neW-olD-iDeaS

Creo que si tuviera que morirme dentro de un rato, lo que más sentiría sería  ver la poca madurez que ha alcanzado mi vida. No he alcanzado mi destino. Muchas cosas que debían fructificar en mí, no han dado nada... Respecto a mi vida espiritual, me encuentro abrumado ante todo lo que he recibido y lo que he desperdiciado durante tantos años. Vivo los restos del festín que he desperdiciado. Nadie sospecha el fondo de mi tristeza. ¿Cómo diría yo? Es imposible explicarlo, hasta parece ridículo. Pero voy a decirlo sencillamente. Quisiera ser un santo. Eso es todo. Es imposible decir más. He perdido una gran parte de mi vida. Me doy perfecta cuenta de que en todos mis actos no soy lo que quisiera ser. Ese ser que quisiera llegar a ser existe en mí, y está triste y su tristeza es la mía Escándalo de la verdad, Jean Danielou.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris