Salta de gozo, Sión,
Iglesia de Dios en Cristo:
sin carros y sin caballos
tu Rey monta en un pollino;
no habrá ballesta de guerra
ni ejército ni alarido,
que la paz de mar a mar
será el aceite de olivo.

Deseos del corazón
y visión a lo infinito,
Zacarías fue muy corto
cuando llegó a ser cumplido.
Jerusalén, que es mi Iglesia,
festeja a su Rey tranquilo:
manso y humilde y sencillo
y su yugo es parecido.

Venid a mí, atribulados,
está diciendo a los siglos;
no es mi poder la violencia
ni el orden establecido.
El Reino nuevo de Dios,
de corazones tejido,
es la familia divina
que el Hijo ha establecido.

Salta de gozo Sión,
abandona tu gemido,
paz de los pueblos serás,
madre de muchos nacidos.
Dios es hombre por ser Dios,
que de siempre así lo quiso,
y una familia pensó,
todos hijos en el Hijo.

Mi Ley es el Evangelio,
mi Yugo Lazo divino;
si yo soy manso y humilde,
suave y dulce es lo que pido.
Mi cruz regalo de amor,
mi escuela lo que he vivido,
la humildad, diadema y signo.

Salta de gozo, Sión,
Cristo en medio, Cristo vivo.
Cristo Jesús que te viste
Vida, Verdad y Camino.
Eres primicia real
del mundo que ya ha irrumpido,
y yo, que a ti me he llegado,
soy feliz, siendo contigo. Amén

P. Rufino Mª Grández, ofmcap,
Puebla, 1 julio 2011.


Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris