En Ti, Jesús, mi cepa y savia,
en Ti la vena de mi vida,
en Ti el divino manantial,
en Ti mi ser vive y respira,
Jesús, dulzura de sentidos,
sustancia mía compartida.

Jesús, verdad por Ti contada,
narrada en bella alegoría:
el tronco-cepa lo eres Tú,
caudal secreto de energía,
y yo, nacido en tus entrañas,
yo soy sarmiento de la viña.

Morar en Ti siendo habitado,
permanecer sin fin de días,
y orar contigo al Padre amado,
perder mi yo cuando se agita:
tal es, Jesús, tu invitación
y tal, Señor, mi entera dicha.

Intimidad en tu palabra,
y amor pascual al que convidas,
Jesús, confín de mis deseos,
el Tú que al alma pacifica,
que seas Tú mi eterna alianza,
mi gracia pura y mi medida.

Acoge en tu bondad mi ofrenda
contigo al Padre está ofrecida;
Tú eres paz y comunión
plegaria libre siempre oída.
La gloria y fruto al Padre sea
Jesús, autor de maravillas. Amén

P. Rufino María Grández, ofmcap.

9 mayo 2007

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris