VISUAL THEOLOGY



Pila bautismal de la Colegiata de San Bartolomé de Lieja (Bélgica) La Pila Bautismal por mucho tiempo fuera atribuida (para algunos erróneamente), al orfebre Renier de Huy. La pila bautismal fue encargada a principios del siglo XII (1107-1108) por el abad Hellin para la iglesia Notre-Dame-aux-Fonts (Iglesia de Nuestra Señora de la Fuente), hoy destruida, donde tradicionalmente se administraba el bautismo.  Entre 1107 y 1118 el diácono del Arco de Hellín, sacerdote de la Iglesia de Nuestra Señora, ordenó la construcción de una nueva pila bautismal, probablemente con la idea de atraer a más bautizados que la otra iglesia. La Iglesia de Nuestra Señora de la Fuente fue demolida por los revolucionarios franceses durante la ocupación de Lieja en 1793. La fuente, sin embargo, fue ocultada, aunque se perdió la tapa original. En 1804, durante el reinado de Napoleón, la fuente fue colocada en la Iglesia de San Bartolomé. Esta pila bautismal es el ejemplo más extraordinario a la hora de esculpir este tipo de monumentos de toda Europa. Combina la tradición bizantina con elementos romanos. Se podría decir incluso que es anterior al Renacimiento italiano, a causa de los bellos detalles tallados en la fuente. Para producir la pila bautismal se utilizó la técnica de la cera de fusión. La primera capa de cera se cubre de arcilla. Luego, las piedras calientes que se le aplican derriten la cera. El espacio vacío se llena con líquido amarillo de cobre que, después de enfriarse, se solidifica. El tema central de la fuente es, por supuesto, el Bautismo. Cinco escenas bautismales diferentes decoran la fuente: 1) el Bautismo de Cristo, 2) la predicación de San Juan Bautista, 3) el bautismo de los primeros apóstoles, 4) el bautismo del centurión romano Cornelio, y 5) el bautismo del filósofo griego Crato. Cada una de las escenas se identifica con inscripciones. La fuente está situada sobre cuatro piedras y 10 figuras de bueyes, que originalmente eran 12, y simbolizan a los 12 apóstoles. Árboles estilizados separan unas escenas de otras  


Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris