II Domingo de Pascua

Un día como hoy hace ya cuatro años veíamos aparecer detrás de una cruz y grandes cortinajes a un hombre más bien bajito y de sonrisa tímida que saludaba con las dos manos al aire a las miles de personas que lo esperaban en la Plaza de San Pedro. ¿Nombre? Benedicto XVI, que se presentaba en aquel momento como un «humilde trabajador de la viña del Señor»[1].

A los pocos días de su elección como sucesor de San Pedro empezaron a correr los ríos de tinta sobre su persona. Rápidamente se le tildó —entre otras acusaciones— de nazi, de intransigente, de reprimir a los teólogos de la liberación.

El primero de los mitos sobre el Papa es la acusación de que en su juventud militó con los nazis. ¿Qué hay de verdadero en esto? La respuesta la encontramos el libro publicado por Joseph Ratzinger en 1997, titulado Mi vida. Recuerdos (1927-1977)[2]. Ahí cuenta que en 1943 cuando él tenía 16 años y era ya seminarista, el gobierno de Hitler realizó un retén, y así le tocó ingresar al ejército alemán.

[Y] Cuenta que en vista de la creciente carencia de militares, los hombres del régimen idearon que los estudiantes utilizaran su tiempo libre en servicio de defensa antiaérea. «Así, el pequeño grupo de seminarista de mi clase —los nacidos entre 1926 y 1927— fue llamado a los servicios antiaéreos de Munich. Habitábamos en barracones como los soldados regulares, que eran obviamente una minoría, usábamos los mismo uniformes y, en lo esencial, debíamos llevar a cabo los mismos servicios, con la sola diferencia que a nosotros se nos permitía asistir a un número reducido de clases»[3].

El Papa cuenta que una noche, ya muy tarde, pusieron a su pelotón en formación. Entonces, dice el relato «un oficial de la SS nos llamó uno a uno fuera de la fila y trató de inducirnos como “voluntarios” en el ejército de la SS[4], aprovechándose de nuestro cansancio y comprometiéndonos delante del grupo reunido»[5].

Cuando llegó su turno, el joven Ratzinger se negó. «Junto con algunos otros, yo tuve la fortuna de decir que tenía la intención de ser sacerdote católico». La reacción de los oficiales de la SS fue inmediata: «fuimos cubiertos de escarnio e insultos, pero aquellas humillaciones nos supieron a gloria»[6].

Así, lejos de ser un miembro del partido nazi, Joseph Ratzinger fue víctima del nazismo. Y nos ha dejado constancia de su clara oposición a formar parte de ese sistema.

Muchos años más tarde, en 1982, el Cardenal Ratzinger tomó posesión del cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, un organismo de la Santa Sede encargado de cuidar la ortodoxia de la fe católica.

Era un cargo por demás célebre: se trataba de la antigua Inquisición, es decir, del famosísimo Santo Oficio[7] sobre el que también han corrido ríos de tinta y miles de calumnias.
Naturalmente la sombra de la sospecha volvió a caer sobre el entonces Cardenal. Sin embargo ¿en realidad Ratzinger fue un intolerante durante su gestión como Prefecto? Todo lo contrario. Su espíritu sencillo y abierto queda reflejado en el trabajo que durante muchos años hizo en la Congregación, y que está recogido por escrito. Siempre estuvo abierto al diálogo y al servicio y a la comunicación[8].

Es necesario detenernos –y hoy que se cumplen cuatro años de su elección como sucesor de San Pedro es un buen momento- y conocer la verdadera personalidad del Papa.

Benedicto XVI es un hombre valiente que en su momento no cedió ante el nazismo; que como profesor invitó siempre a sus alumnos a la búsqueda de la verdad[9], y como sacerdote, arzobispo y cardenal trabajó al servicio de todos.

Un hombre de una enorme inteligencia, de un gran sentido de la fe y con un profundo sentido de pertenencia a la Iglesia[10].

Habemus Papam! escuchamos con emoción al cardenal Medina Estévez hoy hace cuatro años, y [gracias a Dios] desde entonces tenemos al timón de la barca de Pedro a un hombre de una gran humildad y sencillez; sencillez que se manifiesta en esa capacidad de escuchar a todos y en esa valentía para llamar a los errores por su nombre, sin desear quedar bien ante los hombres, sino sólo ante Dios.

Un hombre con un espléndido sentido del humor y que usa unos divertidos zapatos rojos[11]. El Papa viste de Prada? No, el Papa se viste de Jesucristo, y nos invita a todos los católicos a que hagamos lo mismo ■

[1] Esas palabras coincidieron perfectamente con el recuerdo que yo guardaba del entonces Cardenal Ratzinger, cuando tuve la oportunidad de saludarlo y conversar unos minutos con él, en enero de 1998, cuando celebró la santa Misa en el Seminario donde entonces estudiaba. Cfr www.ceibidasoa.org/B16/mywebalbum/index.html
[2] www.casadellibro.com/libro-mi-vida-recuerdos-1927-1977/2900001053191
[3] p. 43
[4] La Schutzstaffel (en castellano, 'escuadrón de defensa') SS en alfabeto latino, fue una organización militar y de seguridad del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) en Alemania.
[5] p. 46
[6] Ídem.
[7]El término Inquisición (latín: Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Officium) hace referencia a varias instituciones dedicadas a combatir la herejía dentro de la Iglesia Católica. La Inquisición medieval, de la que derivan todas las demás, fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, que en 1249, se implantó también en el reino de Aragón (fue la primera Inquisición estatal) y que en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, fue extendida a ésta con el nombre de Inquisición española (1478 - 1821), bajo control directo de la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extendió después a América; la Inquisición portuguesa (1536 - 1821) y la Inquisición romana (1542 - 1965).
[8] Cuando un autor es sometido a un proceso doctrinal ante la Congregación para la Doctrina de la fe, el interesado tiene derecho a dos abogados, uno de ellos se le asigna de oficio. El caso del famoso teólogo moralista Marciano Vidal, redentorista, es representativo de este nuevo modo de proceder de la Congregación. Después de un primer estudio del Diccionario de ética teológica, y de Moral de Actitudes, del P. Marciano Vidal, la Congregación, a causa de los errores y de las ambigüedades encontrados, decidió emprender un estudio más profundo de esas obras. El 13 de diciembre de 1997 se le envió al autor, a través del Superior General de su Congregación, el texto de la Contestatio, es decir el dictamen de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Autor envío una «Respuesta», redactada por él mismo y ayudado por el Consejero elegido por él, y acompañada por una carta de su Superior General. La Congregación recibió esa «Respuesta», el 4 de junio de 1998. La examinó, y la consideró insatisfactoria. Por eso, decidió ofrecer al autor una nueva posibilidad de clarificar su pensamiento sobre los puntos en examen (20 de enero de 1999). El nuevo texto de la Congregación, acompañado de una carta, se entregó al Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor (7 de junio de 1999). En esta reunión se comunicó el resultado del examen de la Respuesta, así como la decisión de la Congregación, de carácter excepcional, de volver a formular los puntos en discusión, con objeto de facilitar una respuesta más puntual y precisa. Se determinó que la respuesta del P. Vidal, redactada de forma personal, inequívoca y sucinta, debía llegar a la Congregación para la Doctrina de la Fe antes del próximo 30 de septiembre. Y esa respuesta llegó el 28 de septiembre. El texto de la segunda «Respuesta» fue sometido a examen. Y el 10 de noviembre de 1999 concluyó el proceso. Aunque Vidal manifestó su disposición para corregir las ambigüedades referentes a la procreación artificial heteróloga, al aborto terapéutico y eugenésico y a las leyes sobre el aborto, este teólogo no proponía modificaciones concretas y sustanciales a las otras posiciones erróneas señaladas por la Congregación. Y por eso, el Dicasterio romano decidió enviarle una Notificación (amonestación oficial). El 2 de junio de 2000 se le comunicó formalmente la Notificación al P. Vidal, y después de un sereno diálogo, este Autor aceptó el juicio doctrinal formulado por la Congregación, y se comprometió formalmente a reelaborar sus escritos, según los criterios establecidos. Casi tres años de diálogo. Se llegó a un acuerdo. Nada de torturas, ni de hogueras. ¿Dónde está el Inquisidor? ¿Dónde está el intransigente?
[9] Como joven profesor de teología, abría a sus alumnos a pensadores en aquel momento considerados avanzados, y que en aquella época incluso tuvieron problemas con la Jerarquía católica, como Yves Congar o Henri de Lubac, además de a los grandes autores protestantes como Karl Barth, Oscar Cullmann o Dietrich Bonhoeffer. Ello le acarreó los recelos del catolicismo más conservador.
[10] Personalmente me parece interesante –y acertado- el comentario que hace Peggy Nonnan en la revista TIME de Abril del 2006: «Joseph Ratzinger—now Pope Benedict—this is the real him: the teacher, the thinker, the ponderer of deepest meanings. Benedict does not have the effortless theatricality and charisma of the young John Paul. But at his weekly audiences, Benedict, 79, has drawn larger crowds, and as John Allen of the National Catholic Reporter has noted, people came to "see" John Paul; they come to "hear" Benedict». El artículo –breve- completo puede encontrarse en: www.time.com/time/magazine/article/0,9171,1186689,00.html
[11] CITTA’ DEL VATICANO - Il Papa veste Prada? Solo una diceria, il Pontefice veste Cristo, parola dell'Osservatore romano. Per il quotidiano della Santa Sede, infatti, se e' vero che Benedetto XVI e' uomo attento al vestiario, tuttavia non lo e' secondo i canoni della frivolezza e della banalizzazione contemporanea ma in base a una precisa visione liturgica. L'Osservatore romano ricorda come i mass media si fossero concentrati sul copricapo rosso del Pontefice detto camauro, mentre la rivista Esquire ''nel suo annuale riconoscimento ai personaggi che incarnano l'epitome dell'eleganza'', ha qualche tempo fa indicato Benedetto XVI come l'uomo che meglio sceglie i suoi accessori di abbigliamento. ''In quegli stessi giorni - afferma l'Osservatore - si e' diffusa la diceria che le scarpe di cuoio rosso che il Papa e' solito calzare erano disegnate da Prada, il celebre marchio milanese. Naturalmente l'attribuzione era falsa; la banalita' contemporanea non si e' nemmeno accorta che il colore rosso racchiude un nitido significato martiriale, cosi' come non ha neanche capito che queste voci erano incongruenti con l'uomo semplice e sobrio che, nel giorno della sua elezione al papato, ha mostrato ai fedeli accalcati in piazza San Pietro e a tutto il mondo le maniche di un modesto maglioncino nero''. La verita', dunque, e' un'altra: ''Nell'attenzione per la liturgia dobbiamo inquadrare l'importanza, visibile per qualsiasi persona non completamente stordita dalla frivolezza, che Benedetto XVI attribuisce ai paramenti e, in modo particolare, agli ornamenti liturgici''. ''Il Papa, insomma - conclude il servizio - non veste Prada, ma Cristo. E questa sua preoccupazione non riguarda l'accessorio, ma l'essenziale. Questo e' il significato degli ornamenti liturgici che Benedetto XVI si preoccupa di curare, per rendere piu' comprensibile agli uomini del nostro tempo la realta' piu' vera della liturgia''.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris