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Las verdaderas soluciones no son las que imponemos a la vida conforme a nuestras teorías, sino las que la vida misma ofrece a los que se disponen a recibir la verdad. En consecuencia, nuestra tarea es disociarnos de todos los que tienen teorías que prometen soluciones claras e infalibles, y desconfiar de todas las teorías semejantes, no con espíritu de negación y derrota, sino más bien confiando en la vida misma y en la naturaleza, y, si usted me lo permite, en Dios sobre todo. Pues desde que el hombre ha decidido ocupar el sitio de Dios, se ha mostrado como el más ciego, el más cruel, el más mezquino y el más ridículo de todos los dioses falsos • T. Merton, Incursiones en lo indecible, 50.       

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris