Misterio original, final misterio,
misterio personal que nos cobija,
oh diálogo de amor, jamás callado,
eterno Dios, oh Dios de toda vida,
¡oh santa Trinidad!

Oh Padre…, Padre…, Padre de los cielos,
feliz quien te pronuncia, quien te mira,
y al lado de tu Hijo, en tu regazo,
se sabe tuyo y siente tu caricia,
¡oh santa Trinidad!

Oh Hijo, igual al Padre, Hermano santo,
belleza y resplandor de su sonrisa,
oh Verbo, Redentor con sangre humana,
del Padre el corazón y la medida,
¡oh santa Trinidad!

Oh Espíritu, corona del secreto,
ultimidad donada, gracia viva,
deleite sustancial en Dios persona,
amor que todo invade y santifica,
¡oh santa Trinidad!

Oh amable Trinidad que nos creaste
y a verte cara a cara nos destinas,
descubre tu presencia a nuestros ojos
y en tu unidad reúne a tu familia,
¡oh santa Trinidad!

Oh Dios en quien vivimos, te alabamos,
oh sumo Dios, mayor que toda dicha,
oh santa Trinidad, festín celeste,
divinas Tres Personas, oh delicia,
¡oh santa Trinidad!

P. Rufino Mª Grández, ofmcap.
Jerusalén, en las I Vísperas 
de la solemnidad de la Santísima Trinidad,
(14 mayo 1986)

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris