Jesús del alma.
duerme y no llores,
mi dulce amor.
Duerme y no llores,
que esas tus lágrimas
parten el alma, de compasión.

Os anunciamos un gozo eterno
hoy ha nacido el Salvador
En un pesebre sobre pañales lo encontraréis. 
...

Si por mi lloras, Jesús amado,
por mis pecados e ingratitud,
que cese el llanto, que en adelante
yo nunca, ingrato, te haré llorar.

Tus lagrimitas, perlas del cielo
son mi tesoro, prendas de amor,
mas calma el llanto Jesús del alma,
de lo contrario me harás llorar.

Cierre tus ojos tranquilo sueño;
duerme, mi cielo, duerme mi amor.
Con mis cantares y mis amores
tu sueño, oh Niño, arrullaré.

Pues que me buscas, pues que me amas,
ven, Jesús mío; ven Niño, ven.
Será tu cuna nido de amores
este pesebre del corazón.
Ya duerme el Niño plácido sueño
en esa cuna del corazón.
¡Oh dicha! ¡Oh gozo! ¡Qué paz, qué calma
derrama el Niño donde Él esta!

Sea, pues, mi pecho tu blanda cuna
y te caliente mi pobre amor;
ya no despiertes, sigue durmiendo
y mientras duermes yo velaré.
Ya mis cantares no te harán ruido,
ya mis cantares van a callar;
mas mis amores en el silencio
siguen velando, ¡no callarán!

Dios hecho carne como los hombres,
viene a salvarnos con gran amor.
En alimento Jesús se queda
para nosotros en comunión 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris