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Acepta que aún no eres santo, aunque comprendas que la única cosa por la que merece la pena vivir es la santidad. Entonces te sentirás satisfecho permitiendo que Dios te conduzca hacia la santidad por sendas que no puedes comprender. Caminarás en la oscuridad sin preocuparte por tí mismo ni compararte con otras personas. Quienes han avanzado por este camino han descubierto finalmente que la santidad está en todas las cosas y que Dios está siempre con ellos; despiertan de improviso y descubren que la alegría de Dios está en todas partes T. Merton 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris