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Si estuviera más atento a la Palabra de Dios, estaría mucho menos preocupado y desasosegado por los sucesos de nuestro tiempo; no es que fuera a estar indiferente ni pasivo, sino que podría ganar fuerza unificadora con las corrientes sagradas, que casi siempre corren en oposición a las de la superficie • T. Merton (mayo 1965)

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris