Te amo buen Jesús por que amo a Dios,
Pues solo en ti he hallado la llenura.
Del Padre en tí me alegra la hermosura
Y solo en ti he encontrado tanto amor.

Te amo, mi señor, porque me has dado
El abrazo de amigo que yo antes
De nadie recibí, ni semejantes
De piedad y de amor que en ti, he gozado.

Porque ofreces la rosa que no espina,
Porque el alma me llenas de añoranza,
Porque otorgas tu vida y tu alianza,
Que a mi mal ponen bálsamo y sordina.

La mente iluminada se desnuda
Delante de tu luz deslumbradora
Y se embebe mi alma en lo que aflora
De tu aliento de amor, con fe y sin duda.

Y mitiga su sed en fresca fuente
Pastando alegre en tu apacible prado
Donde goza de amor pleno y sagrado
Y de nueva alborada libre y riente.

¡Quien pudiera gozarse en la alegría
De estar ya en tu presencia y a tu lado
Sin ansia, sin temor y sin cuidado
En tu reino de paz y de poesía! ■

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris