Fiesta de la Sagrada Familia

Una de las cosas más valoradas en nuestra sociedad es la familia. Así lo dicen las estadísticas. Luego resulta que esta valoración no es coherente ni en la vida privada ni en la pública. Así somos de frívolos y contradictorios. Nos dicen con frecuencia que la fe cristiana y la Iglesia están alejadas de la vida. Pero lo cierto es que nuestra fe es la gran aliada y el mejor apoyo de la familia[1].

Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre, nació, creció y vivió como hijo, en una verdadera familia. Creemos en el nacimiento virginal de Jesús, pero esto no es obstáculo para que imaginemos sus relaciones filiales con José y María. Jesús vivió y creció en el clima de amor y confianza de una familia como Dios manda.

La Iglesia nos invita a considerar esta familia de Jesús como una familia santa, la Sagrada Familia, santificada por la santidad de María y de José, santificada sobre todo por la presencia de Jesús, el Hijo de Dios.

Esta fiesta de la Familia de Belén y de Nazaret puede sugerimos muchas consideraciones. Y la primera podría ser ésta: la vida humana no es completa si no la vivimos en el seno de una familia unida por un amor firme y verdadero. Si los hombres estamos hechos a imagen y semejanza de Dios[2], esta semejanza no se cumple en un individuo aislado, o en una vida dominada por el egoísmo, sino que se cumple sólo en la vida familiar, donde varias personas viven unidas en una comunión de amor que sostiene, enriquece y alegra su vida.

Dios es así, una familia de Personas unidas en un amor inefable que es el Espíritu Santo. Y esa familia divina es la fuente y el modelo de nuestra vida y de todo lo que existe. La comunión en el amor es el caldo de cultivo de la vida. Del amor nacemos, en el amor encontramos la posibilidad de vivir y de crecer, el amor nos ayuda a descubrir la profundidad de la realidad, el amor nos impulsa a trabajar y a luchar por los demás. El amor nos llama constantemente a metas más altas, el amor es la mayor riqueza de nuestra vida personal, es ¡lo que hace girar al mundo!

Este amor que da vida nos tiene que venir de Dios. El Amor primero es el Espíritu Santo, y de este Amor nos viene la gracia de Dios en la que vivimos arraigados y de la cual recibimos la fuerza y el vigor de nuestra vida.

Uno de los objetivos más importantes de los cristianos en el siglo XXI será defender la familia como refugio y garantía de la humanidad del hombre, amenazada por manipulaciones, explotaciones e ideas científicas camufladas con las apariencias de un falso progresismo.

La defensa de la humanidad del hombre tiene que comenzar en la defensa de la familia verdadera, fundada en el matrimonio estable y fiel, construida sobre la base de un amor pleno y definitivo, entendida como la cuna y el clima indispensable para el nacimiento y el desarrollo verdaderamente humano de nuevas personas, engendradas y acogidas en el amor, instaladas en una experiencia amorosa de la realidad, donde se pueda vivir libremente, sin amenazas, con el gozo de poder abrirse a los demás y convivir con ellos en nuevos círculos de amor que se amplían sin fin hasta la vida eterna.


El final de un año civil y el inicio de otro puede ser una buena oportunidad para hacer una revisión serena sobre estos puntos tan importantes de nuestra vida cristiana y humana. Volver a Dios y volver a interpretar la vida humana a imagen del Dios trinitario, nos ayudará a descubrir y vivir la familia como un proceso de amor generoso y fiel que nos purifica, nos humaniza y nos personaliza y nos ayuda a descubrir los grandes horizontes la salvación en la comunión amorosa con Dios. La idolatría y el consumismo nos aparta de Dios y nos aparta también de nosotros mismos para llevamos hasta el abismo de la inseguridad radical que termina en el nihilismo y en la desesperanza[3].

[1] Homilía pronunciada el 30.XII.2007 Fiesta de la Sagrada Familia, en la parroquia de St. Matthew, en San Antonio, Texas.
[2] Gen 1. 26.
[3] Vale la pena echarle un vistazo a la célebre Carta a las familias, que en 1994 escribió SS Juan Pablo II. El texto completo en castellano puede consultarse en línea vistando www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_02021994_families_sp.html
Ilistración: ZURBARÁN, Francisco de Zurbarán, La Sagrada Familia (1659), óleo sobre tela, 121,4x97, Museo de las Bellas Artes, Budapest.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris