitarse. El joven comprendía así las palabras del profeta: Toda carne es como la hierba y su delicadeza es la de la flor de los campos. La hierba se seca, la flor se marchita... Las naciones son como una gota de agua de rocío en el borde de un cubo... Los jueces de la tierra apenas plantados, apenas arraigados..., se secan y la tempestad se los lleva como paja[3].

La montaña le había enseñado el sentido de la eternidad, la amapola le enseñaba la fragilidad del tiempo: meditar es conocer lo Eterno en la fragilidad del instante, un instante recto, bien orientado. Es florecer el tiempo en que se nos ha dado florecer, amar en el tiempo en que se nos ha dado amar, gratuitamente, sin por qué; puesto que ¿por qué florecen las amapolas?

Aprendía así a meditar sin objeto ni beneficio, por el placer de ser y de amar la luz. El amor tiene en sí mismo su propia recompensa, decía San Bernardo. La rosa florece porque florece, sin por qué, decía también Angelus Silesius[4].

La montaña florece en la amapola, pensaba el joven, todo el universo medita en mí. “Ojala pueda enrojecer de alegría todo el tiempo que dure mi vida". Este pensamiento era sin duda excesivo. El padre Serafín comenzó a sacudir a nuestro filósofo y de nuevo le cogió por el brazo. Lo llevó por un camino abrupto hasta el borde del mar, a una pequeña cala desierta. "Deja ya de rumiar como una vaca el sentido de las amapolas. Adquiere también el corazón marino. Aprende ahora a meditar como el océano".

(continuará).
[1] De las estaciones que se mantienen en Roma para representar los cuatro domingos de Adviento, la correspondiente a la basílica Vaticana se le asigna al Gaudete, ya que es el más importante de los cuatro domingos. Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos permitidos para ese día, como una expresión de alegría. La alegría de la espera se enfatiza por las constantes Aleluyas tanto en el Oficio como en la Misa a través de todo el Tiempo de Adviento. La Epístola nos incita a regocijarnos y nos urge a prepararnos para encontrarnos con el Salvador a través de oraciones y súplicas y de acciones de gracia, mientras que el Evangelio nos advierte que el Cordero de Dios está ahora entre nosotros, aunque parezca que no Le conocemos. El espíritu del Oficio y de la Liturgia a través de todo el Adviento es uno de espera y de preparación para la fiesta de Navidad así como para la segunda venida de Cristo.
[2] Filocalia o filokalia (en griego Φιλοκαλια, de φιλíα = afición, amor y de καλóς = bello, belleza ), es el nombre que recibe una colección ya clásica de textos dedicados a la mística y ascesis en la Iglesia Ortodoxa, uno de sus principales temas es el hesicasmo, es decir una forma de vida contemplativa en la que se busca la comunión con Dios por medio de la soledad, en la hesychía, es decir, en la tranquilidad interna y externa y en la oración continua. La hesiquía en los autores espirituales indica al mismo tiempo recogimiento, silencio, soledad exterior e interior unión con Dios.
[3] Cfr Is 40
[4] Angelus Silesius (25 de diciembre de 1624 – 9 de julio de 1677), fue un poeta religioso germano-polaco nacido en Breslau, en la antigua región alemana de Silesia (ahora parte de Polonia) en el seno de una familia luterana. Su verdadero nombre era Johann Scheffler pero es más conocido por su seudónimo, que eligió en honor de su región de nacimiento y con el cual firmaría todos sus poemas. En 1653 se convirtió al catolicismo, en 1661 fue ordenado sacerdote, convirtiéndose en asistente del obispo de Breslau. Después de una temporada en la Colegiata de San Matías de Breslau, sumido en la pobreza total, dado al ayuno y las prácticas ascéticas, muere a los 53 años de edad. Angelus SilesiusLa más importante y conocida de sus obras lleva el título de "Rimas espirituales: gnómicas y epigramáticas que conducen a la divina contemplación" (Geistreiche Sinn-und Schluss-reime, 1657) que después fue llamada El peregrino Querubínico" (Cherubinischer Wandersmann) considerada la obra más importante del misticismo europeo de la época. Esta obra es básicamente una colección de aforismos rimados imbuidos de una extraño panteísmo. Sus versos recorren los grandes temas y sutiles paradojas del misticismo cristiano desde esta perspectiva: la eternidad en el tiempo, la dependencia entre Dios y el hombre, el abismo insondable de Dios, el desprendimiento o la vacuidad y la pobreza espirituales, para lo cual Silesius se inspiró en obras de autores como Jakob Böhme, Meister Eckhart, Tauler, Blois, y San Juan de la Cruz. La belleza de su obra ha sido admirada por poetas tan importantes como Goethe y, más tardíamente, Jorge Luis Borges y su influencia se extiende a la obra de Schopenhauer, Wittgenstein o Heidegger.
Ilustración: Campo con amapolas. Arvhivo personal del father

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris