Del cielo ha bajado
la Madre de Dios;
cantemos el Ave
a su Concepción.
Ave Ave Ave
Ave Ave Ave .
De luz rodeada,
de claro esplendor,
la Reina del cielo
así apareció.
Un traje vestía
de blanco color,
y el talle ajustaba
azul ceñidor.
Sus pies virginales
desnudos dejó,
y en ellos dos rosas
de eterno fulgor.
-Yo soy la hermosura
que a Dios cautivó,
yo soy toda pura
en mi concepción.
Son siempre los niños
imán de su amor;
a humilde pastora
su gloria mostró.
La Virgen María
sonríe de amor
cuando oye a sus hijos
tan grata canción ■

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris