En dónde moras, Señor,
que anhelo tu compañía,
e intuyo lo que sería
enamorado en tu amor...?

Yo moro en la intimidad
de la noche silenciosa,
en el diálogo callado
y la oración amorosa.
Yo moro donde el Espíritu
se hace nube esplendorosa,
y baja como en María
a fecundar a la esposa.

Yo moro en la fe probada
del pobre que al cielo llora
y sin triunfar con palabras
en el Padre se abandona.
Mi morada trinitaria
se ha hecho cuna sin corona,
y en la humildad van mis huellas
como pétalos de rosas.

Lo pequeño es mi grandeza,
lo débil mi fuerza toda.
la cruz es resurrección
en donde la vida brota.
Pentecostés es el fuego
del amor que se desborda;
yo moro en la suma paz,
la paz es mi eterna hora.

Yo habito en tu corazón
con presencia creadora
y en la santa comunión
yo soy tú..., silencio, adora.
Y confía a lo infinito
que tu despojo es mi obra,
sin ti sería infeliz,
contigo el Verbo se goza. Amén

P. Rufino Mª Grández, ofmcap.

Puebla, 12 enero 2012.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris