IV Domingo de Cuaresma

Cuando a lo largo del año litúrgico escuchamos en la Liturgia de la Palabra los relatos de las curaciones que realiza el Señor es natural que nos preguntemos por qué existe el dolor en el mundo, y cuál es el sentido del sufrimiento[1].

Sabemos por la Revelación[2] y las enseñanzas de la Iglesia que el origen de todas las desgracias de la humanidad es el pecado. Concretamente el pecado original y los sucesivos pecados personales. Sin embargo, esto no quiere decir que cada desgracia o enfermedad tenga su causa inmediata en el pecado personal, como si Dios enviara o permitiera los males en relación directa con cada pecado cometido. Dios no es un sargento con corazón de piedra y con un papel en la mano anotando todos y cada uno de nuestros errores para después castigarlos. Esa es una imagen de Dios tan extendida como equivocada [y perjudicial para la vida espiritual].

El dolor, que acompaña –¡tantas veces!- la vida de las personas buenas, puede ser un medio que Dios envía para purificarse de sus imperfecciones, para ejercitar y robustecer sus virtudes y para unirse a los padecimientos del Señor que, siendo inocente, cargó sobre sí el castigo que merecían nuestras faltas[3].

Paralelamente a éste no entender el sentido del dolor y del sufrimiento en nuestra vida, está la pérdida de la consciencia del pecado. Antes se hablaba de aborto y eutanasia, ahora se habla de interrupciones voluntarias de la vida… Antes se hablaba de adulterio, ahora se habla de aventuras. En otra época se habla de gula y destemplanza, ahora se dice ser gourmet; antes se habla de guerras, hoy de conflictos armados…

Para ambos problemas –es decir, para comprender por qué la existencia del dolor, y para tomar conciencia de lo que significa caminar lejos de Dios- existe una única solución: vivir cerca de la luz. El evangelio nos presenta a Jesús como la Luz del mundo[4] la Luz de los hombres que no solamente da vida a los ojos del ciego, sino que lo ilumina interiormente, llevándole a un acto de fe en su divinidad[5]. Lo escucharemos dentro de unos momentos en el Prefacio de la misa:

Cristo, nuestro Señor, se dignó hacerse hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo y los transformó en hijos adoptivos del Padre.

La invitación del Señor de éste domingo –y decimos invitación porque Dios no fuerza nunca a nadie a nada- es a vivir cerca de la luz, mediante la verdad, el esfuerzo personal, y la vida de la gracia que alcanzamos a través de los Sacramentos[6].

En éste tiempo de preparación hacia el alegre domingo de Pascua y en medio de nuestra celebración eucarística, le pedimos a Dios su ayuda y fortaleza para vivir como hijos de la luz, de cara siempre a la verdad. Y que la Santísima Virgen, Estrella de la Mañana [7]nos ayude en nuestra lucha y en nuestro camino hacia la casa del Padre ■

[1] Homilía pronunciada el 2.III.2008, IV Domingo del Tiempo de Cuaresma, en St. Matthew Catholic Church, San Antonio (Texas).
[2] Cfr Gen 3, 16-19; Rom 5, 12.
[3] Cfr Is 53,4; 1 Pet 2,24; 1 Ioh, 3.5.
[4] A propósito de éste titulo que la iglesia siempre ha dado al Señor, es interesante saber que existe la llama Iglesia "La Luz del Mundo", organización religiosa mundial con sede central en la ciudad de Guadalajara (México). Su nombre oficial es: Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad LA LUZ DEL MUNDO A.R. Dice ser la restauración de la primitiva iglesia cristiana fundada por Jesucristo. La iglesia declara predicar e instruir a sus miembros en los altos valores de la paz y el amor a Dios, así como en la fraternidad y el respeto a sus semejantes y a su idiosincrasia, "llevar a cualquier persona sin distinción alguna" el mensaje de la "salvación mediante la fe en Cristo Jesús". La Iglesia está registrada como Asociación Religiosa en México ante las autoridades de la Secretaria de Gobernación a partir del año 1993, año en que se reconoce personalidad jurídica a las iglesias en México por parte de su gobierno. Según la Luz del Mundo, dice tener más de 5 millones de feligreses esparcidos en 42 países alrededor del mundo. El sitio oficial es:http://www.lldm.org/2007
[5] v. 38.
[6] San Agustin lo enseñaba a aquellos que lo escuchaban entrañables palabras: [Señor] Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no tuvieran su origen en ti no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; te probé y siento hambre y sed hambre y sed de ti; me tocaste, y me abrasé en tu paz .
[7] Las expresiones Stella matutina, stella Marina, Lux matutina así como stella maris son usadas por San Bernardo a lo largo de sus sermones para explicar el significado del nombre de María, la virgen.
Ilustración: La escena tiene sin duda su centro en los lienzos que envuelven a Lázaro y el gesto de la mano del Señor y la energía que emana del mandato mismo del Señor: Lázaro: sal fuera
Giotto di Bondone, Escenas de la Vida de Cristo. La resurrección de Lázaro (1304-06), Fresco, 200 x 185 cm, Cappella Scrovegni (Padua).

Fourth Sunday of Lent

The Fourth Gospel, the Gospel of John, presents this intricate little drama in its ninth chapter as a call for us all to allow the Lord to open our eyes. The Temple leaders and Pharisees were too concerned with themselves to do this. They were not going to have some commoner from Nazareth upset their lifestyle. We are all tempted to do the same thing ourselves. We may be pretty settled in our family when we suddenly realize that our spouse or one of the children has a big problem. Our spouse, or one of our older children, college age, is drinking way too much for it not to be a problem. But it is so easy to close our eyes to this--maybe it will go away. We act as though it is asking too much for us to give of ourselves to solve the problem. We refused to see the Lord calling out to us in others. We don't see the whole picture. We are blind to his presence.

As another example, perhaps at work or in school we are confronted with people pushing us to make unchristian choices. We know that we could take a courageous stand and say "That is just not right, or even, That is not my style," but this would make for further conflict. We don't see the whole picture. This is our opportunity to really stand up for Christ. So, instead of making life difficult for ourselves, we go along with the crowd, in conversation if not also in deed. We end up being blind to God's presence calling us to give witness to the power of Christ in the world.

God's reality and our human perception of things do not necessarily match. Neither Jesse nor Samuel the prophet thought that the future king of Israel would be the most insignificant of Jesse's sons. No one expected the Messiah to be a commoner from Nazareth. We focus on our perceptions of what God should be like or how he should act. And we miss the big picture, his presence in our lives. Even in times of sickness, we expect God to heal us, when actually our sickness might be the very way that we draw closer to him. We expect God to solve our problems when actually these problems help us to keep a perspective on what really is important in life. By demanding how God should act, as the Pharisees did, we become blind to his presence among us.

Today, in the midst of the Eucharistic sacrifice, we pray for the grace to take steps from darkness into light ■
Ilustration: Illustrator of 'Bréviaire de Martin d'Aragon', David anointed by Samuel (15th century), Illumination, Bibliothéque Nationale de France (Paris).

Tercer Domingo de Cuaresma

El Evangelio de éste domingo es una invitación a la conversión, a la sencillez, a la alegría, y a dejar de lado la auto conmiseración, que no nos lleva sino a amarnos a nosotros mismos de una manera equivocada y alejarnos de los demás rápidamente[1].

A lo largo de nuestra existencia viviremos una larga sucesión de días y de noches; soportaremos las pruebas que el destino nos envíe; trabajaremos para los demás, ahora y el resto de nuestros días, sin descanso; y cuando llegue nuestra hora, nos iremos de este mundo sin una queja, y sólo cuando ya estemos en el otro lado, diremos cuánto hemos sufrido, cuánto hemos llorado, lo amarga que ha sido nuestra vida, las traiciones que hemos sufrido y Dios se apiadara de nosotros, y nos concederá a los dos una nueva vida llena de luz, amable, hermosa. Y nos alegraremos y miraremos atrás recordando nuestros sufrimientos...y sonreiremos…

Es cierto que vivimos en el dolor, y hay quien piensa que "no hay amante más ducho que aquel que ha sufrido mucho". Hay quien piensa que somos pecadores y, por lo tanto merecedores del castigo: hay que pagar la culpa. Estamos expulsados del Paraíso. Y, sin embargo, estamos hechos para ser felices, hoy y ahora.

A veces juzgamos nuestros actos, y los de los demás, por lo que vemos, por sus consecuencias visibles. Entonces, cuando las cosas salen mal, el que obedeció a la ley y cree que hizo lo correcto suele reaccionar con rebeldía (¡qué amargura la de esa gente con gran sentido del deber cuando, después de haber creído comprar con su virtud el cielo, se encuentran con que Dios no se vende!), y el que desobedeció suele refugiarse en el remordimiento, las "contriciones más impuras que las faltas", que decía Peguy[2].

Y cuando las cosas salen bien, brota a veces del alma una autosuficiencia tan impura en la virtud como en el pecado: el orgullo farisaico de la virtud "pagada de sí misma", o quizá el torpe cinismo del canalla triunfador…

Atención: la actitud y respuesta de aquella samaritana hacen posible el diálogo, y muestran la acogida que en su alma va teniendo la acción de la gracia: la misma aceptación de hablar con Cristo, que era judío, no deja de ser el primer paso de aquella conversión maravillosa.

¡Qué pena dan esas personas que regurgitan sus miserias, las colocan encima de la mesa una y otra vez impidiendo que eso sea un nutriente más! Hay algo enfermizo en todo eso.

Dios no es un sargento o un juez que impone sanciones. Por supuesto que cometemos equivocaciones y errores grandes, pero para eso está el pedir perdón, el rectificar y tirar hacia delante.

Tendríamos que ser todos mucho más conscientes de que vivimos a la sombra del gran sentimiento de la indulgencia de Dios. ¡Es así!: la mayoría de las personas que decimos vivir la fe, hemos de tener claro que siempre, y sobre todo al final, Dios no nos abandonará. Conciencia cierta de la salvación.

Tristemente en muchas personas hay mucho de escrupuloso, atormentado y algo resentido. El lenguaje de Dios es silencioso, que habla bajito, pero ofrece muchas señales: nos ha dado un empujón en tal ocasión gracias a un amigo, a un encuentro casual, a un libro, a un fracaso, incluso gracias a un accidente. En el caso de la mujer de Samaria….¡al ir a buscar agua al pozo!

La idea del Papa es grandiosa: “personalmente creo que Dios tiene un gran sentido del humor. A veces a uno le da un empujón y le dice ‘¡No te des tanta importancia!’”[3]

En realidad, el humor es un componente de la alegría de la creación. En muchas ocasiones de nuestra vida se nota que Dios también nos quiere impulsar a ser un poco más ligeros; a percibir la alegría; a descender de nuestro pedestal y a no olvidar el gusto por lo divertido. En otras palabras: que seamos un poco más ligeros, menos graves, menos de cartón piedra, que no echemos mano de gritos y tonterías de abuelo gruñón y cascarrabias y busquemos encontrarnos con el Señor en espíritu y en vedad[4] con la conciencia de que también debemos llevarlo a los demás: los Apóstoles, cuando fueron llamados, dejaron las redes, ésta mujer deja su cántaro y anuncia el Evangelio, y no llama solamente a uno, sino que remueve a toda la ciudad[5].

[1] 24.II. 2008, III Domingo de Cuaresma.
[2] Charles Péguy, nació en 1873 en Orleans (Loiret) y murió en 1914 en Villeroy (Seine et Marne), fue escritor, poeta y ensayista y es considerado uno de los principales escritores católicos modernos.
[3]
[4] Jn 4, 23.
[5] SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. Sobre S. Juan, 33.





Ilustración: Salvador Dalí, Da mihi bebere, from the "Biblia Sacra", published in 1969 by Rizzoli of Rome, containing 105 lithographs from original gouaches.

Third Sunday of Lent

The Third Sunday of Lent presents the long Gospel account of the meeting of Jesus with the Samaritan Woman at a well[1].

One important question: Why did this woman make such a radical change so quickly?

When Jesus encountered the woman, He broke the normal practice of Jews and ask her, a Samaritan, for assistance. A conversation follows between the two which seems to have a lot of give and take: I am shocked that you are asking me for water. If you knew who was asking you, you would ask him for water that would quench your thirst for eternity.

In the middle of all this, Jesus says something to the woman that causes her to allow him to change her life. He told her that He knew she was living with a man outside of marriage, and that she had been married five times before this. He told her that He knew she had been immoral and was continuing her sinful ways.

This caused the woman to change her life. Why? It doesn’t make sense that a Samaritan woman would be so impressed with the accusations of a Jewish man. There must be more to this. Jesus’ tone must have conveyed His concern for her. She must have felt that she was being addressed as a person, not as an object of scorn by Jews or even by men in general. Jesus’ tone must have said to her, My dear woman, you can be better than this. He speaks to her heart and her heart turns to Him.

You can be better than this.

Recently that phrase has been bouncing inside my head, not just as something I say to others, but as something I say to myself. I can be better this. I can be better than an immoral society that sees sex as a recreation and morality as a trite vestige of the past. I can be better than a society that seeks fulfillment in material possessions and condemns itself to the meaningless acquisition of stuff. Even if there have been times that I (and you) have not been different, have not been holy, for holiness is to be set aside, different for the Lord.

Perhaps, the problem is that we tend to see sin as either mortal or superficial fluff. So, if we haven’t committed a mortal sin, we think that we are not that bad and we don’t see the weight our behavior lays on ourselves, or on others. We don’t see the pain we are inflicting on the Body of Christ because, after all we just stubbed its toe; we didn’t amputate its foot. Maybe some of the reasons why we are not better is that I have not really tried hard to be better. Perhaps that temper, that lack of patience, that bad language on the road, etc, that you bring to reconciliation every time pops up again quickly because you are not convinced that you can be better than you have been. Perhaps, if you are involved in serious sin, you don’t go to confession because you have given up the fight and feel you will not be able to avoid the sin in the future. Maybe you are selling yourself short. Maybe I am too.

Jesus transformed the woman at the well because He was concerned about her. He wanted her to be the best person she could be. He told her that she could do it. And she heard His message screaming to her in her heart. She determined to change her life and then wanted to shout out to the world that she had an experience of the Messiah.

That is why we seek penance during Lent. That’s why we go to confession throughout the year. We know that Jesus loves us. We know that He cares for each of us individually. We know that He sees the bumps and bruises of our lives that we impose upon ourselves and others. He doesn’t condone our sins, be they big or little. He hurts for us. He wants us to be better. And His Love transforms us. We want to be better because we also want to have a constant experience of the Messiah’s love.

Our Lord makes us want to be better than we are. His overpowering love gives us the courage to change our lives and to embrace His Life. The blood that poured from his wounds on the passion has ignited our bodies with the fire of his Love.

You can be better than this, He says to us in the tender, warm voice of Love.

And we will be better.

[1] Sunday 24th February, 2008, 3rd Sunday of Lent. Readings: Exodus 17:3-7. If today you hear his voice, harden not your hearts-Ps 94(95):1-2, 6-9. Romans 5:1-2, 5-8. John 4:5-42.
Ilustration: Juan Patricio Morlete Ruiz (1713-1772), Christ consoled ( c. XVII), Museo Nacional del Arte, Mexico City.

II Domingo de Cuaresma

Es una realidad que cada vez tenemos menos tiempo para escuchar. No sabemos acercarnos con calma y sin prejuicios al corazón del otro. No acertamos a escuchar el mensaje que todo ser humano nos puede comunicar. Encerrados en nuestros propios problemas, pasamos junto a las personas, sin apenas detenernos a escuchar realmente a nadie. Se nos está olvidando el arte de escuchar[1].

En el verano del 2006 se estrenó Babel, cinta dirigida por González Iñárritu[2] y que trata, de manera magistral, el problema de comunicación entre los seres humanos. La película muestra un mundo de personas, en general buenas, con un problema común: la incomunicación y los efectos de la mala suerte sobre sus vidas. Viven en esa cárcel que es la falta de comunicación. Sin embargo, hay salida y se muestra en dos escenas que pueden rozar el ridículo más espantoso: el marido que ayuda a su esposa en medio de una chabola en Marruecos, y descubre que la quiere y necesita, y la de la pobre chica sordomuda, neurótica, sola, que, desnuda, es abrazada en silencio por un padre al que ya no le quedan palabras, pero que la entiende. Una escena más que es como un golpe inesperado, que rompe códigos, que no obedece a criterios, que sale del corazón de un hombre bueno: la secuencia en la que el marroquí que ha ayudado en su tragedia a ese matrimonio norteamericano se niega a aceptar el dinero que le ofrece él. Eso se llama dignidad, humanidad y grandeza.

No resulta tan extraño que a los cristianos se nos haya olvidado, en buena parte, que ser creyente es vivir escuchando a Jesús y, por Él, escuchando a los demás. Más aún: sólo desde esta escucha nace la verdadera fe cristiana.

Cuando en la montaña de la transfiguración los discípulos se asustan al sentirse envueltos por las sombras de una nube, sólo escuchan estas palabras: Éste es mi Hijo muy amado en quien tengo puestas mis complacencias, escúchenlo.

La experiencia de escuchar a Jesús hasta el fondo puede ser dolorosa, pero es sin duda apasionante. No es el que nosotros habíamos imaginado desde nuestros esquemas y tópicos piadosos. Su misterio se nos escapa. Casi sin darnos cuenta, nos va arrancando de seguridades que nos son muy queridas, para atraernos hacia una vida más auténtica para hacernos a su imagen y semejanza[3].

En medio del caos que podemos encontrar en medio del ambiente en el que vivimos, encontramos a alguien que dice la verdad última: Jesús, precisamente porque él es la Verdad[4]. Alguien que sabe por qué vivir y por qué morir. Hay algo que nos dice desde dentro que tiene razón, que en la vida y en el mensaje del Señor está la verdad que nuestro corazón tanto anhela encontrar.

Si perseveramos en una escucha paciente y sincera, nuestra vida empezará a iluminarse con una luz nueva, y comenzamos a ver las cosas con más claridad. Iremos descubriendo cuál es la manera más humana de enfrentarnos a los problemas de la vida y al misterio de la muerte. Nos daremos cuenta de los grandes errores que podemos cometer los humanos, y de las grandes infidelidades que de hecho cometemos los cristianos.

Hemos de cuidar más en nuestras comunidades cristianas la escucha fiel a Jesús, ¿cómo comprender bien la Palabra cuando se llega tarde y descuidadamente a la celebración Eucarística?

Escuchar con atención a Jesucristo nos puede curar de cegueras seculares, nos puede liberar de desalientos y cobardías casi inevitables y puede infundir nuevo vigor a nuestra fe.

[1] Homilía pronunciada el 17.II.2008, II Domingo del Tiempo de Cuaresma, en la parroquia de St. Matthew, en San Antonio (Texas).
[2] El guión es del mismo González Iñárritu y del escritor Guillermo Arriaga, y está protagonizada por Gael García Bernal, Brad Pitt, Cate Blanchett, Adriana Barraza y Koji Yakusho. La película se estrenó en Cannes en junio de 2006 y completa la Trilogía de la muerte de González Iñárritu, iniciada con Amores perros y continuada con 21 Gramos. Babel ganó el Globo de oro a la mejor película de drama en el año 2007 y fue candidata a seis premios Oscar, entre ellos mejor película y mejor director, aunque finalmente sólo consiguió el premio en la categoría de mejor banda sonora. El trailer puede verse en http://www.paramountpictures.com.mx/index.php?id=185
[3] Cfr Gen 1, 26.
[4] Cfr Jn 14, 6-14.
Ilustracion: Pieter Bruegel the Elder, The Tower of Babel (1563), Oil on oak panel, 114 x 155 cmKunsthistorisches Museum (Vienna).

Second Sunday of Lent

This a Sunday we should briefly reflect about the virtue of faith. Abraham, is presented as a model, and that is the type of faith that we are called to embrace[1].

Trough the grace of baptism we are called to be different from those elements of the world that do not make God their priority. We are called to leave the security of trusting in our land, or our stuff, and to put our faith completely in God, as Abraham did. We are called to be part of a new people, a new breed, who are radically different from the world. In other words: we are called to be holy, for that is what holiness is, being set apart for God[2].

In our Lord we have a great example: as the Man of Faith trusted completely in his Father's plan. The mysterious meeting on the mountain with Moses and Elijah strengthened His resolve to let God's plan take effect in Him. He would trust God to allow His Plan to be accomplished. And He would not let His disciples say anything about the vision until He had risen from the dead. We cannot come to any sort of understanding of Easter Sunday unless we experience Good Friday.

In the midst of our Eucharist we call out to Jesus as the paradigm of faith, and we ask Him for the courage to trust in God. We do not know how God is going to work out that unique reason for each of our existences; we do know that if we trust in him, he will find a way to use us to reflect His image in the world.

We can see everyday that people –family, neighbors, friends, partners, are thirst of divine words, are thirst of the God’s experience. If we trust in our Lord He will work in wonderful and mysterious ways through us, and we will be instruments of His peace.

Bear your share of hardship for the Gospel with the strength that comes from God, we heard in the second reading for today. It is tough being a Christian.

We cannot be part of the pagan world. At the same time, it is wonderful being a Christian, a son of God in the Catholic Church.

We have been given a great gift of strength, strength that comes from God. Can we withstand temptation? Yes, God gives us this strength. Can we withstand persecution, mockery for our beliefs? We do every day, every time we watch TV, go to the movies, read the newspaper or have any of the contact we must have with those who are closed to the spiritual. We would rather be mocked for believing than condemned to a hell of unbelief here and a terror of life without His love afterwards. We can bear our share of the hardship because He has given us the power to be holy.

Today, as we do every day, but particularly during the season of Lent, we pray for faith, the faith ob Abraham, of Isaac, of Jacob, the faith of the Son of God, our Lord Jesus Christ.

[1] Sunday 17th February, 2008, 2nd Sunday of Lent. Readings: Genesis 12:1-4. Lord, let your mercy be on us, as we place our trust in you.-Ps 32(33):4-5, 18-20, 22. 2 Timothy 1:8-10. Matthew 17:1-9. [Seven Founders of the Servites].
[2] Cfr MT 5:48.
Ilustration: The Company of Jesus commissioned from Vasari a cycle of frescoes for their own oratory in Cortona. (This oratory is now part of the Museo Diocesano.) The cycle, seen in the twelve lunettes on the walls, was intended to show the sacrifices offered by characters of the Old Testament, one on each wall. The cycle ends with the representation on the vault of three episodes from the New Testament, connecting the theme of the transition from the Old to the New Testament. These episodes depict the Transfiguration, the Descent in Limbo, and the Conversion of St Paul.

Cristofano Gherardi, Transfiguration (1555) Fresco, Museo Diocesano, Cortona.

Primer Domingo de Cuaresma

Cuando termina el relato que la liturgia nos propone para el primer domingo de Cuaresma, se suceden muchas preguntas: ¿por qué va Jesús al desierto? ¿Necesitaba realmente sacrificio y silencio? ¿No es Dios acaso, y por tanto no tenía pleno dominio sobre su cuerpo y sobre su mente?¿Por qué permite que se le acerque el Demonio?[1].

San Mateo lo dice claramente que fue conducido por el Espíritu. Es el Espíritu de Dios quien le lleva, quien le mueve a aquello. Y Jesús actúa dócilmente.

La actitud de la Iglesia –Madre y Maestra - a lo largo de todos estos días es muy similar: nos invita a que escuchemos al Espíritu de Dios que nos habla al corazón y tiene muchas cosas que decirnos.

El ayuno, el silencio, el sacrificio de estas semanas no es un mero capricho impuesto por el Papa y los Obispos a los que formamos parte de la Iglesia. Son una especie de llaves que nos van abriendo puertas de un camino; llaves que abren las cerraduras de nosotros mismos.

La Cuaresma no es el periodo anual en el que los católicos buscamos el dolor por el dolor. Más aún: la Cuaresma no es importante en sí misma, es importante como un camino o una preparación para los alegres días de la Pascua, la gran fiesta de los cristianos. Es esta una idea que debemos tener muy clara. La Cuaresma y el tiempo de Pascua son un tiempo oportuno de renovación.

Y es que como muchas veces no estamos conformes con nuestra existencia, anhelamos salir de nosotros mismos, ser otros, y en esa renovación hallar precisamente nuestra verdadera realidad.

En otras palabras: el deseo de renovación acompaña toda nuestra vida. El afán por cambiar de casa, de ropa, de médico, de trabajo ¿no es en el fondo un deseo de despojarse de uno mismo?

Sin embargo las realidades del mundo no pueden dar esa renovación que tanto buscamos. El mundo es un círculo cerrado en sí mismo. Nada logra abrirlo, excepto la persona de Jesucristo. En él Dios se hizo hombre, real y sinceramente, con todas las consecuencias. Él vivió como nosotros, sometido a las necesidades de la naturaleza y de la convivencia humana.

El Concilio Vaticano II lo dijo: «El Hijo de Dios, con su encarnación se ha unido (…) con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obro con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado»[2].

Éste primero domingo de Cuaresma es un momento muy bueno, muy oportuno, para comenzar esa tan deseada renovación.

Todos sabemos bien en qué cosas de nuestra vida tenemos que mejorar. Nuestra conciencia nos señala claramente aquellas actitudes que podemos y debemos cambiar.

Si estrenar casa, coche, ropa, libros, etc. a veces ilusiona tanto nuestro corazón y nuestra sensibilidad ¡qué será estrenar espíritu!

Digámoslo muchas veces a lo largo de éstos días a Jesús, haciendo nuestras las entrañables del rey David: Señor, crea en mi un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme[3].

[1] Homilía pronunciada el 10.II.2007, I Domingo de Cuaresma en St. Matthew Catholic Church, San Antonio (Texas).
[2] Gaudium et Spes, n. 22.
[3] Sal 50.

First Sunday of Lent

How does today's celebration of the First Sunday of Lent relate to the creation of man versus Jesus spending forty days in the desert? In Christ, both events have to do with temptation! Lent is a season of penance that has been set apart by the Catholic Church in memory of the forty days' fast of Our Lord Jesus in the desert and as a mean of sanctification for her members. Beginning on Ash Wednesday, Lent includes forty fasting days. The Lenten Season is a time to fast for the purpose of gaining spiritual strength in order to resist all forms of temptations[1].

Lent is a good time to ask oneself a number of questions: Where is life really leading me? Is the hope of eternal life my aspiration? Have I tried to grow in the life of the Spirit through prayer, reading the Word of God and meditating on it, receiving the Sacraments, self-denial? Have I been anxious to control my vices, my bad inclinations and passions, e.g., envy, love of food and drink? Have I been proud and boastful, thinking myself better in the sight of God and despising others as less important than myself?.

During today's Gospel Reading we heard that Jesus fasted for forty days and He was put to the test by Satan. This reading from the Scriptures provides us with clues as to how we can overcome sin. After fasting for forty days and forty nights, Jesus was awfully hungry. The forty days and nights may be symbolic of the 40 years in the desert when Israel endured a time of temptations and failure. Now, Jesus, the new Israel, is likewise being tempted in the desert.

Having entered into the Lenten Season, this is a time for us to review our beliefs and expectations. Do we demand that God provide for our basic needs while ignoring our spiritual needs? Do we impose demands upon God when we pray, ignoring the impact of such demands on our salvation, the impact upon those around us, and even the impact of such demands upon the Divine Will of God? There has to be a balance between asking the Lord for a blessing if it is according to His Divine Will and saying, "Give me, give me, give me!" And, do we have false hopes of a secular messianism, awaiting for what will never come to pass? Are we wasting valuable time that could be applied towards our spiritual growth, our sanctification in Christ?

This week, may we reflect on these things and ask the Holy Spirit to guide us in the truth so we may become as precious pearls to the Lord.


[1] Sunday 10th February, 2008, 1st Sunday of Lent. Readings: Genesis 2:7-9; 3:1-7. Be merciful, O Lord, for we have sinned-Ps 50(51):3-6, 12-14, 17. Romans 5:12-19. Matthew 4:1-11. [St Scholastica].

Ilustration: Dix chose to represent the third temptation of Jesus dealing with power and riches. The "kingdoms of the world and their splendors" are symbolized with imposing structures and made attractive by bathing them in brilliant light. However, the splendors of the world are dwarfed by the two silhouettes of Satan and Christ. The towering figure of Satan is enveloping the sitting Christ in a sinister scheme of deception. Leaning heavily on the still young Messiah, he presents his deal: "I will give you all these" for an act of idolatry. However, the initial sentiment of awe and fear is slowly retreating as the true nature of Satan comes to light. Not to be taken lightly, he is after all for the sitting Christ nothing more than an unpleasant incubus or a lifeless chimera. The gesture of Christ's right hand says it all. The rejection of the devil's offer is a matter of calm and humble determination -an act of divine will in human guise. This is the meaning of Christ's gesture. His countenance in Dix's portraits of Christ, however, is never that of a radiant young God. Dix saw in Jesus Christ the anguished, miserable and ugly representative of an evil humanity. He covered with irony all those who wanted him to be a "Ballet Dancer" pirouetting on the cross of human frailty. In most of Dix's evocations of the Passion, Christ is abandoned by God and human beings, the epitome of utter loneliness and anguish.
Otto Dix, Temptation of Jesus (1960), Litograph.

Miércoles de Ceniza.

Misericordia, Señor: hemos pecado. Ésta es la realidad de la condición humana. Ésta es la verdad que puede acercarnos a una auténtica reconciliación con Dios y con los hombres. No se trata de lastimar la autoestima de nadie, sino de penetrar –serenamente- en lo más hondo de nuestro corazón y revelar el misterio del sufrimiento y el dolor que nos ata desde hace siglos, miles de años, desde siempre. Si hay un Salmo en la Sagrada Escritura capaz de escudriñar todas esas raíces ocultas, vergonzosas y, a la vez, llenas de esperanza, ése es el Salmo 50. Junto al reconocimiento de lo que somos, viene también la solución al drama del ser humano: Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza[1].

A lo largo de estos días y a través de los medios de comunicación visto el entusiasmo con que se han ido anunciando y celebrando las fiestas del Carnaval en el mundo entero. ¿No resulta llamativo el detalle de tantas máscaras y disfraces?; ¿por qué se esconde el hombre? Más allá del divertimento de lo que puede significar lo grotescamente carnal frente a lo espiritual, hay otra realidad mucho más radical, que también tiene que ver con la carne, y que hoy, Miércoles de Ceniza, se nos recuerda: Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás.

Hoy la Iglesia nos invita al ayuno y a la abstinencia; nos recuerda, una vez más, que estamos llamados al amor, y a ejercitar ése amor. Y de la misma manera que un atleta necesita preparación, sacrificio, renuncia, etc., para así resultar vencedor en la competencia, nosotros también tenemos un torneo particular, sin embargo –y nos lo recuérdale Señor en el Evangelio- los frutos de nuestro entrenamiento hay que ponerlos en práctica no delante de los hombres para que nos aplaudan: el único que ha de saber de nuestros esfuerzos es el mismo Dios.

Todo es cuestión de amor. Vamos a recorrer junto a Jesús cuarenta días con sus noches, días en los que, si ponemos atención, iremos descubriendo lo más entrañable del misterio cristiano: un Dios hecho carne que va a entregarse por cada uno de nosotros. Por amor. Aquello que más nos duele, lo que a veces nos resulta insoportable, el dolor que parece nunca se va de nosotros, la traición que hemos podido sufrir, o la incomprensión que nos agobia en el corazón, ¡todo eso!, y mucho más, es lo que vamos a contemplar en la vida, en las palabras y, sobre todo, en el rostro amabilísimo de un Jesús que sale al encuentro y nos dice: he aquí que yo hago nuevas todas las cosas[2].

Ésta es la esperanza de la que nos alimentamos todos los días, y que nos hace recuperarnos de las cenizas de nuestra vida, lo único trascendente y que tiene valor: el amor que Dios ha depositado en cada uno de nosotros, y que hace que lo carnal entonces sí tenga sentido, porque es la misma carne que llevó Jesús, y aún le acompaña por toda la eternidad[3].

[1]Homilía pronunciada el 6.II.2007, Miércoles de Ceniza, en St. Matthew Catholic Church, en San Antonio (Texas).
[2] Cfr Apoc 21, 5.
[3] Et resurrexit tertia die, secundum Scripturas, et ascendit in caelum, sedet ad dexteram Patris. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios" (Mc 16, 19). El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf.Lc 24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch 10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch 1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16,12; Lc 24, 15; Jn 20, 14-15; 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch 1, 9; cf. también Lc 9, 34-35; Ex 13, 22) y por el cielo (cf. Lc 24, 51) donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch 2, 33; 7, 56; cf. también Sal 110, 1). Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo "como un abortivo" (1 Co 15, 8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol (cf. 1 Co 9, 1; Ga 1, 16) (Catecismo de la Iglesia Católica n. 659).
Ilustración: siguiendo una disposición vertical en las Tres Personas divinas encontramos en la historia del arte las llamadas Compassio Patris, que no son sino una especie de Piedad en donde el Padre recoge el cuerpo inerte de Cristo. Sus fuentes literarias estarían por un lado en la Biblia, tanto en la asunción de este altruismo por parte del padre: “...quiso Dios quebrantarle con padecimientos ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado...” Como en el ofrecimiento que de su muerte realiza Jesús al Padre eterno: “...En tus manos entrego mi Espíritu...”. Y por otro a los comentarios que a este respecto plasma en el siglo XIII San Buenaventura en su obra Lignum Vitae cuando expresa la condolencia del Padre ante su Hijo ensangrentado, buscando una prefiguración en Jacob y su sufrimiento cuando se le presenta la túnica manchada con la sangre de su hijo José. La más antigua fuente pictórica de esta obra la encontramos en el grabado de la Trinidad de A. Durero fechado en 1511 que se conserva en la Biblioteca Nacional.
Hans Multscher, Santísima Trinidad (1430) Alabastro, 28,5 x 16,3 cm, Liebighaus (Frankfurt)

Ash Wednesday

What do you mean? That’s a common question in conversation. It usually calls for a clarification or expresses a challenge. But for this once let’s ask the question existentially: Not what do you mean? but What do you mean?[1].

As a season in our life as Catholics, Lent faces us with that question. Our spiritual mother the Church reminds us of the limitations of our lives. Diamonds may be forever, but you and I definitely are not.

For us believers the good news of Jesus Christ is that our living and dying are not all there is. There is a new meaning for us in Jesus, in our life in him.

The danger is that we can act as if the surface details are all there is. We can behave as if they make up the whole meaning of our lives. In other words, we can sin. We sin when we behave in a way that denies the meaning of God in our lives and the meaning of our relationship to him in Jesus the Lord.

Thats why St. Paul, on Ash Wednesday, urges us to be reconciled. He challenges us to look at the Cross of Jesus and see what sin can do. But then Paul urges us to take heart in the cross and resurrection of Christ, to see what salvation can do. The saving action of Jesus helps us to die to sin and rise to new life with Jesus.

The season of Lent is for this work of the mystery of Baptism in our lives as Catholics. We are called to conversion, to a turning away from our own special idolatries and a turning toward the true God in Jesus Christ. Thats the meaning and purpose of prayer, fasting, and almsgiving, the three traditional Lenten practices of Catholics. These three ways of keeping Lent will take different forms in each of our lives, but they are never for their own sake, as Jesus points out when he warns us not to show off spiritually. We have ashes on our faces on Ash Wednesday to proclaim what we need (humility, truth, hope), and how good God is to give them to us.

We need to simplify. We need to get the focus back on the main point of lifes journey: life in the kingdom of God, now and forever. We need to say no to some of our distractions and indulgences, so that we are freer and more attentive to say yes to God as he meets us in our lives, especially through others.

In all these ways we can use the season of Lent to answer that question, What do you mean? We ask and answer the question as believers. So we ask Jesus, What do you want me to mean, to be, and to do for you?

And we also ask, Jesus, what do you want to mean to me? When we arrive at the end of Lent and celebrate the death and resurrection of Jesus for love of us, we will be able to embrace his answer, even as his answer embraces us in love.

Amen.

[1] Wednesday 6th February, 2008; Ash Wednesday. Day of fast and abstinence. [Ss Paul Miki and companions]. Readings: Joel 2:12-18. Be merciful, O Lord, for we have sinned-Ps 50(51):3-6, 12-14, 17. 2 Corinthians 5:20 – 6:2. Matthew 6:1-6, 16-18.
Illustration: If Pieter Bruegel the Elder enjoyed a solid reputation during his lifetime, his paintings were "even more sought after following his death" (in 1569), as Provost Morillon wrote to Cardinal de Granvelle as early as 1572. It is probably this constant demand which led the famous painter's oldest son, registered as a master in the Antwerp guild in 1584/85, to specialise in copying his father's works. The Battle of Carnival and Lent, the original of which is conserved in Vienna, is a very fine example of this. The subject matter can be found in medieval literature and plays. In the foreground, two opposing processions, the one to the left led by the replete figure of Carnival and the one to the right by the haggard figure of Lent, are about to confront each other in a burlesque parody of a joust. Here, on either side of the picture, are feasting and fasting, winter and spring (the trees to the left are leafless, those to the right have leaves), popular jollity and well-ordered charity, the ill-famed tavern and the church as the refuge of the pious soul. Whilst the father's work was not lacking in humour, the son's emphasises the encyclopaedic aspect: the many scenes accompanying the "battle" are all ceremonies or customs attached to the rites of carnival and lent, which succeed each other from Epiphany until Easter. One intriguing element for which no satisfactory explanation has yet been found is the fool guiding a couple with a torch in broad daylight in the centre of the composition. The group is walking towards the right, but with its back turned both to Carnival and the viewer.The smooth pictorial handling, the richness of the chromatic range and the subtlety of the colours, as well as the extreme care given to each detail make Brueghel the Younger's painting much more than a simple copy. In addition to its own qualities, the painting also acts as a precious witness to the original state of its model: the children lying at the entrance to the church, the old woman bent double in the cart drawn by a poor woman in rags, and the bloated body of the corpse in the right foreground have all been painted over out of prudishness at a later date on the Vienna panel. The cripple standing with a naked torso on the far right of the son's copy is also absent in the original.
Pieter Brueghel the Younger, Battle of Carnival and Lent, Oil on wood, 121,3 x 171,5 cm, Musées Royaux des Beaux-Arts (Brussels).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris