En el monte Sinaí
la luz anunciaba amor,
y en la vida del Señor
Dios ternura se hizo sí.

Yo no he venido a anular
lo que del cielo venía,
que cuando la zarza ardía,
ardía desde mi hogar.
Dios es uno, Dios es fiel,
Dios amor es santidad
y su infinita bondad
santifica el alma y piel.

En el monte Sinaí
la luz anunciaba amor,
y en la vida del Señor
Dios ternura se hizo sí.

No matarás; mas yo digo
que hasta el leve pensamiento
si lleva resentimiento
será reo de castigo.
Del amor Dios es medida,
y amor no tiene rebaja,
porque el amor es la alhaja
de la esposa embellecida.

En el monte Sinaí
la luz anunciaba amor,
y en la vida del Señor
Dios ternura se hizo sí.

No habrá en tu cuerpo adulterio,
que es el pecado carnal,
mas la raíz de este mal
toca el profundo misterio.
Y tus ojos adulteran
si peca tu corazón,
si los celos, la pasión
la paz del amor alteran.

En el monte Sinaí
la luz anunciaba amor,
y en la vida del Señor
Dios ternura se hizo sí.

Mi Jesús, mi perfección,
que otra mayor no deseo;
a tu dulce pastoreo
consagro mi comunión.
Mi Jesús, mi santo monte:
tú entiendes más que entender,
mi gozo y mi padecer,
porque tú eres mi horizonte. Amén ■ 

P. Rufino Grández, ofmcap.
Puebla, Santo Tomás de Aquino 2011

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris