Que vengan más segadores,
con la hoz en su derecha,
pues tan grande es la cosecha,
que faltan cosechadores.

Pedid al Padre amoroso
lo que él solo puede dar:
que envíe a colaborar
en su campo generoso.

El Padre mismo ha lanzado
a raudales su bondad;
rogadle al Padre, rogad,
que es suyo lo que ha sembrado.

Que vengan más segadores,
con la hoz en su derecha,
pues tan grande es la cosecha,
que faltan cosechadores.

Un escuadrón de setenta
para setenta naciones;
la misión y las misiones
buscan mi alma sedienta.

Suena y resuena la hora
de volver por los caminos,
con nuevos bríos divinos
de fe evangelizadora.

Que vengan más segadores,
con la hoz en su derecha,
pues tan grande es la cosecha,
que faltan cosechadores.

Yo veía a Satanás
derribarse como un rayo,
vencido y hecho vasallo
y nunca ya mandamás.

Mas no es esa la alegría
a vosotros reservada;
mirad la noche estrellada,
en la que el Padre escribía.

Que vengan más segadores,
con la hoz en su derecha,
pues tan grande es la cosecha,
que faltan cosechadores.

Vosotros, intimidad
en el nido de su pecho,
que Él se ve muy satisfecho
de que seáis su heredad.

Gozad, llenos de ternura,
sintiendo que Dios es don,
y escrito en su corazón
yo soy divina escritura.

Que vengan más segadores,
con la hoz en su derecha,
pues tan grande es la cosecha,
que faltan cosechadores

P. Rufino Mª Grández, ofmcap,

Puebla de los Ángeles (México), 1 julio 2010

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris