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Cristo es un misterio imposible de intuir sin su Espíritu Santo, que nos da "los ojos de la fe", para que realmente veamos en el amor lo que es, no ya en nosotros mismos, sino en la Iglesia, por la que nosotros debemos superar mediante la renuncia a nuestro punto de vista particular. Así, el salto a las alturas que posibilita la visión es también siempre un salto en lo invisible y así, y sólo así, la osadía siempre nueva del corazón es a al final el encuentro con el Amor absoluto  Hans Urs von Balthasar, Gloria. Una estética teológica. Parte segunda: Formas de estilo. Vol 3. Estilos laicales, Madrid 1986, 236).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris