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Y qué es entonces? [...] Pregunté a la tierra y me dijo: “no soy yo”, y todas las cosas que hay en ella me confiesan lo  mismo. Pregunté al mar y a los abismos y a los reptiles de alma viva y me respondieron: “no somos tu Dios, búscale por encima de  nosotros” [...] Entonces pregunté al sol, a la luna y a las estrellas. “Tampoco somos nosotros tu Dios que buscas”, me respondieron [...] Dije entonces a todas las cosas que están fuera de las puertas de mi casa: “decidme algo de mi Dios, ya que vosotros no lo sois, decidme algo de él”. Y todas exclamaron con gran voz: “Él nos hahecho” • San Agustin, Confesiones, Libro X. cap. 6.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris