Requiem æternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis.
Te decet hymnus Deus, in Sion,
et tibi reddetur votum in Ierusalem.
Exaudi orationem meam;
ad te omnis caro veniet.
Requiem æternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis ■

Eternal rest grant unto them, O Lord,
and let perpetual light shine upon them.
A hymn becomes you, O God, in Zion,
and to you shall a vow be repaid in Jerusalem.
Hear my prayer; to you shall all flesh come.
Eternal rest grant unto them, O Lord,
and let perpetual light shine upon them ■

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris