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Del sufrimiento he aprendido esto: que cualquiera que haya sido herida profundamente por el amor, nunca estará completa a menos que abrace ese mismo amor que la hirió ■ Matilde de Magdeburgo (1207-1282).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris