So he took her by the hand, and the fever left her.

Here you see how fever loosens its grip on a person whose hand is held by Christ’s; no sickness can stand its ground in the face of the very source of health. Where the Lord of life has entered, there is no room for death ■Peter Chrysologus, Sermon 18: PL 52, 246-49

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris