Tú fuiste mi pescador
en el mar de Galilea,
me llamaste a otra tarea,
que es la tuya, vencedor.
Si no me hubieras pescado,
con tu divina empatía,
pescador yo seguiría
entre la red y el mercado.

Pescador, conquistador,
porque el mundo es tu pasión,
el mundo es un corazón
con un eterno rumor.
Y por amor has venido
a casa de tus hermanos,
para hacernos ciudadanos
de un nuevo mundo surgido.

Yo me brindo a dialogar,
si Dios es motivo y tema:
Dios, la pasión que me quema,
Dios, mi razón de pensar.
Y Jesús, clavada flecha
en la historia de mi vida,
beso que se hizo comida
en la mesa del altar

Soy pescador, y mis redes
son mi vida derramada;
mi palabra enamorada,
que llega, amigos, a ustedes.
Hazme, Jesús, misionero
y profeta de tu amor;
te lo pide un trovador
que está diciendo: ¡Sí, quiero!

P. Rufino Mª Grández, ofmcap, Puebla, 17 enero 2011

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris