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Orar es amar. Amar es abrirse a alguien, acogerlos permanecer interiormente con él; es estar vinculado a él vitalmente; es comunión en el pleno sentido de la palabra; es tener conciencia de no estar uno solo... Un misterio sublime que satisface los anhelos más íntimos del ser humano. Una humilde, simple y silenciosa presencia junto al Señor que nos seduce Pedro Finkler , Orar (Capítulo 11 de Buscad al Señor con alegría)

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris