Alégrate, María, Virgen Madre,
de gracia ungida y llena de dolor;
la Cruz ha florecido para siempre:
¡resucitó el Señor!

La gloria del sepulcro la anunciaba
el casto vientre que él santificó,
¡oh Espíritu de luz y maravillas!:
¡resucitó el Señor!

Alégrate, María, la primera,
de nuevo en fe recibe el grande don,
y en ti se alegrará la santa Iglesia:
¡resucitó el Señor!

Oh Virgen humildísima y amable,
fue grande tu silencio cual tu amor;
exulta ahora, exulta con el Hijo:
¡resucitó el Señor!

Los hombres, buscadores de alegría,
a ti te llaman, abre el corazón;
anúncianos, oh Madre, tu secreto:
¡resucitó el Señor!

¡Jesús de Nazaret, victoria nuestra,
a ti el amor y toda bendición!
La Iglesia con María te repite:

¡resucitó el Señor! Amén  

R. M. Grández [letra] – F. Aizpurúa [música], Himnario de la Virgen María: Ciclo anual de celebraciones de la Virgen María. Curia provincial de Capuchinos, Burlada, 1989.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris