Mi gentil abejita,
abejita de Pascua,
hoy por ti guardo un verso,
que me sale del alma.

Limosnera de amor
que las flores emanan,
te alimentas de esencias,
de belleza te sacias.

Vas libando jardines
y volando montañas,
y en dulzura y servicio
tu comida la cambias.

De perfumes te sacias,
y la miel nos regalas;
y nos das cera virgen
para hacer nuestra lámpara.

Por el Cirio te canto,
por su fúlgida llama:
tú lo hiciste, amorosa,
con tu enjambre de hermanas.

Eres carne de Cristo
en la cera sagrada,
sacramento y fulgor
que hacia el cielo se alza.

Abejita sin nombre,
madrecita cargada,
tú lo hiciste en miríadas,
como obrera agraciada.

Y esta Noche de gloria
es tu Noche esperada,
madre abeja presente,
dulcemente cantada.

Para ti hoy desciende
de Jesús en la patria,
bendición y hermosura
y ternura a tus alas.

Mi pequeña abejita,
eres luz y alabanza:
en el mundo universo
¡eres Cirio de Pascua!

P. Rufino María Grández, ofmcap.

Cuautitlán Izcalli, 19 de marzo de 2005

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris