La Pascua de los Judíos,
presagio de la otra Pascua.
¿Dónde habrá pan abundante
para esta asamblea santa?

Lo decía en plan de prueba
Jesús cuando preguntaba,
que el Panadero sabía,
dónde el Pan vivo guardaba.

Con divina majestad,
les dijo que se sentaran.
Las aguas de primavera
el césped hermoseaban,
que era un banquete mesiánico
el que Jesús nos brindaba.

Un muchacho en su mochila
cinco panes de cebada
y dos pescados recientes
de provisión los llevaba.

 Tomó Jesús el regalo:
los panes…, y dio las gracias
al Padre de la ternura
que todo don nos regala.

 A Jesús miren los ojos,
mírenlos… qué luz les baña,
que es oración sacramento
la oración de su mirada.

 La Iglesia que a Dios celebra
era la gente sentada,
cinco mil eran los hombres…
aquella tarde dorada…

 Y Jesús, el Limosnero
del Padre que cuida y ama,
en persona, con sus manos,
el Pan vivo regalaba.

Doce canastos sobraron
del festín de la abundancia;
que no se pierdan los panes,
que otros lo necesitaban.

 Así fue el regio banquete,
de aquella Pascua cercana.
Quisieron hacerle Rey,
pero él huyó a la montaña 

Tlalpan, Verbo Encarnado, 21 julio 2009.

Fr. Rufino María Grández

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris