Mi Amado para mí
y yo para mi Amado.

Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.

Y yo sigo mirando
tu cuerpo deseado;
cuando me llegue el día,
recíbeme en tus brazos.

Lucero que te fuiste
con gran amor amado,
en tu Gloria dormimos
y en sueños te adoramos.

Mi Amado para mí
y yo para mi Amado.
Amen


P. Rufino Mª Grández, ofmcap.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris