Jueves Santo 2012


Yo creo en la Eucaristía
como Misterio Pascual,
y en la Presencia real
con nosotros noche y día.

Doy gracias por esta fe,
que no es mi merecimiento;
es su don y es llamamiento,
que humilde yo seguiré.

Yo creo en Dios que es amor,
amor que es todo por mí;
mi vida se injerta en ti,
oh Cristo, mi Salvador.

El mandamiento primero
es amar sin condición,
con alma, vida y pasión,
a Dios vivo y verdadero.

Pero hay algo superior,
y es sentirme siempre amado;
que Dios se me ha enamorado
y su amor es vencedor.

Tú me amas y amarás:
mi respuesta es confiar;
que yo te podré dejar
pero tú nunca jamás.

Jueves Santo, Eucaristía:
el divino memorial,
que coronaba el final
de toda su travesía.

Cena de la Eucaristía,
su Cena de despedida,
es la alianza ofrecida
que Jesús establecía.

Toda su vida en la tierra
y la historia de Israel,
desde la sangre de Abel,
en esta oblación se encierra.

Al Padre nos ofreció,
y en el divino regazo
Dios daba al mundo su abrazo,
y todo lo perdonó.

Yo creo en la Eucaristía,
que es el perdón infinito
de todo humano delito
por el don que Cristo hacía.

La Eucaristía es banquete
de esta divina amistad,
banquete de caridad,
que la vida compromete.

Aquí Jesús se ha brindado
a todos sin excepción;
sólo pide un corazón
que confiese su pecado.

"Tomad, comed y bebed"
en la Cena así lo dijo;
me trataba como a hijo,
al hacerme tal merced.

La Eucaristía es su fiesta,
para un pueblo venturoso;
acudiré muy gustoso,
a la mesa por él puesta.

Cuando voy a comulgar,
comulgo a Jesús viviente,
su pasado y su presente
que están en este manjar.

Mil veces perdón te pido
por mis tibias comuniones;
teniendo el don de los dones
yo vivo tan distraído.

Mi deseo es acudir
al altar cada semana,
porque es la Pascua cristiana,
que nos llama a compartir.

Y si siento tu llamada
de venir todos los días,
Señor de mis alegrías,
mi respuesta ya está dada.

La Eucaristía es la fuente
de cuanto la Iglesia goza,
y, si el dolor nos destroza,
es el cielo aquí presente.

La Eucaristía es la cima
de cuanto la Iglesia alcanza;
es la suprema esperanza
que en su camino le anima.

Eucaristía adorada,
secreto de amor divino,
en ruta de peregrino,
eres luz de la alborada.

El más dulce sacramento,
que nos llena de dulzura,
que toca con su ternura,
que alumbra el conocimiento.

Permanente profecía,
del Espíritu la paz,
de Dios Padre intimidad,
sacrosanta Eucaristía.

En la hora de mi muerte
serás mi postrer deseo,
al Redentor en ti veo,
serás tú su abrazo fuerte. Amén
P. Rufino María Grández, ofmcap.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris