Morenez de morena hermosura,
No nevado candor de jazmín;
Sí amalgama, crisol que madura
Nuestra sed del Amor, mar sin fin.

Ella es reina, nosotros vasallos;
Ella es río, nosotros la sed;
Ella estrella, nosotros los rayos;
Ella nave, nosotros la red.

Sobre ell surco del llanto, sus ojos,
Sobre el hambre de Madre, su amor;
Sus dos manos, un viento de rezos,
En la noche de América, sol.

Cuando el valle se viste de sombras
Y el silencio es la voz del hogar,
Te loamos, Señor, que te nombras
El Amor no agotado de amar. Amén ■

de las Vísperas del Oficio de Nuestra Señora de Guadalupe, de la Liturgia de las Horas.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris