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Quizá nos quedemos encerrados algunas veces, sin posibilidad de tomar aires nuevos (o viejos), sin derroteros o sendas para andar. Esto puede ser muy frecuente en las horas que no dejan respiro o que repiten las mismas "melodías" o vuelcan las copias de dichos pasados en la frialdad de un papel muerto... Pero la realidad no es esto que leo con mis sentidos quizá turbados. La realidad no es lo que llega sin aureola o sin profundidad. No, no es lo que estoy viendo o padeciendo ahora, porque lo REAL siempre está escondido y respira muy hondo donde no acierto a imaginar y mucho menos a encerrar... Sí, lo REAL. Miras para un lado o para otro y nada distingues y hasta puedes quedar sumergido en algún sueño. Pero, es preciso descubrir lo REAL más allá de cualquier desengaño o desesperación o desilusión. Porque esto que me aprisiona, esto que me limita no es mi camino ni "el" camino. Nada ni nadie nos detiene. La "aspiración" profunda en la plegaria, en la vida, es "soplo" de Dios. En un sólo instante, en menos de un instante, por gracia del Altísimo descubrimos lo REAL y desvelamos el corazón más allá de las fronteras repetidoras y asfixiantes. Siempre amanece... Más alto que el sol y todas las estrellas y más cerca que cualquier inmediatez imaginable o no.  Sigamos, pues, nuestra peregrinación, que no estamos aquí ni más allá... "¡Señor, mándanos ir a Tí caminando sobre el agua!"... ¡Hombre de poca Fe nunca dudes! Alberto E. Justo

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris