Dios, de quien separarse es morir,
a quien acercarse es resucitar,
con quien habitar es vivir.
Dios, de quien huir es caer,
a quien volver es levantarse,
en quien apoyarse es estar seguro
Dios, a quien olvidar es perecer,
a quien buscar es renacer,
a quien ver es poseer ■
San Agustín, Soliloquios 1,1,3
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Jan Van Scorel (1520) San Agustin y el niño de la playa,
Iglesia de San Esteban (Jerusalen).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris