nEw-Old-IdEas


Mira, Señor, mi alma distraída
en mil preocupaciones de esta tierra:
trabajo, compañeros, amigos y familia,
asuntos personales
de escasa trascendencia para el alma.
Y Tú no estás presente
en buena parte de ellos.

¡Qué tonto soy, Jesús, que no te hago entrar
en todos los asuntos de mi vida…!
Si cuando estás, ya se
que todo se revela más sencillo.

La sombra de tu Cruz en mis asuntos
trastoca todo el orden e importancia.
Se vuelven más sencillos los problemas,
amables las palabras y dulces las miradas.
Abrazo, como hermano, al enemigo;
se vuelven comprensibles las flaquezas…

Mira, Señor, mi alma distraída
en mil preocupaciones de esta tierra:
requiero tu presencia en todas ellas

para divinizar mis pensamientos 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris