Conocí a una linda morenita
Y la quise mucho
Por las tardes iba enamora
Y cariñoso a verla

Al contemplar sus ojos
Mi pasión crecía
Hay morena, morenita mía
No te olvidare

Hay un amor muy grande
Que existe entre los dos
Ilusiones blancas y rosas
Como una flor

Un cariño y un corazón
Que siente y que ama
Si no me olvidas
Siempre felices
Seremos los dos

Yo le dije que de ella
Tan solo estaba enamorado
Que mi amor es tan grande
Y tan grande que nunca se acaba

Cuando a solas pienso en ella
Mucho más le quiero
Hay morena, morenita mía
No me olvides no 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris