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Así como los pájaros tienen sus nidos en los árboles, para retirarse a ellos cuando tienen necesidad, y los ciervos sus escondrijos y sus defensas, donde se ocultan y se amparan y donde toman el fresco de la sombra en el verano, de la misma manera, Filotea, nuestros corazones han de escoger, cada día, algún lugar, en la cima del Calvario, en las llagas de Nuestro Señor o en cualquiera otro sitio cercano a Él, donde guarecernos en toda clase de ocasiones, donde rehacernos y recrearnos en medio de las ocupaciones exteriores, y para estar allí, como en una fortaleza, para defendernos contra las tentaciones. Bienaventurada el alma que podrá decir con verdad al Señor: Tú eres mi casa de refugio, mi firme defensa, mi techo contra la lluvia, mi sombra contra el calor S. Francisco de Sales, Introducción a la vida devota

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris