La Virgen María y la Eucaristía


Los esclavos de la tierra,
muertos de sed y de hambre,
de ambiciones de gobiernos,
de oficios y dignidades,

ni están hartos ni contentos,
porque el mundo miserable
les da por sustento polvo,
y para bebida el aire.

Mas quien es esclavo vuestro,
Sacramento venerable,
anda tan harto y contento,
que puede el cielo envidiarle.

Sois pan que bajó del cielo
de bendición admirable,
que dio hartura y que cubrió
del mundo las cuatro partes.

Pan de leche que masaron
Las entrañas virginales
de una soberana Niña
de los ojos de su Padre.

Sois pan supersustancial,
y sois soberana carne
del Cordero de Sión,
que los siete sellos abre.

Cordero que asó el amor
aquel Viernes por la tarde
para su gran Padre Eterno,
que comen tarde los grandes.

Sois bebida en que les dio
tan divino oro potable,
que de sus entrañas Cristo
sus pelícanos los hace.

Sois confección de jacintos,
de perlas y de corales,
la humanidad son rubíes,
la divinidad diamantes.

Que aunque diamantes en polvo
por veneno suelen darse,
al que no le prueban bien,
bien puede ser que le maten.

Dichosos esclavos son
los que las cadenas traen
de vuestro amor, Pan de vida,
pues les dais hasta la Sangre.

Por amores de los hombres
forma de esclavo tomasteis,
profecía que nos dijo,
cuando lo fue, vuestra Madre.

Que era esclava del Señor
dijo la Virgen al Ángel;
pues si de esclava nacisteis,
tened por bien que os lo llamen.

No por serlo, porque sois
vos y vuestro Padre iguales,
que no habéis hurtado el ser
de vuestro Divino Padre,

sino porque vos quisisteis
que tanto se aniquilase,
que quien no pudo pecar
representase su imagen.

Pan de vida, pues, que sois
sello del Ser inmutable
de Dios y en cerco pequeño
su divina Esencia cabe,

selladnos de vuestras letras,
para que ellas nos aparten
de los esclavos del mundo
con diferencia notable.

Y porque cuando la muerte
las prisiones nos desate,
nos deis libertad en Vos,
que es la vida perdurable
Lope de Vega

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris