Solemnidad de Santa Maria, Madre de Dios

La liturgia de hoy contempla, como en un mosaico, varios hechos y realidades mesiánicas, pero la atención se concentra de modo especial en María, Madre de Dios[1].

Ocho días después del nacimiento de Jesús recordamos a su Madre, la Theotókos[2], la Madre del Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos[3]. La liturgia medita hoy en el Verbo hecho hombre y repite que nació de la Virgen. Reflexiona sobre la circuncisión de Jesús como rito de pertenencia a la comunidad, y contempla a Dios que dio a su Hijo unigénito como cabeza del pueblo nuevo por medio de María. Recuerda el nombre que dio al Mesías y lo escucha pronunciado con tierna dulzura por su Madre. Invoca para el mundo la paz, la paz de Cristo, y lo hace a través de María, mediadora y cooperadora de Cristo[4]. [5]

San Cirilo de Alejandría, personaje lleno de contrastes[6] y al mismo tiempo ejemplo de un profundo amor por Jesucristo y de lealtad hacia la Iglesia, escribe un precioso texto sobre la Santísima Virgen que puede servirnos hoy que celebramos a Santa María como Madre de Dios.

«Salve, María, Madre de Dios, veneradísimo tesoro de todo el orbe, antorcha inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, sagrario de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, Virgen y Madre por quien se nos ha dado el llamado en los Evangelios bendito el que viene en nombre del Señor.

»Salve, tú que encerraste en tu seno virginal al que es inmenso e inabarcable. Tú, por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada. Tú, por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el mundo. Tú, por quien exulta el cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, huyen los demonios, por quien el diablo tentador fue arrojado del cielo, y la criatura, caída por el pecado, es elevada al cielo...

»¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como se merece a María, digna de toda alabanza? Es Virgen y Madre: ¡qué maravilla! Este milagro me llena de estupor. ¿Quién oyó jamás decir que al constructor de un templo se le prohíba entrar en él? ¿Quién podrá tachar de ignominia a quien toma a su propia esclava por Madre?

Nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne, hemos de tener temor de Dios y dar culto a la Santa Trinidad, hemos de celebrar con nuestros himnos a María, la siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su Hijo, el Esposo de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén»[7].

El Señor te bendiga y te proteja, (...). El Señor se fije en ti y te conceda la paz[8]. Esta es la fórmula de bendición que hemos escuchado en la primera lectura. Está tomada del libro de los Números; en ella se repite tres veces el nombre del Señor, para significar la intensidad y la fuerza de la bendición, cuya última palabra es paz.

El término bíblico shalom, que traducimos por paz, indica el conjunto de bienes en que consiste "la salvación" traída por Cristo, el Mesías anunciado por los profetas. Por eso los cristianos reconocemos en él al Príncipe de la paz. Se hizo hombre y nació en una cueva, en Belén, para traer su paz a los hombres de buena voluntad, a los que lo acogen con fe y amor.

Así, la paz es verdaderamente el don y el compromiso de la Navidad: un don, que es preciso acoger con humilde docilidad e invocar constantemente con oración confiada; y un compromiso que convierte a toda persona de buena voluntad en un "canal de paz".

Pidamos a María, Madre de Dios, que nos ayude a acoger a su Hijo y, en él, la verdadera paz. Pidámosle que ilumine nuestros ojos, para que sepamos reconocer el rostro de Cristo en el rostro de toda persona humana, corazón de la paz ■

[1] Homilía pronunciada el 1.I.2009, en la parroquia de St. Matthew, en San Antonio (Texas).
[2] Literalmente, la que dio a luz a Dios; la traducción castellana –a través del latín- sería Deípara.
[3] Antífona de entrada; cf. Sedulio.
[4] Cfr Lumen gentium, 60-61
[5] Cfr Homilía de Su Santidad Benedicto XVI en la Misa de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, XL Jornada Mundial de la paz 2007. El texto completo puede encontrarse en: www.vatican.edu/holy_father/benedict_xvi/homilies/2007/documents/hf_ben-xvi_hom_20070101_world-day-peace_sp.html
[6] A. Kerrigan, St. Cyril of Alexandria Interpreter of the Old Testament. AnBib 2 (Roma 1952); Évieux-Burns, SC 371 (Paris 1991) p. 11-22, 43-61 y 118.
[7] Hom. 15 de incanatione Verbi: EP 2058.
[8] Cfr Nm 6, 24. 26


Ilustración: Virgen gótica, Pórtico de la Catedral, León (España).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris