Tú Señor,
me has seducido
y yo me dejé,
me has forzado
y has sido más fuerte,
más fuerte que yo.

Pero ves Señor,
ahora soy motivo de risa
todo el día se burlan de mi
porque yo, ¡me he enamorado de Ti!

¡Tú me has seducido Señor!
y yo me dejé seducir,
me has forzado
y has sido mas fuerte que yo
ahora soy sólo para Ti.

Ya ves Señor tu palabra
ha sido humillación
y sacrificios,
por eso, resolví
no hablar más en Tu Nombre
ni volverte a mencionar,
pero, había en mi
como un fuego ardiente
en mi corazón,
prendido a mis entrañas
y aunque ahogarlo yo quería
no podía contenerlo.

¡Tú me has fascinado Jesús!
y yo me dejé enamorar
he luchado contra ti,
contra todo lo que siento,

¡Pero has vencido Tú!,
¡Pero, has vencido Tú!, ¡Tú!


• Hermana Glenda

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris