neW-olD-iDeAS

El signo de una ascesis enfermiza aparece cuando el ser humano se enfada consigo mismo. Lucha contra sí mismo, porque no puede asumir lo que ha descubierto en su interior. Una ascesis sana parte siempre de la aceptación de uno mismo. Solo puedo transformar lo que he aceptado. Sólo puedo avanzar si acepto ante mí mismo dónde me encuentro. Hay personas que se identifican con altos ideales. Se las puede comparar con aquellos que cuelgan de una barra fija sin tocar el suelo. Pueden hacer todos los esfuerzos que quieran, pero nunca subirán más arriba. La causa del duro juicio que tienen de sí mismas radica en que las personas no han descubierto la imagen de Dios en ellas y persiguen una imagen ideal que se han fabricado. Sólo cuando reconozca que me encuentro en el nivel más bajo, puedo subir paso a paso. La ascesis insana parte de ideales externos, sin tener en cuenta la estructura del alma humana. Violenta el alma y el cuerpo. La ascesis sana, por el contrario, ejercita lo que hay y extrae de dentro las fuerzas que Dios ha depositado en nosotros. Tiene en cuenta la psique humana y trabaja en ella para que llegue a ser sana e íntegra A. Grün, Un largo y gozoso camino. Las claves de mi vida, Sal Terrae, 2004.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris