Sábado Santo


iPod classic gives you 160GB of storage capacity, good for up to 40,000 songs, 200 hours of video, 25,000 photos, or any combination. And you get up to 36 hours of battery life, so you can keep on rocking for a long, long time[1]. Es como Apple promociona su (maravilloso) iPod, y yo hoy me pregunto ¿para qué querremos tantas canciones a la vez? ¡Quizá nos bastara tener siquiera una en el corazón!...

Hoy es Sábado Santo. Día de silencio. De espera. De acallar las voces de fuera... y las de dentro, para que pueda sonar la nueva melodía que Dios está a punto de estrenar. Junto al cadáver del Señor Crucificado y muerto sólo esperan María, algunas mujeres, y Juan. El resto parece haber tirado la toalla. Es comprensible. El panorama era desolador… Hasta que Dios levanta su voz y hace justicia con el Crucificado. Su Vida y su Palabra se levantan como la nueva referencia, desde su lugar resucitado al lado de Dios. Ya no necesitamos 10.000 canciones, ni 1.000 agendas, ni planes de jubilación... ¿Para qué tantas cosas... si falta lo esencial? Quizá bastara con tener en el corazón la canción más bonita del mundo: la canción de la Vida: Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia[2]. Y la boca bien abierta para cantarla. Y la cabeza despierta para poner atención; y las manos libres, para emplearlas en lo que merece la pena: invertir en las cosas pequeñas, buscar la paz –renunciando a la omnipotencia y a la violencia-, trabajar con otros, vivir en honradez, orar desde la vida, agradecer cada cosa recibida... La herida de la vida no se cura llenándonos de cosas, sino viviendo como Él vivió. En agradecimiento por el propio ser, en apertura a la humanidad, en confianza con Dios. Alentando, a cada paso, las semillas de Vida que Dios va poniendo en el camino. Esa es la cuestión: ponerse en camino. No lo dejemos para pasado mañana. El sábado Santo puede ser un buen día. Con los discípulos de Emaús, que también ellos iban de regreso[3].

¿Quién dijo que todo está perdido? Deja que nos nazca el hombre que llevamos dentro. Y ofrezcamos el corazón. Todo está en nuestras manos... y en las de Dios, afortunadamente. En el camino de la Pascua, que es el camino de la Vida, hay un sitio para cada uno en el cual trabajar mientras nos encontramos con Él cara cara y para siempre ■

Solamente una palabra
solamente una oración
cuando llegue a tu presencia oh Señor
no me importa en que lugar
de la mesa me hagas sentar,
ó el color de mi corona
si la llego a ganar.

Solamente una palabra
si es que aun me queda voz
y si logro articularla en tu presencia;
no te quiero hacer preguntas
sólo una petición,
y si puede ser a solas mucho mejor.

Sólo déjame mirarte cara a cara
y perderme como un niño en tu mirada
y que pase mucho tiempo
y que nadie diga nada
porque estoy viendo al Maestro
cara a cara.

Que se ahogue mi recuerdo en Tu mirada
quiero amarte en el silencio y sin palabras
y que pase mucho tiempo
y que nadie diga nada
sólo déjame mirarte cara a cara.

Solamente una palabra
solamente una oración
cuando llegue a Tu presencia oh Señor
no me importa en qué lugar
de la mesa me hagas sentar
o el color de mi corona
si la llego a ganar
solo déjame mirarte cara a cara
aunque caiga derretido en Tu mirada
derrotado y desde el suelo
tembloroso y sin aliento
aun te seguiré mirando mi Maestro.
Cuando caiga ante tus plantas de rodillas
déjame llorar pegado a tus heridas
y que pase mucho tiempo
y que nadie me lo impida
que he esperado este momento
toda mi vida


[2] Cfr Jn 10, 10.
[3] Cfr Lc 24, 13-35. 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris