nEw-Old-IdeAs


Las apariencias. A pesar de cuanto exteriormente pueda agobiarnos, la vida profunda se cumple en nuestro interior. Solo ahí. En un instante todo puede comenzar, como una aurora, renovándose por gracia de Dios. Volvamos incesantemente a casa, a nuestro claustro interior -que nadie puede demoler- a ese santuario vivo, que no es otra cosa que la Morada de Dios Ermitaño urbano

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris