¡Venid y vamos todos!


laeti triumphantes,
venite, venite in Bethlehem!
Natum videte,
Regem angelorum.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoramus Dominum!
Venite, adoramus Dominum!

En grege relicto
humiles ad cunas,
vocati pastores adproperant,
et nos ovanti,
gradu festinemus.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoramus Dominum!

Adeste, fideles,
laeti triumphantes,
venite, venite in Bethlehem!
Natum videte,
Regem angelorum.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!

Venite, adoramus Dominum!

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris