Llevo escrito tu nombre en lo más hondo
grabado por Amor a sangre y fuego,
no lo puedo olvidar, y aun si lo escondo,
se abre camino en mi, vence mi ego.

Lo empañan mis flaquezas, mis apegos.
Parece sepultado en el trasfondo,
pero siempre lo encuentro cuando ahondo,
como un viento sutil que arrecia luego.

Me invita a renacer purificado,
a librarme del yugo que ahora llevo
con la pesada carga del pecado.

Llevo escrito "Jesús resucitado".
Te busco una vez más, te hallo de nuevo,
y al invocar tu Nombre estoy salvado ■ Félix Mansilla y Arcos

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris