Cinco panes y dos peces,
corazón multiplicado:
que a todos Jesús ha amado
y a todos llegó con creces

Alzó los divinos ojos
donde el corazón tenía,
y el Padre que lo miraba
la súplica recogía:
lo que quería Jesús
su Padre igual lo quería
por la mano del Señor
el pan a todos cundía.

La gente se recostaba
en la hierba que nacía,
y Jesús que oraba al Padre
los cinco panes partía;
y luego a los doce apóstoles
él mismo los ofrecía,
que los dieran a millares
en aquella carestía.

Comieron y se saciaron
y hubo pan en demasía,
que Jesús mandó guardar
pues nada se perdería.
Con gozo estaban cansados
ya la hora atardecía,
y volvieron a su hogar
y nadie desfallecía.

Comensales cinco mil
cuentan que eran los que había
más las mujeres y niños
en feliz algarabía;
era fiesta celestial
el pan que se repartía;
la Providencia es Jesús
y se llama Eucaristía.

Así siento y así vivo
tu misa de cada día,
Jesús de la compasión,
amor que mi culpa expía.
Jesús, misterio pascual,
que trajo toda alegría:
¡Te adoramos, Dios bondad
Humanidad, vida mía! Amén

P. Rufino Mª Grández, ofmcap.

México D.F. (Tlalpan, Verbo Encarnado), 2011

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris