Oh Dios de la esperanza y la ternura,
salud de toda herida,
cayado de Israel en su camino,
maestro al corazón de quien confía,
Tú eres salvación!

¡Oh Dios de nuestros padres desde siempre,
oh Padre, historia mía,
caliente hogar de toda criatura,
oh Dios, que por amor al Hijo envías,
Tú eres salvación!

¡Oh Dios de intimidad y de portentos,
presencia que ilumina,
tú eres la espesura de los hombres,
abrazo terminal de nuestros días,
Tú eres salvación!

Levántate, Sión de nuestra fe,
hermosa y bendecida,
en ti reside el Dios de Pacto y Paz;
¡oh Dios de pura gracia y acogida,
Tú eres salvación!

Al Padre Creador y al Hijo amado,
ascienda nuestra vida,
cual llama en las entrañas del Espíritu
amor de todo amor, y luz divina
de nuestra salvación. Amén
P. Rufino María Grández, ofmcap.


Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris