XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

En la era del facebook y del iphone y los itunes, de las televisiones de plasma y de los periódicos digitales. En un mundo en el que aquello que no está en la red prácticamente no existe (¡y Dios SÍ está en la red! ¿eh?) viene bien hacernos una pregunta: ¿qué estamos haciendo con la Viña que Dios nos ha prestado, cómo estamos trabajando en ella?[1]

Humanos al fin, nos llaman la atención los Sacramentos, es decir, los signos visibles y tangibles de la gracia. Y está muy bien, pues dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos[2], desafortunadamente cuántas veces nos quedamos allí, en lo meramente exterior, no vamos más allá; o no sabemos de dónde vienen.

Es difícil vivir de la Fe. Sólo de la Fe. Uno puede admirar lo bonita que es la cinta que envuelve una paquete, pero imaginemos que estamos suspendidos en el abismo agarrados precisamente de esa cinta. La cosa cambia. Más que eso es la Fe. La Fe es creer cuando todo lo humano no sirve. Ni lo divino.

Ciertamente necesitamos tocar, ver, oler a Dios; lo divino, el misterio, sin embargo quedarnos en el cascarón, quedarnos con aquello que se nos da, es como dejar la viña más o menos abandonada, como sentarnos a esperar a que venga el propietario[3] para contarle que, bueno, sí, todo está muy bien, que los racimos que han crecido bien y las uvas son dulces, pero que poco nos ha interesado conocer todo lo que hay en la viña: la cerca, el lagar, y la torre para los vigilantes.

No podemos estar sentados viendo la vida pasar y desconociendo su historia y los detalles de las vidas de quienes han trabajado en la Viña antes que nosotros. Es bueno que hoy nos preguntemos qué tanto o con cuánta profundidad conocemos, por ejemplo, la historia de la Iglesia, la Iglesia que fue, es y seguirá siendo nuestra Madre y Maestra.

¿Por qué no darnos una buena zambullida en las obras de San Agustin o en las de los Padres de la Iglesia primitiva[4], en los escritos de San Juan de la Cruz[5] o en las homilías del Padre Cantalamesa?[6] Los textos no son tan complicados como pensamos. Por poner tres ejemplos concretos.

¿Por qué no dedicarle tiempo y esfuerzo a libros –por mencionar otro autor concreto- como El genio del cristianismo, de Chateaubriand[7]? Obra que habla maravillosamente sobre la belleza de las creencias cristianas, de la estética cristiana, de la liturgia, con la finalidad de hacer ver que «la religión cristiana es la más poética, la más humanitaria, la más favorable a la libertad, a las artes y a las letras; que el mundo moderno le es deudor en todo, desde la agricultura a las ciencias abstractas, desde los hospicios fundados para los desvalidos hasta los templos edificados por Miguel Ángel y decorados por Rafael»[8].

Por qué no seguirle la pista con más interés al Papa[9] o dedicarle un poquito más de tiempo a la música sacra[10] o más atención a los símbolos litúrgicos y preguntarnos por su sentido y su historia, ¡Con qué frecuencia olvidamos que la relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza!

La liturgia está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión. Y no nos damos cuenta. En Jesús, como solía decir san Buenaventura[11], contemplamos la belleza y el fulgor de los orígenes. La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra[12].

Y como sobre la tierra estamos y de las cosas de la tierra nos valemos para entender las del cielo, pidamos al Espíritu de Dios en ésta celebración que nos ayude a poner más atención a lo que pasa a nuestro alrededor; que saquemos un momento a lo largo del fin de semana o del día de descanso o de las vacaciones para leer, para conocer aquella bien la Viña en la que estamos trabajando. Que tengamos palabras amables y una sonrisa para quienes llegan al caer la tarde[13].

Y que el Dueño de la Viña esté contento con lo que hacemos, que nos vea interesados en el trabajo y en la vendimia, con una actitud de reverente y silencioso respeto ante la belleza de Su presencia ■

[1] Homilía preparada para el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario.
[2] Cfr Catecismo de la Iglesia Católica n. 1210.
[3] Cfr Mt 21, 33-43.
[4] http://www.primeroscristianos.com/padres_iglesia.html
[5] http://www.statveritas.com.ar/Libros/Libros-INDICE.htm
[6] http://www.cantalamessa.org/index.htm
[7] François-René, vizconde de Chateaubriand (Saint-Malo, Bretaña, 4 de septiembre de 1768 - París, 4 de julio de 1848) fue un diplomático, político y escritor francés considerado el fundador del romanticismo en la literatura francesa.
[8] Chateaubriand pinta el gran fresco de la cultura con raíces cristianas y deja en el aire la pregunta: ¿cómo puede no ser verdad tanta belleza? Y lo más asombroso: lo dice con un estilo tan bello y perenne como una escultura de Miguel Ángel, un cuadro de Velázquez o una cantata de Bach. Él se contagió de todo lo grande que admiraba. No utilizó nunca el odio y el rencor, sino la amplitud de espíritu. Escribe en el siglo de la razón, y la utiliza, pero no se olvida de recordar que la razón “jamás han enjugado una lágrima”. Responde a todos los críticos del cristianismo: “si tratamos de pintar y de conmover, se nos piden axiomas y corolarios; y si procuramos razonar, se nos reclaman sentimientos e imágenes”.
[9] http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/index_sp.htm
[10] www.abadiadesilos.es/; www.christusrex.org/www2/cantgreg/cantos_selec_esp.html; http://interletras.com/canticum/
[11] San Buenaventura se formó en la Orden de los Frailes Menores e impartió enseñanzas en la Universidad de París, en la cual estudió. Aunque rechazó ser arzobispo de York, hubo de aceptar la diócesis de Albano. En 1274 fue nombrado legado pontificio al concilio de Lyon. Fue un participante activo en los concilios de la época y destacó en los ataques a las herejías y en las críticas a los cismáticos. Representa a la escuela franciscana que inspirándose en San Agustín se opone al aristotelismo de los dominicos, y sostiene que la filosofía y la razón no se encuentran en la base de la teología ni en la culminación del conocimiento de la divinidad, pero sí en el camino que conduce el alma hacia Dios. Hombre de gran espiritualidad, de entre sus obras destacan un estudio sobre Pedro Lombardo (Comentario sobre las sentencias de Pedro Lombardo) y el Itinerarium mentis in Deum (Itinerario del alma hacia Dios). La Iglesia celebra su fiesta el 14 de julio.
[12] Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, n. 35
[13] Cfr Mt 20, 1-16.

La ilustración forma parte de the brick testament, una iniciativa de un norteamericano con la finalidad de ilustrar, mediante legos, pasajes de la Sagrada Escritura. Se puede encontrar más información en: www.thebricktestament.com/

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris